Lunes 4 de septiembre


Del Convento al Rincón del Diablo

De las escuelas más recónditas del país surgen historias donde la vocación y necesidades de maestros y alumnos son más fuertes que la adversidad

Susana Joma
El Diario de Hoy

El Convento es una escuela asentada en el caserío del mismo nombre, en Jucuarán, Usulután. Un lugar lejano comunicado por un solo camino de acceso que, por lo quebrado del terreno, lleva horas recorrerlo.

Enseñar a los 150 niños que asisten al Centro Escolar El Convento es una labor de vocación y necesidad.

Rosa Emilia Castro, una de las tres mujeres usulutecas que fungen como docentes, afirma que sale muy temprano de Concepción Batres y, para llegar a tiempo a dar clases, tiene que tomar una ruta distinta del camino.

Así, desde el desvío Las Crucitas y desafiando el peligro de ser asaltada o violada, como es frecuente en la zona rural, avanza 45 minutos cuesta abajo por veredas. El ascenso es más duro y tiene que ser más rápido cuando cae la tarde.

Un aula para todos

La escuela es una galera de ladrillos y techo de asbesto sin divisiones de aulas, donde los niños de parvularia se confunden con los de básica. "Ojalá pronto nos construyeran un aula sólo para parvularia, nos enviaran pupitres para ellos, pizarras y material didáctico", dice Rosa Emilia.

La falta de infraestructura se conjuga con la ausencia del servicio de agua potable, un denominador común en muchas escuelas rurales.

La atención en salud es mínima. Este año, los promotores sólo han llegado una vez a dejarles medicamentos contra los parásitos y vitaminas, pero las gripes y enfermedades de la piel son muy frecuentes.

En El Convento es usual encontrar adolescentes que cursan primer o segundo grado, o lidiar con la falta de materiales para preparatoria y libros. Curiosamente, en las escuelas de la zona oriental que se visitaron sólo había maestras, y en las de occidente, sólo hombres.

Muchas escuelas existen porque las comunidades toman la iniciativa. Eso ocurrió en el cantón Las Mesas, de La Libertad, donde, hace cinco años, los residentes, con apoyo del programa Plan Padrino y Fe y Alegría, erigieron algunas aulas.

El acceso a este lugar tampoco es fácil, de ahí que antes se le conocía como Rincón del Diablo.

A la escuela de Las Mesas asisten, de parvularia a sexto grado, 95 niños de las comunidades El Potrerón, Las Mesas, caserío El Sálamo, El Cimarrón y Los Naranjos.

Hasta sexto grado

El peligro del camino hace que los padres se resistan a enviar a sus hijas a Acajutla para continuar tercer ciclo y bachillerato.

El director Santos Raymundo Alvarado explica que, si bien aún no necesitan más aulas, solicitan al gobierno ayuda para construir la dirección, salón para la biblioteca, bodega y un muro para evitar que el terreno se continúe lavando y las aulas se derrumben. Tampoco tienen agua potable, electricidad ni atención sanitaria.

Los residentes, en su mayoría, son agricultores que llegaron ahí huyendo de la guerra.


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