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Doc Martin, una serie sobre un médico que no podía curarse a sí mismo

Martin Ellingham era brillante como médico y desastroso relacionándose con los demás; una mirada a una serie sobre doctores muy distinta a las que viste

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Durante 18 años, Doc Martin hizo algo aparentemente sencillo y cada vez más difícil en televisión: regresar al mismo pequeño pueblo, conservar a buena parte de sus personajes y encontrar nuevas historias sin convertir a su protagonista en otra persona. Martin Ellingham era brillante como médico y desastroso relacionándose con los demás; Portwenn parecía demasiado hermoso para ser real y sus habitantes podían resultar deliciosamente absurdos. Detrás de aquella comedia amable, sin embargo, había enfermedades verdaderas, asesoría médica desde la primera temporada y una decisión consciente de no “curar” emocionalmente al doctor. La crítica británica alternó entre considerarla reconfortante y acusarla de repetitiva, azucarada y hasta condescendiente con Cornualles. Pero sobrevivió diez temporadas porque precisamente nunca pretendió ser otra cosa

Doc Martin apareció en ITV en 2004 y terminó el 25 de diciembre de 2022, después de diez temporadas y un especial navideño. Visit Cornwall contabiliza 78 episodios y recuerda que durante buena parte de su recorrido la serie promedió más de ocho millones de espectadores.

Su premisa contenía desde el principio una contradicción magnífica. Martin Ellingham había sido un prestigioso cirujano londinense, pero desarrolló hemofobia, una aversión a la sangre incompatible con entrar tranquilamente a un quirófano.

Terminó convertido en médico general de Portwenn, donde podía identificar una enfermedad complicada en segundos pero era prácticamente incapaz de ofrecer una palabra amable después del diagnóstico.

Un médico poco amable rodeado de actores que consiguieron hacerlo humano

Martin Clunes construyó al doctor evitando una de las salidas fáciles de este tipo de personaje: transformarlo poco a poco en un hombre encantador. Ellingham aprende, ama, se casa y tiene hijos, pero nunca deja de ser brusco, obsesivo, literal y desesperadamente malo para las relaciones humanas.

El propio Clunes contó a The Independent que durante años algunos espectadores interpretaron al personaje como alguien dentro del espectro autista. Él se resistió a confirmarlo porque consideraba que diagnosticarlo podía generar inmediatamente la tentación narrativa de “curarlo”.

Ahí reside buena parte de su humanidad. Martin no necesita convertirse en una persona diferente para merecer afecto: Louisa debe aprender a convivir con sus limitaciones y él, lentamente y casi siempre de mala gana, aprende que tener razón no resuelve todos los problemas.

Caroline Catz resulta fundamental para que esa relación funcione. Louisa no existe solamente para suavizar al médico, sino que discute con él, lo abandona, vuelve, desarrolla su profesión y le exige una capacidad emocional que ninguna enfermedad puede solucionar mediante una receta.

The Guardian encontró allí algo más profundo que una simple comedia rural. Euan Ferguson describió Doc Martin como una “tragedia atrapada dentro de una comedia” y consideró a Clunes ya prácticamente incomparable en el papel.

Alrededor de ambos se construyó uno de sus mayores activos: Ian McNeice como Bert Large, Joe Absolom como Al, Selina Cadell como Sally Tishell, John Marquez como el policía Joe Penhale, Jessica Ransom como Morwenna y Eileen Atkins como la formidable tía Ruth.

No eran simples acompañantes para esperar el próximo diagnóstico. Con los años tuvieron matrimonios, negocios que fracasaban, enamoramientos, obsesiones y pequeñas tragedias que consiguieron que Portwenn pareciera una comunidad y no solamente el decorado del protagonista.

Incluso The Guardian, que criticó duramente la caricatura de los habitantes de Cornualles, reconoció el trabajo de John Marquez y encontró enorme diversión en ese conjunto de personajes. La serie podía burlarse de ellos, pero necesitaba desesperadamente que fueran buenos actores para sostener la broma.

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Portwenn era precioso, pero sus enfermedades no eran inventadas al azar

Y después estaba Portwenn. El pueblo no existe con ese nombre: es Port Isaac, una antigua localidad pesquera de la costa norte de Cornualles cuyas casas de piedra, calles estrechas, pendientes y pequeño puerto terminaron convertidos en parte inseparable de la serie.

Visit Cornwall identifica allí la casa y consultorio del médico, la farmacia de la señora Tishell, la vivienda de Louisa, el restaurante de Bert y numerosos lugares reconocibles de la ficción. Buena parte de los interiores se construyó en un granero adaptado cerca del pueblo.

El Atlántico aparece constantemente entre las casas; las embarcaciones permanecen junto al diminuto puerto y las calles parecen demasiado estrechas incluso para los vehículos que la serie insiste en introducir por ellas.

No sorprende que algunas críticas adversas reconocieran que, aunque ya no soportaban la fórmula, continuaban admirando el paisaje. The Independent llegó a definir una temporada como demasiado empalagosa y demasiado obsesionada con su identidad de Cornualles, aunque admitió que Clunes seguía siendo la principal razón de su supervivencia.

Sin embargo, detrás de tanta postal había una particularidad que separaba a Doc Martin de numerosos dramas médicos. Las enfermedades no eran simplemente nombres científicos inventados por guionistas para resolver convenientemente cada episodio.

