"Palmeras cansadas", la exposición del MARTE que replantea el paisaje tropical
La exposición Palmeras cansadas llegó al MARTE con obras nacionales e internacionales que reflexionan sobre memoria, migración, naturaleza y cambio climático.
Quien entre al Salón Toño Salazar del Museo de Arte de El Salvador (MARTE) probablemente espere encontrar un recorrido sobre vegetación tropical. Sin embargo, Palmeras cansadas propone algo distinto: utilizar una imagen cotidiana para cuestionar las historias que cargan los paisajes, los recuerdos y las personas.
La muestra, nacida en Austria y presentada anteriormente en Marruecos y Corea del Sur, llegó ahora a El Salvador con una versión construida junto a artistas y curadores salvadoreños, quienes incorporaron temas como la migración, la memoria histórica y la violencia estructural al proyecto original.

Para Markus Waitschacher, uno de los curadores internacionales, la idea surgió de una contradicción que encontró en su país: Austria casi no tiene palmeras creciendo de forma natural, pero su imagen aparece constantemente en cafeterías, bares, jardines, publicidad y espacios públicos.
Aquella observación lo llevó a preguntarse por qué un árbol ausente podía convertirse en un símbolo tan poderoso y qué significados proyectaban las personas sobre él. Esa pregunta terminó convirtiéndose en una exposición itinerante que cambia en cada país que visita.

La obra salvadoreña que transformó la exposición
Aunque Palmeras cansadas ha recorrido distintos países, Waitschacher reconoce que una pieza creada por un artista salvadoreño modificó profundamente su lectura del proyecto.
Se refiere a las palmeras construidas por Víctor Hugo durante la pandemia de covid-19, cuando permanecía en Austria sin poder regresar a El Salvador. Ante la imposibilidad del viaje, improvisó esculturas con madera encontrada y hojas de banano para recrear un paisaje que pertenecía a sus recuerdos.
Para el curador, aquellas piezas representan mucho más que árboles. Son una forma de reconstruir el hogar desde la distancia y de convertir la fragilidad de los materiales en una metáfora del desarraigo humano. Esa obra terminó inspirando la idea de las "palmeras cansadas", entendidas también como el cansancio de las personas y de un planeta afectado por la crisis climática y distintas formas de explotación.

Del paraíso turístico a la memoria histórica
Uno de los aspectos que más interesa a la exposición es desmontar la imagen idealizada del trópico. Según Waitschacher, la palmera suele asociarse con playas, vacaciones o paraísos exóticos, mientras permanecen invisibles las historias sociales, políticas y ambientales que existen detrás de esos paisajes.
Incluso señala que la imagen del árbol también puede utilizarse como herramienta de greenwashing, cuando empresas con impactos ambientales negativos recurren a símbolos naturales para construir una imagen ecológica.
En El Salvador, ese discurso adquiere nuevos significados. Jaime Izaguirre, director artístico del MARTE, explica que la exposición no se limitó a traer una muestra internacional, sino que buscó establecer un diálogo con la producción artística salvadoreña.

Para ello fueron invitados seis artistas nacionales, algunos residentes en el país y otros en el extranjero, con el propósito de conectar distintas experiencias del territorio y de la migración. Ese recorrido inicia con una pieza emblemática: Sumpul (1984), de Carlos Cañas (1924-2013).
La obra funciona como la columna vertebral de la exposición porque recuerda la masacre ocurrida en el río Sumpul y plantea, según la curaduría, que antes de hablar de migración es necesario comprender las razones históricas que obligan a las personas a abandonar su país.
Una exposición que cambia con cada país
La historiadora del arte Elisabeth Piskernik, co-curadora del proyecto, asegura que Palmeras cansadas nunca es la misma exposición. Cada sede incorpora artistas locales y nuevas preocupaciones.
En Marruecos, por ejemplo, el énfasis estuvo en la escasez de agua y la desaparición de los oasis; en Corea del Sur, en la transformación del paisaje por el crecimiento económico; mientras que en El Salvador la muestra encontró un fuerte vínculo entre naturaleza, cuerpo, memoria y territorio.
Además de las piezas salvadoreñas, la muestra incluye obras que abordan el colonialismo, el cambio climático, la comercialización de la naturaleza y la relación entre seres humanos y plantas desde distintos lenguajes como dibujo, fotografía, instalación, video y danza.

Entre las conexiones que más llamaron la atención de Piskernik está el diálogo entre la obra de Edith Payer y la de la salvadoreña Gabriela Novoa. La primera presenta palmeras acostadas en una cama, como si fueran pacientes que necesitan descanso y cuidados, mientras que Novoa fusiona el cuerpo humano con las formas vegetales hasta borrar los límites entre ambos.

Para la curadora, ambas piezas invitan a pensar en la naturaleza como un ser vivo que también puede enfermar, sanar y resistir, alejándose de la idea de las plantas como simples elementos decorativos del paisaje.
En ese recorrido, por ejemplo, la artista alemana Katrin Ströbel presenta palmeras que remiten a la isla africana de Gorée, un lugar marcado por la trata transatlántica de personas esclavizadas. La vegetación, explica Izaguirre, deja de ser un elemento decorativo para convertirse en un testigo silencioso de una historia de violencia.
Por otro lado, el salvadoreño Antonio Romero utiliza paisajes poblados únicamente por palmeras. Esa ausencia deliberada de otras especies busca representar un entorno homogéneo que invita a reflexionar sobre el territorio y las relaciones de poder.
Palmeras cansadas permanecerá abierta al público hasta marzo de 2027. Puede visitarse los lunes, de 6:00 a 7:30 p. m., durante la temporada de Lunes Musicales, y de jueves a domingo, entre las 10:00 a. m. y las 4:00 p. m.
