¿Por qué el video vertical conquistó nuestros teléfonos celulares?
El formato 9:16 parece desafiar una lógica que durante décadas favoreció al cine, la tv... pero cuando el dispositivo es un teléfono, la ecuación cambia
La psicología conoce desde hace tiempo una tendencia humana a evitar esfuerzos innecesarios cuando dos opciones ofrecen una recompensa similar. Estudios experimentales muestran que el esfuerzo cognitivo funciona como un costo dentro de nuestras decisiones y que las personas suelen preferir alternativas menos demandantes.
Eso no convierte a alguien en “perezoso”. Es un mecanismo normal de economía de esfuerzo que aparece en muchas actividades cotidianas y que puede explicar por qué una pequeña acción, como girar físicamente el teléfono, adquiere importancia cuando se repite decenas de veces.
Una investigación de la Universidad de Gante comparó publicidad vertical y horizontal en teléfonos mediante tres estudios. En uno de los experimentos, los participantes percibieron que ver el video vertical a pantalla completa requería menos esfuerzo y que su contenido resultaba más fácil de procesar y comprender.
El mecanismo era sorprendentemente sencillo: para mirar horizontalmente a pantalla completa tenían que girar el celular; para el vertical, no. Esa pequeña fricción fue suficiente para modificar la llamada fluidez de procesamiento, es decir, la facilidad subjetiva con la que nuestro cerebro siente que está recibiendo información.
El estudio también realizó una prueba real en Facebook con 2,377 usuarios únicos. El anuncio vertical consiguió mejores tasas de reproducción completa, visualización en distintos momentos del video y participación que la versión horizontal, aunque los autores advirtieron que aquello estudiaba publicidad móvil y no permite afirmar que el vertical sea superior para cualquier clase de video.
Incluso la edad modificó los resultados. Los participantes más jóvenes tendieron a sentir menos esfuerzo con el vertical, mientras que entre participantes mayores esa ventaja desaparecía e incluso podía invertirse, algo que los investigadores relacionaron con diferentes niveles de familiaridad con el consumo móvil.
Por eso resulta más apropiado hablar de aprendizaje y hábito tecnológico que de pereza. Alguien que ha pasado años navegando, escribiendo y desplazándose con el pulgar sobre una pantalla vertical aprende que esa posición es el estado normal del aparato.

El vertical llena mejor el teléfono, pero no necesariamente muestra mejor el mundo
Aquí sí existe un sacrificio, aunque no exactamente entre “comodidad” e “información”.
Un 9:16 aprovecha prácticamente toda la superficie cuando el teléfono permanece de pie. Un 16:9 puede aprovecharla igualmente si giramos el aparato, pero si insistimos en mantenerlo vertical aparecerá reducido y desaprovechará gran parte de la pantalla.
Eso explica por qué el vertical resulta especialmente eficaz para un rostro, una persona de cuerpo entero, un producto o cualquier elemento central. La imagen puede hacerlo grande y eliminar buena parte de aquello que compite alrededor por nuestra atención.
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Pero el formato horizontal posee ventajas reales para otro tipo de información. El campo visual humano se extiende más lateralmente que verticalmente, y la percepción presenta incluso un mejor rendimiento en diversos estímulos sobre el eje horizontal; eso ayuda a entender por qué los formatos anchos se adaptan naturalmente a escenas extensas, aunque no demuestra por sí solo una preferencia psicológica por el 16:9.
Un partido de fútbol es un buen ejemplo. Una toma horizontal puede incluir al poseedor de la pelota, compañeros, rivales y espacios disponibles simultáneamente; recortarla agresivamente a 9:16 puede conservar al protagonista, pero eliminar información táctica que sucede a sus lados.
La Universidad de Hamburgo, en sus recomendaciones académicas para producir videos educativos con teléfonos, continúa aconsejando el formato horizontal cuando es necesario mostrar simultáneamente al expositor y una pizarra o material gráfico. Lo considera más funcional para ese tipo de contenidos y para pantallas tradicionalmente panorámicas.
Desde Italia, un trabajo académico de la Universidad de Bolonia identifica justamente las dos caras del fenómeno: el vertical se desarrolló por el uso masivo del smartphone y permite acceder inmediatamente al video sin interrumpir la atención para girar el teléfono, pero no todo contenido nacido horizontalmente funciona correctamente al trasladarlo a vertical.
Por tanto, tampoco puede decirse que 9:16 proporcione objetivamente una experiencia más inmersiva. Un experimento de investigadores de Würzburg presentó el mismo fragmento cinematográfico en vertical y horizontal y no encontró una diferencia estadísticamente significativa en la inmersión percibida entre ambos grupos.
La conclusión resulta bastante menos extrema que el debate de redes sociales: el vertical no es mejor y el horizontal tampoco lo es siempre. Cada formato organiza de manera distinta la información visual.

