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De 69% a 100%: “The Clone Wars”, la serie que convirtió soldados idénticos en seres humanos

Comenzó como una producción animada que muchos tomaron por entretenimiento infantil y terminó con temporadas perfectas para la crítica

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Resumen del artículo:

Comenzó como una producción animada que muchos tomaron por entretenimiento infantil y terminó con temporadas perfectas para la crítica. Star Wars: The Clone Wars tiene 8.5 sobre 10 en IMDb y 93% en Rotten Tomatoes, pero su verdadera fortaleza está en otro sitio: hizo que el espectador se encariñara con soldados que compartían exactamente el mismo rostro y convirtió una guerra cuyo desenlace ya conocíamos en una tragedia emocionalmente impredecible

Star Wars: The Clone Wars no fue recibida inicialmente como la obra de culto que hoy recuerdan sus seguidores.

La primera temporada, estrenada en 2008, registra apenas 69% de aprobación de la crítica en Rotten Tomatoes.

Sin embargo, la valoración se disparó conforme evolucionaron los personajes, los argumentos se hicieron más extensos y el tono de la guerra se volvió más sombrío. Las temporadas 3, 5, 6 y 7 aparecen actualmente con 100% en el Tomatometer.

El cierre fue especialmente celebrado. La séptima temporada obtuvo 100% entre 36 reseñas profesionales y 95% entre el público.

El consenso de Rotten Tomatoes destacó especialmente la calidad de sus secuencias animadas de acción y la profundidad de una narrativa construida en varias capas. En el propio ranking actual de Rotten Tomatoes sobre las series de Star Wars, esa temporada ocupa el primer puesto.

IMDb ofrece otra señal contundente, aunque debe hacerse una distinción: su nota no corresponde a críticos profesionales, sino fundamentalmente a los usuarios de la plataforma. The Clone Wars tiene actualmente 8.5 sobre 10, con alrededor de 146,000 votos.

Algunos de sus últimos capítulos alcanzan puntuaciones extraordinarias: los episodios 9, 10, 11 y 12 de la séptima temporada figuran con 9.7, 9.8, 9.8 y 9.9, respectivamente.

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Foto: X

Por eso conviene no decir que existe un ranking oficial que la proclama “la mejor serie de animación por computadora”. No existe tal clasificación universal. Además, Metacritic le asigna un más moderado 66/100 a partir de 21 reseñas profesionales, considerado “generally favorable”.

Lo que sí permiten concluir los diferentes indicadores es que se encuentra entre las producciones CGI seriadas de mayor reconocimiento popular y crítico, sobre todo por el nivel que alcanzaron sus temporadas finales.

Cinco razones por las que vale la pena ver "The Clone Wars"

La primera es Ahsoka Tano.

Cuando apareció era una adolescente impulsiva y aprendiz de Anakin Skywalker. A lo largo de la serie se equivoca, pierde compañeros, cuestiona órdenes, aprende a dirigir y finalmente pone en duda a la propia institución que la formó.

Lucasfilm reconoce que Ahsoka terminó convirtiéndose en el corazón emocional del programa y que parte de su fuerza consistió en que los espectadores jóvenes prácticamente crecieron junto a ella.

La segunda razón es Anakin Skywalker. Las películas muestran varios momentos decisivos de su vida, pero The Clone Wars dispone de decenas de horas para mostrar algo mucho más incómodo: que Darth Vader antes fue un hombre heroico, creativo, afectuoso, divertido y extraordinariamente leal. Precisamente por eso su caída resulta más dolorosa.

Lucasfilm señala que la serie permite seguir mucho más de cerca el camino que conduce a Anakin hacia el lado oscuro.

La tercera está en los clones. Todos nacieron prácticamente iguales y fueron creados para obedecer, pero la serie se empeña en diferenciarlos: Rex, Fives, Echo, Cody, 99 y otros adquieren nombres, preferencias, miedos, amistades y códigos morales propios.

La historia consigue así una paradoja formidable: los personajes físicamente más intercambiables terminan siendo algunos de los más humanos de toda la saga. StarWars.com destaca precisamente que la producción otorgó identidad e individualidad a soldados que compartían el mismo ADN.