El doctor Martin Scurr, médico de cabecera real, fue asesor médico durante todas las temporadas. Las notas de producción de ITV explican que terminó siendo una presencia permanente y que el propio Clunes llegó a dominar de tal manera algunos procedimientos que compañeros del rodaje le preguntaban cuestiones médicas.

Scurr contó a Pulse Today que participaba en las reuniones de guion y proporcionaba situaciones médicas extraídas de su experiencia. Los escritores también aportaban casos investigados y él ayudaba a hacerlos clínicamente verosímiles.

Algunas historias nacieron literalmente de su consulta. En el documental retrospectivo explicó, por ejemplo, que un caso sobre un hombre que desarrollaba crecimiento mamario debido a la exposición a los estrógenos utilizados por su esposa procedía de un paciente verdadero que él había tratado.

Por eso la medicina cumple una función diferente a la de muchas series hospitalarias. No hay siempre quirófanos espectaculares, epidemias imposibles ni médicos pronunciando discursos heroicos: una infección, una reacción farmacológica, un problema hormonal o un síntoma aparentemente insignificante pueden sostener la historia.

Y la enfermedad más importante es precisamente la del propio médico. Ellingham conoce muchísimo mejor el cuerpo humano que a los seres humanos, pero su hemofobia destruyó la carrera que había construido y lo obligó a comenzar otra vida lejos de Londres.

La medicina, paradójicamente, también es su idioma emocional. Martin puede resultar incapaz de decirle a una persona que está preocupado por ella, pero detecta que algo va mal, aparece en su casa y hace todo lo necesario para salvarla.

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Dieciocho años porque nunca se produjo como una serie convencional

Que Doc Martin comenzara en 2004 y no terminara hasta 2022 puede producir una impresión equivocada: no realizó una temporada cada año.

La producción rodaba normalmente en Port Isaac cada dos años. Scurr explicó que cada temporada requería un ciclo aproximado de dos años: uno dedicado fundamentalmente al desarrollo y escritura y otro a la producción.

Martin Clunes aportó otra explicación mucho más doméstica. Contó que rodaban durante unos cuatro meses y utilizaban años alternos, entre otras razones, para que él y su esposa, la productora Philippa Braithwaite, no pasaran todos los veranos alejados de su hija.

Ese descanso también ayudaba a Port Isaac. Convertir el pequeño pueblo en Portwenn implicaba equipo técnico, cierres, visitantes y aficionados siguiendo el rodaje por unas calles que ya eran estrechas antes de que llegara la televisión.

La serie tampoco acabó porque ITV dejara de quererla. En septiembre de 2020, Clunes y Braithwaite anunciaron personalmente que consideraban que, después de 16 años, había llegado el momento de despedirse, pese a señalar que el programa continuaba funcionando en audiencia.

El plan era filmar la décima temporada en 2021, pero la pandemia alteró el calendario. Clunes confirmó posteriormente en material de ITV que el rodaje previsto para aquel año había sido pospuesto por el covid; finalmente comenzó en febrero de 2022.

Y se marchó todavía con público. ITV informó que cerca de seis millones de personas siguieron el desenlace de la décima temporada antes del especial navideño definitivo.

La crítica nunca estuvo completamente de acuerdo con aquella longevidad. The Telegraph todavía veía en sus últimas etapas una combinación eficaz de humor, ternura y acción, y otra de sus reseñas la consideró una fórmula acogedora particularmente adecuada para quien buscara televisión reconfortante.

The Guardian también confesó en 2015 que era uno de esos placeres televisivos fáciles de consumir y difíciles de abandonar, mientras celebraba una serie que no sentía necesidad de volverse solemne o políticamente trascendente.

Las objeciones, sin embargo, eran perfectamente reconocibles. El mismo periódico cuestionó que demasiados habitantes de Portwenn fueran representados como incompetentes, torpes o perezosos, convirtiendo a Cornualles en una caricatura frente al médico extraordinariamente competente.

The Independent fue todavía más severo con el especial final: lo consideró excesivamente sentimental, compuesto por viñetas previsibles y demasiado empeñado en entregar una despedida confortable. Para el crítico, el medicamento había terminado volviéndose demasiado dulce.

Tal vez las dos opiniones expliquen juntas por qué duró tanto. Doc Martin era repetitiva porque quería ser reconocible; Portwenn resultaba exageradamente bonito porque debía ser un lugar al que el espectador quisiera regresar, y sus excéntricos habitantes repetían comportamientos porque terminaron convirtiéndose en compañía.

Pero debajo de aquella comodidad había algo menos superficial. Un hombre que podía diagnosticar enfermedades extraordinarias era incapaz de comprender emociones corrientes; un cirujano brillante no podía tolerar la sangre, y una comunidad aparentemente absurda terminó convirtiéndose en la familia que nunca supo que necesitaba.

Eso hizo diferente a Doc Martin. No humanizó a su médico convirtiéndolo en un héroe perfecto, sino exponiendo precisamente aquello que no podía solucionar con todo su conocimiento científico.

Y mientras Port Isaac seguía brillando detrás de él con su puerto, sus tejados y el mar de Cornualles, Martin Ellingham continuó haciendo durante 18 años lo que mejor sabía: curar a todo el mundo menos, por completo, a sí mismo.

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