El verdadero cambio psicológico está también en el “scroll”
Existe además una confusión frecuente: atribuir al formato vertical consecuencias que en realidad corresponden al video corto y al diseño de las plataformas.
TikTok, Reels y Shorts combinan varias características simultáneamente: pantalla vertical, piezas breves, reproducción inmediata, desplazamiento continuo, novedades constantes y algoritmos capaces de cambiar de tema prácticamente con cada movimiento del dedo.
Un experimento presentado en CHI por investigadores de la Universidad Ludwig-Maximilians de Múnich encontró que utilizar TikTok durante una tarea de memoria prospectiva perjudicaba posteriormente la capacidad de recordar y ejecutar una intención. Los autores atribuyeron el efecto a la combinación de videos breves y rápidos cambios de contexto, no a que la pantalla estuviera en posición vertical.
Otro estudio con electroencefalografía encontró una relación entre mayor tendencia a la adicción a videos cortos móviles, menor autocontrol y cambios en indicadores vinculados al control ejecutivo de la atención. De nuevo, el objeto de estudio era el consumo problemático de videos cortos, no la relación geométrica 9:16.
Esto es fundamental porque ver durante una hora un documental vertical no equivale psicológicamente a deslizar 200 videos de 15 segundos. Del mismo modo, un largometraje horizontal visto mientras se cambia constantemente de aplicación tampoco adquiere automáticamente las ventajas cognitivas que solemos asociar al cine tradicional.
La investigación francesa sobre interacción con smartphones refuerza además que nuestra relación física con estos dispositivos depende de la tarea, la postura y el entorno. No existe una única posición universalmente más cómoda: cuerpo, manos, distancia hacia la pantalla y forma de interacción modifican la experiencia.
Otros trabajos franceses sobre aprendizaje audiovisual muestran cómo los jóvenes aprenden a crear contenido móvil reproduciendo formatos populares, tutoriales y prácticas de sus pares. Es decir, también existe un componente social: usamos vertical porque cada vez más plataformas, creadores y personas de nuestro entorno nos enseñaron que así se consume contenido móvil.
El éxito del 9:16, entonces, no demuestra una pérdida del sentido común. Demuestra que la imagen terminó adaptándose al objeto que llevamos en la mano, de la misma manera que durante décadas el cine y la televisión desarrollaron una gramática adecuada para pantallas colocadas horizontalmente.
Sí existe una renuncia cuando el vertical se utiliza para escenas que necesitan amplitud. Se pierde contexto lateral, puede dificultarse la representación de espacios complejos y una adaptación desde 16:9 puede incluso eliminar información importante si se limita a recortar la imagen.
Pero también existe una ganancia: pantalla llena sin modificar el agarre, protagonistas de mayor tamaño, interacción inmediata y continuidad con el movimiento vertical que domina buena parte de las interfaces móviles.
Por eso llamar “pereza” al fenómeno simplifica demasiado algo que resulta más interesante. El cerebro prefiere evitar fricciones pequeñas, la mano se acostumbra a determinadas posiciones y las plataformas construyen hábitos alrededor de ellas.
El 9:16 no venció porque nuestra vista haya dejado de apreciar el horizonte. Venció porque el teléfono cambió el lugar donde miramos videos y, poco a poco, el contenido terminó adoptando la forma de la pantalla que ya teníamos delante.

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