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Andrea y Recoletta: mejoran la vida a través de la equinoterapia

Andrea Dwek creó la iniciativa @soulride.sv, la cual busca mejorar la salud de las personas, de cualquier edad, con la ayuda de su yegua.

Por Yessica Hompanera | Jun 18, 2023- 19:39

“La terapia es todo: el ambiente natural, los pájaros... Cuando se va montado y uno siente todo eso, el paciente está súper estimulado y eso ayuda", dice Andrea. Foto EDH/ Yessica Hompanera

La terapeuta salvadoreña Andrea Dwek y su yegua Recoletta encontraron la forma de ayudar a las personas que sufren diversas enfermedades, esto a través de la equinoterapia holística, un método que brinda una mejor calidad de vida y da esperanza a las familias de los pacientes, quienes los acompañan durante todo el proceso.

Cepillar el pelaje, cabalgar, platicar y recostarse sobre el lomo de Recoletta son algunos de los ejercicios terapéuticos que se realizan en las sesiones, las cuales son protagonizadas por niños, niñas y adolescentes con diagnósticos relacionados al autismo, parálisis cerebral, depresión, entre otros.

Rolando Bonilla, cuidador de los equinos, apoya a Andrea en las sesiones. Este equipo es parte del progreso de todos los pacientes que llegan a este lugar. Foto EDH/ Yessica Hompanera

La yegua se caracteriza por ser muy dócil, amable y muy amorosa con todos los que llegan. Además, la paciencia es una de sus mayores virtudes a la hora de llevar a un pequeño en su suave y brillante lomo.

El caso de Grecia

Grecia Avelar Quezada, de 15 años de edad, fue diagnosticada con autismo y se convirtió en una de las pacientes de Andrea y Recoletta.

Los cambios que se observan en ella, desde que llegó a las terapias, son evidentes, aseguró con alegría su mamá mientras la observa desde la barda del picadero.

Uno de los primeros ejercicios que Andrea realiza con sus pacientes es un saludo a Recoletta. La yegua se mantiene quieta y tranquila. Foto EDH/ Yessica Hompanera

“Andrea me dijo que mi pequeña tenía mucho que dar. Desde que comencé con ella los cambios han sido impresionante, socializa más, se comunica y hasta para caminar. Esto generó que ella fuera más independiente”, explicó.

Dwek utiliza el método de la doma natural, es decir que el caballo o la yegua no utiliza frenos (colocados dentro de la boca del animal), por ejemplo. Esto posibilita que se sientan más cómodos y en libertad.

Foto EDH/ Yessica Hompanera

“Solamente (se usa) las piernas, talones, manos, la postura y los sonidos que uno pueda hacer para dirigir o que necesita que haga”, detalló la experta.

Para comenzar con las terapias Andrea explicó que se realiza una evaluación de diversas competencias, como las lingüísticas, socioemocionales, motricidad y creatividad. A partir de esto, los pacientes se trazan metas a largo y corto plazo que se evidencian con el tiempo.

Rolando Bonilla, cuidador de los equinos, apoya a Andrea en las sesiones. Foto EDH/ Yessica Hompanera

“La terapia es todo: el ambiente natural, los pájaros… Cuando se va montado y uno siente todo eso, el paciente está súper estimulado y eso ayuda. En pacientes autistas, por ejemplo, a ponerlos en el aquí y ahora. El caballo que va libre, sin tanta soga, también va conectado con su energía natural”, dijo la terapeuta.

La inspiración

Andrea y Recoletta se conocieron durante un campo de entrenamiento en Lourdes, Colón, La Libertad.

Desde entonces se formó un fuerte lazo entre ambas y el encontrarse ese día no fue ninguna casualidad.

Foto EDH/ Yessica Hompanera

Dos meses después, ella realizó la compra para que la yegua fuera parte de su equipo. Ahora son inseparables.

“Fue una reacción inmediata que tuve con ella y me encantó. Estaba pasando el momento más difícil de toda mi vida. Necesitaba algo de paz y la encontré a ella. Sin ella no sé si hubiese salido de esta situación (…) La Reco me curó”, dijo.

La experiencia revitalizante que pasó le sirvió como una especie de inspiración para ayudar a otras personas que, como ella, podrían estar llevando situaciones difíciles.

La salvadoreña es jinete desde los cinco años, pero no fue hasta los 11 cuando tuvo a su primer equino. Foto EDH/ Yessica Hompanera

“Yo experimenté de primera mano el poder sanador de los caballos. Si me ayudó a mi, a cuántas más personas puede ayudar”, aseguró. La salvadoreña es jinete desde los cinco años, pero no fue hasta los 11 cuando tuvo a su primer equino.

“Me dediqué al adiestramiento, base de todas las disciplinas ecuestre”, comentó.

También cuenta con una especialización en el Instituto Latinoamericano de Terapias y Aprendizaje con Caballos (Ilatac), donde se categorizó en el programa Empoderamiento con Caballos, una herramienta en psicología y la doma natural.

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