Mapa

Sequía Avalancha en Nepal TPS Juegos Empleos El Salvador Viviendas El Salvador Centro Histórico

parlament parlamento europeo serie analisis retrospectiva joya libertad expresion critica robbie ruud 02

Parlement, la serie que invita a reírse de la política (a donde sí se pueda)

ANÁLISIS. La política puede ser solemne, frustrante, burocrática y, en ocasiones, desesperante. Quizá por eso la aclamada serie "Parlement" funciona tan bien

Avatar del autor
0:00
Escuchar artículo
Resumen del artículo:

La política puede ser solemne, frustrante, burocrática y, en ocasiones, desesperante. Quizá por eso Parlement funciona tan bien: en vez de observar a la Unión Europea como una maquinaria intocable, convierte sus pasillos, reglamentos, egos, negociaciones, lobbies y absurdos cotidianos en materia prima para una comedia. Nacida como una coproducción europea y filmada parcialmente dentro del verdadero Parlamento Europeo de Estrasburgo, la serie demuestra algo saludable: una democracia también puede permitir que se burlen de ella. Y quizá convenga hacerlo, porque tomarse la política siempre con absoluta gravedad terminaría haciendo bastante miserable nuestra relación con ella

Aunque Parlement suele ser presentada como una serie francesa porque debutó en France.tv en abril de 2020 y su creador, Noé Debré, es francés, su origen resulta mucho más europeo que eso.

La primera temporada fue una coproducción entre Francia, Bélgica y Alemania, con Cinétévé, Artémis Productions y CineCentrum. El italiano HuffPost destacó precisamente esa naturaleza multinacional cuando la presentó como una ficción europea antes que exclusivamente francesa.

Con el paso de las temporadas, la producción quedó principalmente articulada entre Francia y Alemania. France Télévisions define las últimas entregas como una “coproducción europea” entre ambos países, realizada por Cinétévé y Studio Hamburg Serienwerft.

También lo refleja su reparto. Junto al francés Xavier Lacaille, encargado de interpretar al ingenuo asistente Samy Kantor, aparecen actores británicos, alemanes, austríacos, suecos, italianos y de otras procedencias.

Los personajes tampoco hablan artificialmente todos un mismo idioma. La conversación salta constantemente entre francés, inglés y alemán, además de apariciones ocasionales de otras lenguas europeas, algo que The Guardian consideró parte esencial de la identidad de la serie.

La historia comienza con Samy llegando al Parlamento Europeo prácticamente sin comprender cómo funciona. Su jefe, el eurodiputado francés Michel Specklin, tampoco parece especialmente interesado en explicárselo.

A partir de allí, leyes, enmiendas, reuniones, asesores, funcionarios, grupos parlamentarios y negociaciones se convierten en una gigantesca comedia de oficina donde casi nadie controla completamente lo que ocurre.

Debré tenía una ventaja para imaginar aquel universo. Creció en Estrasburgo viendo el Parlamento Europeo prácticamente desde su entorno cotidiano, y contó a Strasbourg Europe que aquella enorme institución siempre le había producido curiosidad.

Dos de sus colaboradores conocían todavía mejor el lugar: uno había trabajado como asistente parlamentario y posteriormente como asesor político, mientras otro era funcionario de las instituciones europeas.

Por eso muchos de los absurdos de Parlement tienen un pie en la realidad. Debré explicó al Centro Nacional del Cine francés, CNC, que frecuentemente descubrían que la realidad era incluso más extraña e interesante que aquello que podían inventar los guionistas.

parlament parlamento europeo serie analisis retrospectiva joya libertad expresion critica robbie ruud 01
Foto: X

Cuando el propio Parlamento aceptó convertirse en objeto de la broma

Uno de los detalles más extraordinarios de la serie es que algunas escenas fueron rodadas dentro del auténtico Parlamento Europeo de Estrasburgo.

Conseguirlo no fue sencillo. Debré reconoció al CNC que obtener los permisos resultó complicado precisamente porque se trataba de una serie irreverente que pretendía burlarse de la maquinaria institucional europea.

La producción tuvo que convencer a diferentes interlocutores y, según el creador, realizó prácticamente una pequeña campaña. Recibieron apoyos políticos procedentes de distintos sectores, pero finalmente fue la administración del Parlamento la que tuvo que decidir.

Y aceptó correr el riesgo. Debré explicó que los responsables entendieron que, aunque la representación fuese incómoda o mordaz, convertir el Parlamento en escenario de ficción también podía acercarlo al imaginario de los ciudadanos.

No todo lo que parece Bruselas fue filmado dentro de las instituciones que representa. Para numerosas escenas utilizaron el Comité Europeo de las Regiones, cuyos responsables facilitaron espacios al equipo.

Sin embargo, para los últimos episodios de la primera temporada sí consiguieron entrar con las cámaras en el verdadero Parlamento de Estrasburgo.

Incluso antes del rodaje, los propios guionistas habían trabajado allí de una manera bastante peculiar. Amigos que eran asistentes parlamentarios los ayudaron a conseguir acreditaciones y después ocupaban salas de reuniones que estaban libres para escribir.

