Fernando Abarca lleva su voz salvadoreña al hockey de la NHL
ENTREVISTA. Criado en el barrio San Jacinto, Fernando Abarca halla en el hockey sobre hielo una vocación que nunca imagina durante su infancia en El Salvador
Criado en el barrio San Jacinto, Fernando Abarca encuentra en el hockey sobre hielo una vocación que nunca imagina durante su infancia en El Salvador. Desde junio de 2026, el periodista es embajador de las redes oficiales en español de los San José Sharks, una oportunidad que llega después de años de aprendizaje, adaptación cultural e incertidumbre laboral.
«Yo nunca me imaginé que iba a ser periodista deportivo», reconoce. Antes de las acreditaciones, las entrevistas y los encuentros de la NHL, su vida transcurre entre el baloncesto, el fútbol, la música y una facilidad para expresarse que todavía no reconoce como su futuro oficio.
De San Jacinto a las redacciones de California
Su nombre completo es Fernando Miguel Abarca Ceballos. Nace en San Salvador y pasa su infancia y juventud en San Jacinto, al sur de la capital. Allí construye los recuerdos, las amistades y las costumbres que conserva como parte fundamental de su identidad.
El deporte está presente desde pequeño. Durante varios años practica baloncesto en programas municipales y también juega al fútbol. Su padre comparte esa afición, mientras las transmisiones de televisión abierta le permiten seguir la NBA, la liga española y otras competiciones.
Sin embargo, su primera aspiración está en la música. Forma parte del coro del Centro Nacional de Artes y aprende a tocar la guitarra. También recuerda entre sus familiares al músico Tito Flores, un vínculo que acompaña su deseo de tener una banda.
Las comunicaciones tampoco le resultan completamente ajenas: menciona entre sus familiares a Gilberto Castro y a la presentadora Titi Lazo. Aun así, durante el bachillerato se interesa por la computación, el diseño gráfico y la posibilidad de estudiar una carrera relacionada con los sistemas informáticos.
«A mí siempre me gustaba el tema de la expresión», cuenta. Hablar frente a otras personas no le provoca temor y disfruta las exposiciones escolares. Con el tiempo, esa facilidad encuentra una salida profesional distinta de los planes que tiene durante su adolescencia.
Su traslado a Estados Unidos ocurre cuando ronda los 17 o 18 años. Llega con su familia y completa allí la etapa final del bachillerato, en medio de las dificultades que encuentra para hacer equivalentes sus estudios salvadoreños.

Después cursa sus primeros dos años de Comunicación en Las Positas College y continúa su formación en California State University, East Bay. Se gradúa en 2024, tras un recorrido que se prolonga por las obligaciones laborales, la pandemia y distintas interrupciones.
El periódico universitario le ofrece su primera experiencia periodística. Comienza con entrevistas y noticias de la comunidad, y posteriormente asume como editor en jefe. La responsabilidad incluye coordinar a otros colaboradores, decidir contenidos y participar en la dirección de las publicaciones.
El fútbol aparece como una oportunidad cercana. Empieza a cubrir al Oakland Roots y después consigue acreditaciones para seguir a la selección salvadoreña mediante una revista digital estadounidense. En 2024 también inicia la cobertura del San José Earthquakes y suma experiencias en el fútbol femenino.
Su formación continúa detrás de las cámaras. Trabaja como productor asociado en NBC, en el área de la bahía de San Francisco, y posteriormente realiza una pasantía remunerada en Telemundo 48, donde participa en la preparación de los segmentos deportivos.
«No es lo mismo saberse la teoría que estar metido en la práctica», expresa. La televisión le permite conocer las exigencias de producción y acercarse a coberturas de baloncesto y béisbol, mientras desarrolla por su cuenta su trabajo como periodista deportivo.
De esa experiencia conserva una enseñanza: cada disciplina necesita una forma particular de ser contada. «Cada deporte tiene lo suyo», resume. Esa disposición a aprender resulta decisiva cuando encuentra un espacio profesional en una actividad mucho menos habitual entre los salvadoreños.
Un refugio en el hielo que se convierte en vocación
Su primer acercamiento al hockey ocurre mucho antes de ejercer el periodismo. Recuerda las películas de Los campeones, conocidas en inglés como The Mighty Ducks, que ve durante las mañanas de sábado en Cinematiné, por Canal 6.
Aquellas historias le presentan un deporte desconocido. Años después, ya en Estados Unidos, descubre que tiene cerca un equipo profesional y comienza a seguirlo con curiosidad. El interés crece durante una etapa en la que todavía busca adaptarse a su nueva vida.
«Ese deporte fue como una especie de confort en un tiempo que yo no tenía amigos, no manejaba», recuerda. Su madre lo había enviado a cursos de inglés en El Salvador, pero conocer el idioma no elimina las dificultades para comunicarse y establecer nuevas relaciones.
El hockey le ofrece algo que aprender y seguir mientras atraviesa ese proceso. Le atraen la velocidad, las transiciones y la coordinación necesaria para patinar, controlar el disco y comprender lo que ocurre alrededor de cada jugada.

