¿Podrá el atún seguir en nuestras mesas sin poner en riesgo la salud de los océanos?
El atún es clave en la alimentación mundial, pero su alta demanda y la sobrepesca plantean dudas sobre su sostenibilidad y futuro en nuestras mesas.
Por
Evelyn Alas
Publicado el 02 de mayo de 2026
El atún es uno de los productos marinos más consumidos en el mundo, presente en hogares por su valor nutricional y accesibilidad. Sin embargo, su creciente demanda global ha encendido alertas sobre la sostenibilidad de su pesca. Aunque en los últimos años se han logrado avances significativos en la recuperación de sus poblaciones, expertos advierten que la presión sobre los océanos continúa. Factores como el cambio climático, la pesca intensiva y el comercio internacional obligan a reforzar medidas de control. Garantizar su consumo a largo plazo dependerá tanto de políticas globales como de decisiones responsables por parte de los consumidores.
Cada 2 de mayo se recuerda la importancia de una de las especies más consumidas del planeta. Su valor nutricional y económico es incuestionable, pero su futuro depende de decisiones urgentes para evitar volver a una crisis de sobrepesca.
El atún está presente en millones de mesas alrededor del mundo, desde versiones frescas hasta enlatadas que forman parte de la dieta diaria de muchas familias. Sin embargo, detrás de su popularidad existe una historia compleja que conecta el consumo humano con la salud de los océanos. En el marco del Día Mundial del Atún, expertos advierten que proteger esta especie no solo es una cuestión ambiental, sino también alimentaria y económica.
Un alimento clave en la dieta global
El atún es considerado un producto estratégico a nivel mundial. Su alto contenido de Omega-3, proteínas, minerales y vitamina B12 lo convierte en una fuente esencial de nutrición, especialmente en contextos de crisis alimentarias.
Durante la pandemia de COVID-19, por ejemplo, el consumo de pescado enlatado —principalmente atún— aumentó significativamente, evidenciando su papel como alimento accesible y duradero. Según organismos internacionales, millones de personas dependen de este recurso para cubrir sus necesidades básicas de alimentación.
Además, su industria mueve alrededor de 40 mil millones de dólares al año, consolidándose como un pilar económico para numerosas naciones costeras. Solo en 2023, las capturas alcanzaron 5,2 millones de toneladas, representando el 6.5% de todos los peces capturados en el mar.
Más que un pez: un regulador del océano
Más allá de su valor en la dieta humana, el atún cumple una función vital en los ecosistemas marinos. Como depredador tope, regula las poblaciones de peces más pequeños, ayudando a mantener el equilibrio natural de los océanos.
Su desaparición o reducción significativa podría generar efectos en cadena que afectarían la biodiversidad marina. Por ello, los especialistas insisten en que su conservación es clave para la salud de los mares.
Sin embargo, este equilibrio ha estado en riesgo. En 2011, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza alertó que varias especies de atún se encontraban en categorías de amenaza, debido principalmente a la sobrepesca impulsada por la alta demanda global.

De la crisis a la recuperación
En los últimos años, se han logrado avances importantes. La declaración del Día Mundial del Atún por la Asamblea General de la ONU en 2016 marcó un punto de inflexión en la forma de gestionar este recurso.
Actualmente, el 99% de las capturas comerciales provienen de poblaciones evaluadas como biológicamente sostenibles, una mejora significativa frente al 75% registrado en 2017. Este progreso ha sido posible gracias a la coordinación internacional y al trabajo de las Organizaciones Regionales de Ordenación Pesquera.
Estas entidades han implementado medidas basadas en evidencia científica, fortaleciendo el monitoreo, la regulación y la capacitación en prácticas de pesca responsable. Un ejemplo emblemático es el regreso del atún rojo del Atlántico a zonas donde había desaparecido durante décadas, como el sur de Inglaterra e Irlanda.
Esfuerzos globales para garantizar su futuro
Uno de los programas más relevantes es “Common Oceans Tuna”, impulsado por la FAO, que busca asegurar que todas las poblaciones de atún sean explotadas de manera sostenible para 2027. Este proyecto promueve el uso de tecnología, la formación de pescadores y la adopción de prácticas más amigables con el medio ambiente.
Actualmente, de las 23 poblaciones reconocidas de atún, solo dos enfrentan sobrepesca, lo que refleja un avance significativo, aunque aún insuficiente.
A estos esfuerzos se suma el reciente Acuerdo sobre la Diversidad Biológica Más Allá de la Jurisdicción Nacional (BBNJ), que entró en vigor en enero de 2026. Este tratado internacional fortalece la protección de los océanos mediante la creación de áreas marinas protegidas y la obligación de evaluar el impacto ambiental de las actividades en alta mar.
Consumo responsable: el rol del ciudadano
Aunque los avances son evidentes, los expertos coinciden en que el futuro del atún también depende de los consumidores. Optar por productos certificados como sostenibles, informarse sobre su origen y reducir el desperdicio son acciones clave para contribuir a su conservación.
El desafío es encontrar un equilibrio entre el consumo y la preservación. El atún seguirá siendo un alimento fundamental para millones de personas, pero su disponibilidad a largo plazo dependerá de decisiones responsables tanto a nivel global como individual.
En el Día Mundial del Atún, el mensaje es claro: proteger esta especie no solo garantiza la continuidad de una industria, sino también la salud de los océanos y la seguridad alimentaria de futuras generaciones.
TAGS: Alimentación saludable | FAO | Océanos | Pescado
CATEGORIA: Noticias | Internacional