La cuarta razón es que no presenta la guerra como una sucesión de batallas entre buenos y malos. Hay civiles atrapados, corrupción, propaganda, intereses económicos, terrorismo, desobediencia, prisioneros y soldados obligados a decidir si cumplir una orden es necesariamente hacer lo correcto. Incluso la intervención de los Jedi en la guerra queda sometida a cuestionamiento.

Y la quinta es su desenlace. El espectador conoce de antemano la caída de la República, la transformación de Anakin y la Orden 66.

Sin embargo, la serie desarrolla vínculos suficientemente fuertes como para transformar ese conocimiento en tensión: ya no queremos saber qué ocurrirá, sino cómo lo soportarán las personas que aprendimos a querer. Rotten Tomatoes considera que su capítulo final consolida a The Clone Wars como una de las grandes historias de toda la franquicia.

La psicología explica parte de su poder: sabemos que terminará mal y aun así no podemos dejar de mirar.

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Foto: X

¿Por qué funciona tan bien psicológicamente "The Clone Wars"?

Una primera explicación está en la identificación con los personajes. En psicología de los medios, identificación significa que el espectador adopta temporalmente la perspectiva, las emociones y los objetivos de un personaje.

Las investigaciones sobre narrativas relacionan este mecanismo con la llamada “transportación narrativa”: la sensación de introducirse mental y emocionalmente en el mundo de una historia.

Ahsoka funciona casi como un caso diseñado para producir ese efecto. Comienza como aprendiz y conoce ese universo mientras el espectador la acompaña. Lucasfilm ha explicado que el público podía colocarse en su lugar y descubrir con ella las “zonas grises” de la guerra. Su transformación gradual convierte el paso del tiempo narrativo en crecimiento psicológico compartido.

Con los clones ocurre algo diferente. Inicialmente pueden percibirse como una categoría —soldados idénticos—, pero la serie obliga progresivamente al cerebro del espectador a individualizarlos.

Un número se vuelve nombre; un casco adquiere marcas propias; aparecen voces, amistades, decisiones y miedos. Cuando alguno muere, ya no desaparece “un clon”: desaparece Fives, 99 o algún compañero al que se había aprendido a distinguir.

Ese mecanismo hace especialmente perturbadora la Orden 66. El drama deja de tratar sobre un ejército abstracto y pasa a enfrentar identidad contra obediencia, afecto contra programación y conciencia contra autoridad.

También interviene la ambigüedad moral. Investigaciones publicadas en Journal of Communication muestran que las audiencias juzgan constantemente la moralidad de los personajes y que las disposiciones afectivas hacia héroes y figuras moralmente ambiguas modifican posteriormente cómo interpretamos sus decisiones.

The Clone Wars explota esa tensión una y otra vez: podemos comprender a Anakin incluso cuando cruza límites, admirar a los Jedi mientras vemos sus errores y sentir empatía por soldados que ejecutan órdenes terribles.

Finalmente está la paradoja más interesante: nos gusta aunque sabemos que es una tragedia.

La psicología del entretenimiento distingue entre diversión puramente placentera y experiencias llamadas eudaimónicas, aquellas que atraen porque son significativas, conmovedoras y nos hacen pensar sobre valores, sacrificio, muerte, identidad o propósito.

Los estudios muestran que una historia triste puede ser muy apreciada precisamente porque genera reflexión y emociones complejas en lugar de simple felicidad.

Eso describe extraordinariamente bien a The Clone Wars. El espectador sabe desde el principio que la República desaparecerá. Sabe que los Jedi perderán. Sabe quién será Darth Vader.

Y aun así espera que algo cambie.

Esa imposibilidad psicológica de separar lo que sabemos que ocurrirá de lo que emocionalmente deseamos que ocurra convierte los últimos episodios en algo más que espectacular animación por computadora.

Tal vez ahí esté la explicación más sencilla de por qué The Clone Wars terminó siendo tan buena: primero logró que conociéramos a sus personajes y después nos obligó a observar, impotentes, cómo la historia que ya conocíamos caía sobre ellos.