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Edmundo Barbero y el Teatro de Bellas Artes: 70 años

“Desde 1952 hasta 1956 Edmundo Barbero junto a otros artistas dinamizan el teatro salvadoreño construyendo un legado que perdura hasta hoy. Desde el Departamento de Teatro de Bellas Artes se impulsaron cambios que marcaron una época”.

Por David J. Rocha Cortez | Jul 04, 2022- 07:38

Enrique IV en el Teatro Nacional de San Salvador. Archivo familia Barbero Hérodier. 1952

En marzo de 1952, hace 70 años, llega a El Salvador Edmundo Barbero, actor y director de origen español. Trae consigo una pequeña maleta personal y algunos baúles con vestuario, utilería, fotos y recortes de periódicos de sus múltiples éxitos como artista de la escena. Llega después de un largo periplo de exilio debido a la guerra civil española, después de vivir en Santiago de Chile, Lima y Buenos Aires y cosechar éxitos rotundos en estas grandes capitales del cono sur; llega después de haber trabajado con grandes figuras de la escena madrileña de inicios del siglo XX y la diáspora: Gregorio Martínez Sierra y Catalina Bárcena, Rosario Pino, Margarita Xirgu, entre muchos otros. Barbero llega con su pequeña maleta personal y más de 30 años de carrera artística en teatro, cine y radio. En El Salvador le esperan 30 años de labor, hasta su muerte en 1982, y la formación de una familia junto a Julia Hérodier y sus hijos Claudia y Luis.

El contexto propicio

En diciembre de 1948, a través de un golpe de estado, llega al poder un grupo de militares autonombrados “Los Revolucionarios” que pretenden dar fin a la era de Hernández Martínez y enrumbar al país hacia otros caminos. La modernización era una de las ideas que sostuvieron a estos gobiernos también llamados cívico-militares. Esta idea posibilita que, durante el gobierno del coronel Óscar Osorio (1950-1956), se cree el Ministerio de Cultura (1950) que tuvo como primer director al diplomático e intelectual Reynaldo Galindo Pohl. 

El ministro Galindo Pohl, impulsa la creación de una serie de estrategias que promueven y democratizan el acceso al arte y la cultura. Una de las más significativas fue la institucionalización de las artes a través de la creación de la Dirección General de Bellas Artes que tuvo una sección de teatro. El primer encargado del Departamento de Teatro fue Darío Cossier, artista argentino radicado en el país, su gestión duró solamente un año.

Alejandro Casona y Rafael Alberti recomendaron al escritor salvadoreño Ricardo Trigueros de León que invitara a Edmundo Barbero a dirigir el Departamento de Teatro de Bellas Artes. Barbero recibe la invitación y llega a San Salvador en marzo de 1952. Si bien, él era republicano y tenía un claro sentido de la política y de una sociedad más igualitaria, el contexto salvadoreño le ofrecía las condiciones mínimas para seguir desarrollando su trabajo.

Crear un grupo y fundar una escuela

Una de las primeras tareas que realiza Barbero es organizar un Elenco Estable y una Escuela de Arte Escénico. Es meritorio decir que antes de la llegada de Barbero hubo una primera experiencia de formación teatral a cargo de Gerardo de Nieva, también originario de España. Esta escuela produjo un primer impulso en la formación de actrices y actores entre los años 30 y 40 del siglo pasado. También es importante decir que entre las décadas del 40 y el 50 el gremio teatral salvadoreño era reducido. Resaltan dos agrupaciones: Los amigos del Teatro y el Drama Group, ambos considerados como grupos de aficionados no por la calidad de sus obras sino porque los artistas de sus elencos no vivían del teatro.

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¿Cuál sería entonces la importancia de las dos primeras grandes tareas de Barbero? imprimir una dinámica profesionalizante y sentar las bases para construir un movimiento nutrido. La Escuela de Arte Escénico se encargaba de formar adolescentes, jóvenes y adultos interesados en el arte teatral y, a su vez, nutrir de nuevos talentos al Elenco Estable, compuesto por actores y actrices de trayectoria. Los estudiantes tenían cuatro años de formación en horarios nocturnos. Cada año se desarrollaban distintas asignaturas que incluían historia del teatro y del arte, literatura, arte escénico, psicología del personaje entre otras disciplinas que ayudaban a la formación integral del alumnado. Al finalizar cada año se llevaban a escena distintas obras seleccionadas por el director. Además, los estudiantes participaban de las obras del Elenco Estable en papeles secundarios. 

