Escuelas Bajo el
yugo de las necesidades
La educación de calidad es algo a
lo que todos los niños tienen derecho.
Para alcanzar lo que no es una
aspiración, los gobiernos deben
establecer políticas efectivas de trabajo
e inversión en este rubro; los
empresarios, el de acompañarlos, y los
ciudadanos, aprovechar el servicio que se pone
en sus manos
- Susana
Joma
- El Diario
de Hoy
Una
de cada tres escuelas que funcionan en el
país necesitan apoyo material para tener
una infraestructura que responda a las
necesidades de los profesores y estudiantes. Mil
672 escuelas, del total de 4,900 que contabiliza
el ministerio de Educación presentan un
deteriodo que repercute en la calidad de la
enseñanza.
La mayoría de esos centros educativos
requiere construcción de aulas para
atender más escolares, salones para
laboratorios o bibliotecas, muros para proteger
los pocos bienes de los delincuentes,
estructuras para evitar la erosión de los
terrenos, cambio total de techos y reparaciones
de sanitarios.
En el área rural, a las necesidades
descritas se suman otras cuya solución
depende de la intervención
interinstitucional y de la coordinación
con las municipalidades, por ejemplo la falta de
agua potable, de energía eléctrica
y pésimas vías de acceso.
San Salvador, Usulután, San Miguel, La
Libertad, Santa Ana, Chalatenango, La
Unión y La Paz son los departamentos que
tienen más escuelas con problemas de
infraestructura.
El dedo en la llaga
El Diario de Hoy constató este tipo de
fallas durante visitas a 10 escuelas ubicadas en
cantones de las zonas oriental y occidental del
país. También lo ha hecho en los
últimos meses en escuelas de municipios
ubicados en San Salvador, donde, tras varios
años de desatención, el gobierno
ha comenzado a desarrollar proyectos de esta
naturaleza.
Entre 1998 (año en que el
número de escuelas con problemas de
infraestructura era de 2,449 escuelas) y lo que
va de este año, el gobierno ha logrado
solventar el problema en 777 centros educativos,
con lo cual el déficit se redujo a
1,672.
Aunque el gobierno ha obtenido recursos del
Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y de
Japón para ayudar a unas 800 escuelas,
todavía hay alrededor de 400 sin
financiamiento.
El actual déficit de infraestructura
es un problema que va más allá de
la guerra o los desastres naturales para
situarse en la falta de planificación del
gobierno y las municipalidades ante el
crecimiento de la demanda del servicio
educativo.
Unir
esfuerzos
Al viajar al interior del país se
constata varias situaciones, entre ellas que las
alcaldías, dependiendo de sus recursos,
suelen apoyar a las comunidades donde el
servicio educativo es deficiente o no lo
hay.
Tras insistentes peticiones, algunas
comunidades gestionan terrenos para construir
una escuela, otras ayudan a la
construcción de las primeras aulas. Hasta
ahí va bien, pero hay casos en que el
desconocimiento mutuo hace que una y otra parte
hagan esfuerzos dobles o parciales.
Los resultados serían más
efectivos si hubiese coordinación entre
las alcaldías, Ministerio de
Educación y las organizaciones no
gubernamentales que trabajan en la zona
rural.
Aunque no se trata de abrir escuelas a
"tientas y locas", hay centros educativos, como
la hacienda la Reforma, en Moncagua, San Miguel,
que fueron construidos hace unos cinco
años con dos o tres aulas, y que ahora
solicitan más salas porque la demanda
para primer grado ha crecido y es indispensable
el tercer ciclo. La misma situación
ocurre en el Centro Escolar Cantón
Tepiagua, en La Libertad.
Otras escuelas son menos afortunadas. El
caserío El Puente, cantón
Gualamá, de Chapeltique, empezó a
funcionar hace unos cuatro años en una
reducida casa de baharaque alquilada, y, a la
fecha, no han logrado siquiera obtener un
terreno.
La situación de estas escuelas, muchas
veces desconocida por el Ministerio de
Educación, plantea no sólo la
necesidad de censos cada cierto tiempo, sino de
supervisiones constantes en el área
rural.
Así podrían encontrar que
algunos proyectos que se han realizado
recientemente con fondos internacionales o
locales, se limitan, quizás con miras a
ahorrar dinero, a ser construcciones mixtas sin
divisiones de aulas, con techos muy bajos, sin
pintura, con sanitarios mal instalados, que
obligará a nuevas inversiones a corto
plazo.
Del
Convento al Rincón del
Diablo
De las escuelas
más recónditas del país
surgen historias donde la vocación y
necesidades de maestros y alumnos son más
fuertes que la adversidad