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El dolor de cabeza frecuente en la infancia puede afectar la calidad de vida y requiere atención temprana para prevenir crisis y favorecer el bienestar familiar.

Dolor de cabeza recurrente en niños podría ser migraña

El dolor de cabeza frecuente en la infancia no siempre es pasajero. Reconocer a tiempo la migraña permite mejorar la calidad de vida y prevenir crisis futuras.

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Por EFE
Publicado el 01 de febrero de 2026

 

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La migraña también afecta a niños y adolescentes y puede manifestarse desde edades tempranas con dolor de cabeza recurrente, náuseas, vómitos y sensibilidad a la luz o al ruido. Según EFE y la Fundación Española para las Cefaleas, se trata de una enfermedad neurológica frecuente que requiere atención específica y no debe confundirse con otros dolores de cabeza. La herencia genética juega un papel importante y el diagnóstico suele realizarse mediante entrevista clínica. Un abordaje temprano, con tratamiento médico y hábitos saludables, permite reducir las crisis y mejorar el bienestar del menor y su familia.

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El dolor de cabeza recurrente en niños puede ser un signo de migraña, una enfermedad neurológica que también afecta a la infancia y la adolescencia, según advierte EFE a partir de un informe de la Fundación Española para las Cefaleas. Aunque suele asociarse a la vida adulta, la migraña puede aparecer desde edades tempranas, con síntomas específicos y un impacto real en el bienestar diario, el rendimiento escolar y la dinámica familiar, lo que hace clave su identificación y abordaje precoz.

La migraña no es un simple dolor de cabeza. Se trata de una patología neurológica caracterizada por episodios de cefalea intensa que pueden ir acompañados de náuseas, vómitos y una marcada hipersensibilidad a estímulos externos como la luz, los ruidos o ciertos olores. En niños y niñas, estas crisis suelen ser más cortas que en adultos, pero no por ello menos limitantes.

La Fundación Española para las Cefaleas elaboró un documento dirigido a las familias con menores afectados, con el objetivo de ofrecer información clara y herramientas prácticas para comprender mejor esta enfermedad. El mensaje central es contundente: la migraña infantil existe, es frecuente y requiere atención específica desde los primeros síntomas.

“La migraña en niños y adolescentes es una enfermedad neurológica frecuente que requiere atención específica”, señala la doctora Nuria Pilar Riesco, autora del informe y miembro del Grupo de Estudio de Cefaleas de la Sociedad Española de Neurología, además de integrante del Comité Científico y de Publicaciones de la fundación.

A qué edad puede aparecer la migraña infantil

Aunque la migraña se diagnostica con mayor frecuencia entre los 20 y los 55 años, también puede manifestarse en etapas tempranas de la vida. En la infancia, la edad típica de aparición se sitúa entre los 7 y los 10 años, aunque existen casos descritos a edades incluso menores.

La probabilidad de padecer migraña aumenta progresivamente con la edad y presenta un patrón particular según el sexo. Antes de la pubertad, es ligeramente más frecuente en varones, mientras que a partir de la adolescencia pasa a predominar en mujeres, una tendencia que se mantiene en la edad adulta.

Este inicio temprano subraya la importancia de no normalizar el dolor de cabeza frecuente en niños. Identificarlo como un posible síntoma de migraña permite actuar antes de que las crisis se vuelvan más intensas o recurrentes.

La herencia genética como factor clave

La migraña tiene un fuerte componente genético. Lo habitual es que en una misma familia existan varios miembros afectados, lo que convierte a los antecedentes familiares en una pista relevante durante la evaluación médica.

La detección temprana y el acompañamiento médico permiten reducir el impacto de la migraña infantil y brindar a los niños herramientas para vivir con mayor bienestar.
La detección temprana y el acompañamiento médico permiten reducir el impacto de la migraña infantil y brindar a los niños herramientas para vivir con mayor bienestar. / Foto EFE/ Sebastián Mariscal

Los hijos de personas con migraña presentan aproximadamente el doble de riesgo de padecerla en comparación con la población general cuando uno de los progenitores está afectado. El riesgo es aún mayor si quien la padece es el padre o si ambos progenitores tienen migraña.

Este dato refuerza la necesidad de que madres, padres y cuidadores informen al personal médico sobre su historial familiar, ya que puede facilitar un diagnóstico más temprano y preciso.