Almorzaban con trabajadores, conversaban con asistentes y observaban el ecosistema desde dentro. Aquella experiencia acabó alimentando situaciones que después serían exageradas y convertidas en comedia.

Ahí reside uno de los mayores encantos de Parlement: puede mostrar una burocracia lenta, funcionarios perdidos, políticos incompetentes, negociaciones interesadas, lobbies, rivalidades nacionales y personajes dispuestos a maniobrar para conseguir sus objetivos.

Eso no significa que la serie afirme que toda la Unión Europea sea incompetente o corrupta. De hecho, su mirada general es sorprendentemente afectuosa con el proyecto europeo, incluso mientras ridiculiza casi todo lo que encuentra en el camino.

El diario alemán taz lo resumió muy bien: consideró que Parlement critica duramente al Parlamento mediante abundante humor negro pero, al mismo tiempo, funciona como una declaración de apoyo al proyecto europeo.

La italiana Linkiesta encontró una contradicción semejante. Describió su retrato de Bruselas como afectuoso, aunque cargado de cinismo y desacralización, y celebró que mostrara aquello que normalmente queda debajo de los grandes tratados y discursos políticos.

Tal vez esa sea precisamente una virtud democrática. El Parlamento permitió que una ficción entrara en sus propias instalaciones para convertir en chistes la incompetencia, el ego, las luchas internas y los defectos de la institución que le estaba abriendo las puertas.

Cuesta imaginar una producción equivalente obteniendo permiso para entrar al corazón del poder de una autocracia y ridiculizar libremente a sus dirigentes, funcionarios y estructuras. La sátira política necesita un margen de libertad que los regímenes autoritarios, por definición, acostumbran a restringir.

La democracia no queda mejor retratada porque nadie pueda burlarse de ella. Probablemente ocurre lo contrario: que una institución tolere la caricatura, incluso cuando resulta incómoda, dice algo importante sobre la libertad con la que una sociedad puede discutir su propio poder.

parlament parlamento europeo serie analisis retrospectiva joya libertad expresion critica robbie ruud 03
Foto: X

Entre elogios y críticas por una sátira que algunos quisieron más feroz

La recepción internacional fue ampliamente favorable, pero también existe una crítica recurrente: para algunos periodistas, Parlement pudo haber sido mucho más cruel.

En Inglaterra, The Guardian destacó lo excepcional de convertir la Unión Europea en cultura popular y comparó inevitablemente la producción con The Thick of It. Sin embargo, señaló que el humor de Parlement es bastante más amable que la brutal sátira política británica.

La francesa Première fue entusiasta. La describió como una comedia “loufoque et réjouissante”, disparatada y gozosa, especialmente eficaz al convertir unas instituciones percibidas como lejanas y deshumanizadas en personajes y situaciones reconocibles.

También en Francia, Le Grand Continent destacó la dificultad inicial del desafío: hacer divertida una estructura política que arrastra precisamente la reputación contraria, la de ser demasiado técnica, complicada y distante para la ficción popular.

En Italia, Cafébabel valoró esa misma capacidad para hacer digerible una materia tecnocrática. Consideró que el humor podía ser precisamente la herramienta adecuada para explicar instituciones que los medios nacionales tradicionalmente encuentran difíciles de acercar al público.

Pero incluso esa publicación señaló un punto discutible: la serie se presenta como políticamente incorrecta mientras conserva un fondo claramente europeísta, lo que puede hacer que algunas de sus mordidas resulten menos peligrosas de lo que inicialmente parecen.

La crítica alemana fue especialmente interesante. Die Zeit, al analizar la temporada final, sostuvo que la serie sabe elogiar y criticar simultáneamente a Europa, pero consideró que perdió la oportunidad de ser verdaderamente incisiva en asuntos como la burocracia y la corrupción.

Le Monde también encontró desgaste en la cuarta y última temporada. El periódico francés elogió la idea general de la serie, pero observó problemas de ritmo, un guion menos sólido y una puesta en escena que ya no conservaba completamente la frescura inicial.

Aun así, Parlement llegó a cuatro temporadas y cerró su recorrido en 2025. France Télévisions informó que las tres primeras habían acumulado cerca de 10 millones de reproducciones antes del estreno de la última entrega.

Quizá su mayor mérito no sea haber explicado perfectamente la Unión Europea ni haber construido la sátira política más despiadada de la televisión.

Fue descubrir que detrás de esas fachadas de cristal existen seres humanos negociando, improvisando, equivocándose, enamorándose, compitiendo, haciendo favores, defendiendo principios y, algunas veces, sin tener demasiado claro qué demonios están haciendo.

Y allí funciona el humor. Porque si cada reglamento absurdo, discurso vacío, disputa partidaria, crisis institucional o ejercicio de vanidad política tuviera que contemplarse exclusivamente con solemnidad, seguir la política sería una experiencia insoportablemente miserable.

Parlement propone algo bastante más saludable: entender el poder, vigilarlo, criticarlo y, cuando se lo merece, reírse de él. Que pueda hacerlo desde dentro del mismo edificio que caricaturiza posiblemente sea uno de los mejores chistes de toda la serie.