Hace 75 años, un voraz incendio destruyó la Catedral de San Salvador
Hace 75 años, un voraz incendio consumió en apenas 45 minutos la Catedral de San Salvador. Feligreses arriesgaron sus vidas para rescatar imágenes religiosas.
Eran cerca de las 4:00 de la tarde del 8 de agosto de 1951 cuando las llamas comenzaron a avanzar hasta alcanzar la Catedral de San Salvador, un imponente templo construido principalmente de madera que durante más de seis décadas había formado parte del paisaje del Centro Histórico.
Este sábado se cumplen 75 años de aquel incendio que redujo a cenizas la segunda Catedral de San Salvador y provocó escenas de angustia entre los miles de capitalinos que presenciaron cómo el fuego devoraba el templo.

Según documentos históricos, el incendio comenzó en un cuarto donde se almacenaban películas de celuloide en el Teatro Nacional. El fuego se volvió incontrolable y se propagó hasta alcanzar la parte oriente de la Catedral.
La madera, precisamente el material utilizado para darle mayor flexibilidad al edificio ante los constantes movimientos sísmicos que afectan a El Salvador, facilitó el avance de las llamas. En apenas 45 minutos, el fuego había consumido prácticamente toda la infraestructura.

Mientras la Catedral ardía, numerosos feligreses se acercaron desesperados. Algunos incluso desafiaron las llamas y entraron al templo para intentar salvar parte de su patrimonio religioso.
Entre las imágenes rescatadas estaba la del Divino Salvador del Mundo, una de las más veneradas por los católicos salvadoreños. También lograron sacar reclinatorios, candelabros y otros objetos que fueron trasladados hacia el Palacio Nacional para mantenerlos alejados del fuego.
En medio de la emergencia ocurrió otra escena que quedó registrada en los relatos sobre aquel día. Monseñor José T. Alférez permanecía rezando en uno de los cuartos del convento mientras el fuego consumía la Catedral y únicamente las torres principales continuaban en pie.
El sacerdote se negaba a abandonar el lugar. Según los relatos históricos, Alférez estaba dispuesto a morir entre los escombros de la casa de Dios, pero varias personas consiguieron sacarlo del templo antes de que fuera demasiado tarde.
Una Catedral de madera
El edificio destruido aquel 8 de agosto era la segunda Catedral de San Salvador y el lugar donde se edificó había sido ocupado anteriormente por el convento y templo de Santo Domingo y corresponde al sitio donde actualmente se levanta la Catedral Metropolitana, frente a la Plaza Gerardo Barrios.
El 17 de septiembre de 1880, Cárcamo y Rodríguez emitió un nuevo edicto para impulsar la obra. Monseñor Miguel Vencchioti fue uno de sus principales promotores y la ejecución estuvo a cargo del arquitecto J. Dolores Melara. Finalmente, en 1888 fue inaugurado el nuevo templo.

La Catedral tenía un estilo romano y había sido levantada con maderas finas, algunas de ellas procedentes del Líbano. En su interior destacaban imágenes religiosas, ornamentaciones y retablos elaborados por artistas salvadoreños.
La decisión de utilizar madera no había sido casual. Con este material se buscaba que la estructura tuviera mayor flexibilidad y pudiera resistir mejor los frecuentes terremotos.

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