Cómo se manifiesta la migraña en niños y niñas

La migraña infantil cursa con episodios de dolor intenso de cabeza, conocidos como crisis migrañosas. Aunque estas crisis pueden durar hasta 72 horas, en la infancia suelen ser mucho más breves, con una duración aproximada de dos horas, especialmente en los niños más pequeños.

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El dolor suele localizarse en la región frontal o temporal de la cabeza, afectando uno o ambos lados. En adolescentes es más común que sea hemicraneal, es decir, que comprometa solo un lado. Una característica distintiva es que el dolor empeora con la actividad física o incluso con movimientos simples de la cabeza.

Muchos niños describen el dolor como punzante, palpitante u opresivo. A esto se suman con frecuencia náuseas, vómitos e intolerancia a estímulos intensos. También pueden aparecer signos como irritabilidad, cansancio, palidez cutánea y ojeras, síntomas que a veces dificultan la identificación del cuadro.

En algunos casos, la migraña se presenta con aura. Esta forma incluye síntomas transitorios que aparecen antes o al inicio del dolor de cabeza, principalmente alteraciones visuales como destellos o visión borrosa. Con menor frecuencia pueden darse hormigueos en un lado del cuerpo o dificultad para el habla.

Diferenciar la migraña de otros dolores de cabeza

No todo dolor de cabeza en la infancia es migraña. Una de las principales confusiones se da con la cefalea tensional, otra de las cefaleas más frecuentes. La migraña suele generar un dolor más intenso, mayor discapacidad y una clara asociación con náuseas y sensibilidad a estímulos externos.

También se diferencia por la duración, que puede ir desde horas hasta varios días, y por el empeoramiento con la actividad física. En cambio, la cefalea tensional tiende a ser más generalizada y menos incapacitante, aunque persistente.

Es fundamental, además, descartar cefaleas potencialmente graves, como las asociadas a infecciones del sistema nervioso o a lesiones cerebrales. Fiebre, mal estado general, somnolencia, aparición de crisis epilépticas o un dolor que progresa y dificulta el sueño nocturno son señales de alarma que requieren valoración médica inmediata.

Síndromes asociados que pueden anticipar la migraña

En la infancia existen los llamados síndromes episódicos asociados a la migraña, también conocidos como equivalentes migrañosos. Se trata de trastornos que pueden aparecer como precursores de la migraña o coexistir con ella.

Entre los más conocidos se encuentran el vértigo paroxístico benigno, la migraña abdominal —con episodios recurrentes de dolor abdominal, malestar general y a veces náuseas o vómitos— y el síndrome de vómitos cíclicos, caracterizado por episodios repetidos de vómitos intensos y malestar abdominal.

Reconocer estos cuadros permite un seguimiento más estrecho y una mejor comprensión de la evolución de la enfermedad.

Diagnóstico, tratamiento y prevención desde la infancia

El diagnóstico de la migraña infantil se realiza mediante una entrevista clínica detallada y una exploración física en la consulta médica. En la mayoría de los casos no son necesarias pruebas complementarias, que solo se indican cuando existen dudas diagnósticas.

El tratamiento incluye una valoración médica para indicar fármacos adecuados que permitan controlar las crisis lo antes posible. En algunos casos, se recurre a terapias preventivas, cuyo objetivo es disminuir el número de ataques, su gravedad y la discapacidad asociada.

Las estrategias no farmacológicas son fundamentales, especialmente en niños y adolescentes. Mantener una correcta higiene del sueño, con horarios regulares y evitando pantallas antes de dormir, controlar el estrés, asegurar una alimentación equilibrada sin ayunos prolongados, una buena hidratación y la práctica regular de actividad física forman parte del abordaje integral.

“Si se actúa de manera adecuada desde la infancia, nos podemos anticipar a las crisis y mejorar el bienestar de estos pacientes y sus familias”, afirma la doctora Riesco, quien concluye que entender la migraña desde edades tempranas es el primer paso para reducir su impacto a largo plazo.

Hablar de migraña infantil es reconocer que el dolor de cabeza recurrente en niños no debe minimizarse. Informar, observar y consultar a tiempo puede marcar una diferencia decisiva en su salud presente y futura.

TAGS:  Adolescencia | Dolor de cabeza | Infancia | Niñez | Salud

CATEGORIA:  Vida | Cuerpo y mente

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