Lunes 4 de septiembre


Una negociación con el arma cargada

El decreto legislativo para regular las utilidades de las compañías petroleras nació en el Órgano Ejecutivo. Una hábil maniobra gubernamental ha permitido alejarse de él y presentarlo como un producto de la Asamblea y una fuerte carta de negociación

Luis Laínez
El Diario de Hoy

Miguel Lacayo, ministro de Economía, empezó hace siete meses a dialogar con los representantes de las compañías petroleras transnacionales. La principal carta de negociación era una amenaza: si no se decidían por sí mismas a reducir sus márgenes de utilidad, la Asamblea Legislativa lo haría. El Ministro tenía un arma entre las manos.

Sin embargo, el mismo Lacayo reconoció, ante los diputados de la Comisión de Economía, que las pláticas no llegaron a nada. Las tres compañías petroleras, en tres diferentes cartas enviadas a los diputados, sostienen que fue Lacayo quien se retiró de la mesa de negociaciones y que no les propuso ninguna alternativa.

También fue el mismo Lacayo quien avaló el decreto pare regular las ganancias. Formalmente, la propuesta fue presentada por Jorge Villacorta, diputado del CDU, aunque los parlamentarios reconocen por lo bajo que Villacorta recibió del Ministerio de Economía, si no el documento por escrito, las ideas para redactar el anteproyecto del decreto.

Lacayo quiso parecer abierto a la negociación y propuso, un día después de que los diputados ya habían decidido aprobar el decreto, aumentar un poco los márgenes de ganancia. Este fue el documento aprobado.

El resultado: el Gobierno parecía alejarse de un decreto que surgía como otro de los excesos legislativos, tales como la condonación de las deudas agrarias o la suspensión de los juicios de embargos.

No obstante, todo parece indicar que el decreto nació en el seno del Organo Ejecutivo, algo así como la munición para cargar el arma de Lacayo.

Presión, nada más

La amenaza del Ejecutivo se cumplió: la Asamblea aprobó un decreto para regular el margen de ganancia por la venta de combustibles.

Sin embargo, algo no estaba bien. Cuando se aprobó la condonación o la suspensión de embargos, fueron los diputados de oposición los que levantaron sus manos.

En esta ocasión, fue el PCN el que se opuso, pese a que un par de horas antes su representante en la Comisión de Economía había anunciado el respaldo pecenista en contra del oligopolio de los combustibles.

El decreto, básicamente, fue respaldado por ARENA y el FMLN. No fue la típica ley contra el gobierno, aprobada por la oposición.

Muy pronto, círculos empresariales empezaron a atacar la regulación estatal del mercado. Fue entonces que ARENA, "asustada por el petate del muerto", en palabras del arenero Orlando Arévalo, se echó para atrás.

Este movimiento político también buscaba alejar al partido en el Gobierno del exceso legislativo.

Es probable que nunca haya pasado por la mente del presidente Francisco Flores la sanción de este decreto.

De hecho, no es nada conveniente &emdash;para ningún Gobierno en el mundo&emdash; sentar el precedente de regular precios a través de decretos legislativos y no por el libre juego de la oferta y la demanda.

En esa lógica, Flores, desde Guatemala, durante una cumbre de presidentes de Centroamérica y México, anunció una segunda oportunidad para las petroleras. El tiempo que tarda un decreto legislativo para convertirse en ley sería la última oportunidad para que las petroleras pudieran llegar a un acuerdo con el Ministerio de Economía.

"¡Chantaje!"

Para Roberto Lorenzana, del FMLN, el Presidente utiliza el decreto legislativo como una especie de chantaje contra las petroleras.

Para el mandatario, sin embargo, del resultado de las negociaciones con las petroleras dependerá si el decreto es observado, vetado o sancionado.

Es decir, si las petroleras no aceptan los términos de Economía, Flores no dudará en sancionar el decreto. Pero la apuesta del Ejecutivo es hacer que las transnacionales tomen por sí mismas la decisión de bajar sus utilidades y no por la presión de una ley.

De paso, la reducción de los márgenes de utilidad permitirá el ingreso de más competencia en el mercado de combustibles.

El objetivo final del Gobierno es liberalizar el sector dentro de dos o tres años, el tiempo que durará el decreto.

Mientras tanto, habrá un poco de regulación estatal. Las petroleras se verán obligadas a ahuecar y permitir competencia.

Si la historia se hubiera desarrollado en el lejano oeste, el comisario hubiera amenazado primero con sacar su pistola descargada. Luego, habría advertido que la llenaría de munición, y una vez cargada, dejaría abierta la posibilidad de halar el gatillo.

¿Una buena estrategia de negociación? Tal vez.

Todavía falta un par de semanas para saber el resultado de las reuniones secretas entre Lacayo y los representantes de las petroleras. Mientras tanto, los tiros ya están en la recámara.


[Nacional] [Negocios] [Deportes] [Editorial] [Escenarios] [El País] [Chat]
[
Obituario] [Escríbanos] [Ediciones anteriores] [Otros Sitios] [Hablemos] [VIDA] [Guanaquín] [Vértice]
[
RUZ'00] [Portada] [Planeta Alternativo]

Copyright 1995 - 2000. El Diario de Hoy
Derechos Reservados. Prohibida su reproducción total o
parcial sin autorización escrita de su titular.
www.elsalvador.com