Patinar tampoco le resulta completamente desconocido. De niño pide unos patines como regalo de Navidad y aprende a utilizarlos en las canchas de su colonia. «Yo aprendí cayéndome», recuerda sobre aquellas primeras experiencias, todavía lejos de una pista de hielo.
Entre sus primeras referencias aparecen Alex Ovechkin, de los Washington Capitals, y Sidney Crosby, de los Pittsburgh Penguins. También conoce la importancia histórica de Wayne Gretzky, a quien considera la gran figura que sirve de referencia para comprender la dimensión del deporte.
En 2019 asiste por primera vez a un encuentro de hockey sobre hielo: los San José Sharks contra los Washington Capitals. Va solo. La experiencia en el estadio añade una dimensión distinta a lo que hasta entonces conoce principalmente mediante las transmisiones.
Entre 2020 y 2021 empieza a seguir con mayor cercanía a los Toronto Maple Leafs. El juego de Mitch Marner despierta especialmente su interés. Toronto se convierte en su equipo de afición, aunque reconoce que también desarrolla un cariño por los Sharks.
Un viaje a Canadá en 2022 profundiza ese vínculo. En Toronto se acerca al Scotiabank Arena y al entorno del Salón de la Fama del Hockey. Más que los edificios, le impresiona descubrir cuánto ocupa este deporte en la vida de sus aficionados.
«La cultura deportiva del hockey en Canadá es otra», explica. Para expresar su intensidad, la compara con el lugar que tiene el fútbol en Argentina y en otros países donde la afición forma parte de las conversaciones, las tradiciones y la vida cotidiana.
Desde entonces también busca compartir lo que descubre. Recomienda las eliminatorias y las finales a sus amigos salvadoreños, y lleva a algunos a sus primeros encuentros. Antes de convertirse en representante de una organización, comienza por acercar el hockey a su propio círculo.
Romper prejuicios y abrir un camino para otros salvadoreños
La primera oportunidad para cubrir profesionalmente el hockey llega en 2024. Durante sus actividades periodísticas conoce a un colega que sigue a los Columbus Blue Jackets y a los Sharks. Le cuenta su interés y ese contacto le permite incorporarse a una publicación digital.
«Era un reto para mí», admite. Aunque ya comprende reglas e infracciones, reconoce que necesita profundizar en los sistemas y los aspectos tácticos. El paso de aficionado a periodista le exige estudiar el juego con una atención diferente.
También encuentra barreras que van más allá del conocimiento deportivo. Según relata, su condición de latino provoca cuestionamientos sobre cuánto puede comprender o analizar el hockey. Entre los comentarios que recuerda aparece una idea que rechaza: «Tu deporte debería ser el fútbol».
«Mi misión es romper esas barreras», sostiene. Su experiencia lo lleva a cuestionar que el origen de una persona determine qué deportes puede seguir, interpretar o cubrir. Para él, aprender y trabajar con seriedad debe tener más peso que esos prejuicios.
El crecimiento profesional tampoco ocurre de manera continua. Después de sus experiencias en NBC y Telemundo, atraviesa una etapa de solicitudes laborales sin respuesta y dudas sobre su futuro. «Pasé períodos de incertidumbre, de sentirme acabado», confiesa.

La falta de oportunidades no lo aparta de las coberturas. Continúa publicando contenido y recuerda noches en las que vuelve de madrugada a casa para levantarse a trabajar al día siguiente. Su intención sigue siendo encontrar un espacio dentro del periodismo deportivo.
En ese contexto recibe un mensaje de los responsables de las redes oficiales en español de los Sharks. Han visto su perfil y sus reportajes, y quieren que participe como embajador de Los Tiburones, la presencia en castellano de la organización.
«Desde junio de 2026 ya oficialmente soy la cara representativa de las redes en español de los San José Sharks», explica. El nombramiento convierte en una responsabilidad concreta el interés que durante años cultiva como aficionado y después como periodista.
Entre sus iniciativas recientes menciona un proyecto en el que pone a antiguos jefes de televisión a jugar hockey por primera vez. Según cuenta, la propuesta recibe una buena respuesta dentro de la organización y muestra posibilidades para atraer a nuevas audiencias.
Abarca agradece especialmente al colega que facilita su primer contacto profesional con este deporte. Reconoce el valor de aquella ayuda sin restar importancia al trabajo posterior: encontrar una oportunidad y sostenerla requieren esfuerzos distintos, y ambos forman parte de su recorrido.
Su satisfacción también aparece fuera de las acreditaciones. Le emociona que algunos niños le digan que quieren hacer lo mismo que él, aunque considera que todavía tiene mucho por aprender y un largo camino profesional por delante.
«A mí me gustaría dejar un legado para las próximas generaciones», afirma. La posibilidad de convertirse en una referencia le importa especialmente cuando piensa en jóvenes salvadoreños que podrían descartar una profesión o una disciplina por considerarlas demasiado lejanas.
Ese propósito incluye a su país. «No quisiera ser de otro lado», expresa al hablar de El Salvador, de sus costumbres y de su familia. La vida en Estados Unidos amplía sus oportunidades, pero no sustituye el vínculo que mantiene con el lugar donde crece.
Entre sus aspiraciones está acercar el hockey a El Salvador mediante iniciativas que todavía desea desarrollar. No presenta un proyecto cerrado, sino una intención que relaciona con el agradecimiento por su recorrido y con las ganas de compartir lo aprendido.
Al explicar qué lo impulsa, vuelve a una cualidad que reconoce desde sus primeros descubrimientos: «Es la capacidad de poder asombrarme». Esa curiosidad conecta al niño que mira películas los sábados con el periodista que hoy busca abrir espacio para otras voces en el hockey.

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