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El cansancio extremo no siempre es falta de voluntad. Escuchar al cuerpo también es parte del bienestar real.

Cuando buscar el bienestar se convierte en algo tóxico

Lo que empieza como una búsqueda de salud puede convertirse en una trampa emocional. Estas señales te ayudarán a detectarlo a tiempo.

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Por Betty Carranza
Publicado el 14 de enero de 2026

 

TU RESUMEN

Lo que comienza como un intento por sentirse mejor puede volverse una fuente de presión y agotamiento. La cultura del bienestar, al volverse rígida y exigente, transforma hábitos saludables en obligaciones que generan culpa y ansiedad. Influencers, redes sociales y productos costosos refuerzan un modelo idealizado que poco tiene que ver con la salud real. Esta nota explora cinco señales clave para identificar cuándo tu autocuidado dejó de hacerte bien. Con base en fuentes especializadas y voces médicas, ofrece una guía clara para volver a un bienestar posible, humano y sostenible, desde la escucha y no desde la exigencia.

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La palabra "wellness" podría sonar lejana o moderna, pero en realidad se refiere a un concepto que muchos buscan: sentirse bien desde lo físico, mental y emocional. Sin embargo, cuando esta idea se convierte en una exigencia permanente, el bienestar puede transformarse en presión, ansiedad y frustración. De hecho, según el portal especializado The Health Guide, la llamada "cultura wellness tóxica" está lejos de hacernos bien: promueve una versión exigente del autocuidado que termina agotando en lugar de sanar.

Del autocuidado al agotamiento

El concepto de wellness nació como un enfoque integral de la salud, que combina ejercicio, alimentación equilibrada, manejo del estrés y buenos hábitos de sueño. En teoría, suena ideal. Pero el problema empieza cuando ese ideal se vuelve una especie de obligación moral: si no comés "limpio", si no madrugás a entrenar, si no te hidratás con tés detox o no meditás a diario, pareciera que no estás haciendo lo suficiente.

Y es ahí donde muchas personas comienzan a experimentar culpa, ansiedad o incluso fatiga crónica.

1. Todo empezó con hábitos saludables

Moverse más, comer mejor, dormir bien: así empieza el camino de muchas personas hacia el wellness. Y es un buen inicio. Sin embargo, ese equilibrio se puede perder cuando la idea de mejorar se convierte en una competencia constante, alimentada por los discursos que circulan en redes sociales.

Un estudio publicado por MDPI Health en 2023, que analizó contenido de bienestar en TikTok, reveló que la mayoría de publicaciones bajo hashtags como #healthylifestyle o #wellnesslife promueven mensajes que refuerzan la perfección corporal, el autocontrol extremo y la asociación entre disciplina y valor personal.

2. Aparecen los gurús del bienestar en redes sociales

Con frases como "si no te levantás a las 5 AM a meditar, no querés cambiar" o "no es hambre, es falta de voluntad", proliferan los influencers que venden un modelo único de vida saludable. Jugos milagrosos, suplementos costosos, dietas hiperestrictas y rutinas de ejercicio extenuantes comienzan a instalarse como "normales".

Cuando la comida se vuelve un reto mental, es momento de preguntarte si estás buscando salud o cumpliendo reglas que no son tuyas.
Cuando la comida se vuelve un reto mental, es momento de preguntarte si estás buscando salud o cumpliendo reglas que no son tuyas. / Shutterstock

Y lo más problemático: muchos de estos mensajes no provienen de profesionales de la salud, sino de figuras carismáticas con buena estética digital. La psicóloga de la Universidad Complutense de Madrid, Marta del Pino, señala que "la salud en redes se ha estetizado y simplificado tanto, que deja fuera la diversidad de cuerpos, contextos y emociones reales".

3. Empezás a sentir culpa por no hacerlo perfecto

Sentirte cansado se vuelve "falta de disciplina". Tener hambre es "falta de control". No bajar de peso es "no esforzarte lo suficiente". La cultura wellness tóxica repite estas ideas hasta convertirlas en verdades absolutas, sin considerar aspectos fisiológicos, hormonales o emocionales.

Según la doctora Carola Pappalettere, cardióloga y especialista en nutrición deportiva, "a veces lo que sentimos no es desmotivación, sino fisiología: falta de energía disponible, estrés acumulado o simplemente vida real". Y añade: "el problema no es querer sentirse mejor, sino hacerlo desde un lugar de exigencia constante y autoexigencia implacable", comenta desde su cuenta de Instagram.

4. Tu cuerpo da señales, pero ya no lo escuchás

Una de las paradojas de esta cultura es que, en nombre del bienestar, muchas personas desconectan de sus propias señales corporales. Ignorás el sueño para entrenar. Tomás café en vez de descansar. Te pesás todos los días y eso define tu estado de ánimo. El autocuidado deja de ser compasión y se vuelve autocontrol.

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Un artículo de BetterHelp, una plataforma de salud psicológica avalada por expertos, advierte que este tipo de bienestar puede derivar en estrés crónico, fatiga mental y baja autoestima. "No hay bienestar posible si te tratás como una máquina que debe rendir todo el tiempo", resume la publicación.

5. Tu bienestar depende de productos y rituales costosos

Tés detox, colágeno, yoga con suplementos, rutinas que requieren apps, gadgets, batidos o retiros espirituales… Cuando el wellness se vuelve consumo obligatorio, también se vuelve excluyente. Y esa es otra cara del problema: nos hace sentir que el bienestar es un privilegio que no todos pueden alcanzar.

Según un reporte de The Health Guide, el mercado global de productos wellness superó los 4 billones de dólares, impulsado principalmente por redes sociales. El problema no es consumirlos, sino creer que sin ellos no podés estar bien.

Recuperar un bienestar real, imperfecto y posible

No se trata de dejar los buenos hábitos. Se trata de revisar desde dónde los hacés. Si tu rutina de salud te genera más ansiedad que alivio, es momento de pausar. Si te estás comparando con personas que viven de mostrarse perfectas, cuestioná esa imagen. Y si tu cuerpo te pide descanso, tal vez el acto más saludable sea escuchar.

El verdadero wellness no es un uniforme ni una competencia. Es un camino de reconexión personal. Donde caben los días productivos y también los lentos. Donde el autocuidado es también soltar la culpa.

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