El gran teatro del mundo en el atrio de la Iglesia El Rosario, San Salvador. Archivo Familia Barbero Hérodier. 1953

El Elenco Estable se desarrolló a partir del trabajo articulado con artistas locales de trayectoria y con otros jóvenes que empezaban su trabajo. Muchos nombres asoman en los espectáculos, entre ellos se pueden observar figuras cimeras del teatro salvadoreño del siglo XX. Entre ellos destacan Julia Hérodier (primera actriz), Gilda Lewin, Antonio Lemus Simun, Ricardo Loucel, Adelina de Gumero, entre muchos otros artistas que desarrollaron un trabajo sostenido entre 1952 y 1956. También este elenco nutrió el mundo del radio teatro de los años 50. Es importante decir que el arte de la interpretación de este elenco exploraba las técnicas clásicas del buen decir, del texto, de la belleza gestual e incluían por primera vez en el teatro local las ideas de la psicología del personaje. Ojo, al referirme a clásico no aludo a la idea errónea de lo acartonado, rancio, obsoleto sino a la posibilidad de conocer un canon relacionado a las formas tradicionales del arte teatral occidental. Al observar las fotografías de los espectáculos salta a la vista la importancia del diseño de la coreografía sobre espacios escénicos reducidos y la importancia del gesto facial. Los actores dirigidos por Barbero empiezan a dar un giro modernizante al arte de la actuación en El Salvador, y con modernidad nos referimos a las tendencias de la primera mitad del siglo XX. Barbero capitaliza el talento local desarrollado previamente a su llegada y logra darle un impulso que produce la construcción de un repertorio, la creación paulatina de un público y el posicionamiento del arte teatral como hecho escénico tanto en las esferas intelectuales como en el público general. Un trabajo arduo.

El repertorio del Departamento de Teatro de Bellas Artes

Otro de los aportes fundamentales de Edmundo Barbero al panorama del teatro salvadoreño de los años 50, fue poner en escena una serie de obras que pertenecían a diversos géneros, estéticas y tendencias del teatro occidental. Desde 1952 hasta 1956, en el repertorio del Elenco Estable y de la Escuela de Arte Escénico se cuentan más de 30 estrenos que van desde los autores clásicos, pasando por los vanguardistas y visibilizando a los autores nacionales. Asoman nombres como Calderón de la Barca, Cervantes, Lope de Rueda, Moliere, Pirandello, Sartre, Bernard Shaw, Gogol, Priestley y Lorca, entre otros. Esto evidencia diversos caminos que parten desde la dramaturgia como soporte de la escena y que abren la producción del teatro salvadoreño a nuevos caminos que exploran la modernidad occidental. Este repertorio no sólo permitió que el público pudiera observar otras posibilidades teatrales, sino que abrió la puerta para que emergiera una generación de dramaturgos nacionales que producen un giro estético en la escritura dramática salvadoreña de entre 1950 y 1970, entre ellos destacan: Walter Béneke, José Roberto Cea, Matilde Elena López, Waldo Chávez Velasco, entre muchos otros. 

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Del repertorio del teatro de Bellas Artes quisiera destacar, al menos, los estrenos de A puerta cerrada de Jean Paul Sartre en 1952 que, dado los temas existencialistas Sartreanos, desató una polémica en la intelectualidad conservadora del país que duró varias semanas en los periódicos más importantes, esto propició que el teatro producido en El Salvador tuviera un eco comunicacional amplio; por su parte,  El gran teatro del mundo, de Pedro Calderón de la Barca, en 1953 produjo que las puestas en escena de Bellas Artes se representaran en espacios al aire libre con un público masivo, si bien es cierto que muchas veces en los teatros la afluencia de espectadores era mínima, la representación de este auto sacramental fue un gran logro de público teniendo hasta 4,000 espectadores en una función, también fue la primera vez que una puesta en escena se transmitía en vivo a través de la radio. Algo similar sucedió después con el montaje de El alcalde de Zalamea.

Julia Hérodier y Edmundo Barbero en Los intereses creados.
Archivo familia Barbero Hérodier. 1954

Dentro de los montajes destaca el diseño escenográfico de Camilo Minero, que en ese entonces era un joven pintor prometedor. La construcción de una visualidad en consonancia con las puestas en escenas, que aporta belleza, funcionalidad y sentido será otro de los aportes del teatro de Bellas Artes al teatro salvadoreño. Trabajar con un artista plástico permanentemente dio la posibilidad de construir una propuesta visual.

Salida y legado…

En 1956 Edmundo Barbero es destituido de su cargo como director del Departamento de Teatro de Bellas Artes, esto se da a partir de problemas y conflictos internos por pugnas de poder a lo interno de la Dirección General de Bellas Artes. Este hecho fue muy polémico dado al trabajo evidenciable del maestro Barbero que en tan solo cuatro años logró poner sobre el escenario público un teatro de calidad. Nuevamente, el maestro de origen español sale al exilio ya que sus papeles migratorios no son renovados. Sin embargo, volvería unos años después para encargarse de la dirección del Teatro Universitario de la UES. Otra época se abriría en la historia del teatro salvadoreño y en la carrera de Barbero. 

Desde 1952 hasta 1956 Edmundo Barbero junto a otros artistas dinamizan el teatro salvadoreño construyendo un legado que perdura hasta hoy. Desde el Departamento de Teatro de Bellas Artes se impulsaron cambios que marcaron una época. Aunque, es meritorio decirlo, el desarrollo fue truncado dada la mezquindad de otros funcionarios. No obstante, el teatro salvadoreño le debe mucho al maestro Barbero que llegó al país hace setenta años, cargando consigo baúles con ropa, vestuario y recortes de periódicos, cargando con una experiencia teatral que encontró un espacio fecundo que permitió introducir la modernidad occidental en la escena salvadoreña.

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