Una vida de lucha y
éxito
Juan Alwood ha dedicado la mayor parte de
su vida a trabajar por la salud de los
salvadoreños. Aunque se retiró
hace ya algunos años, la obra que
realizó durante más de medio siglo
sigue siendo motivo de reconocimiento y
distinción. Hoy, lo declaran
"Médico Salubrista del Milenio"
- Mayuly
Ferrufino
- El Diario
de Hoy
Juan
Allwood Paredes nació el 28 de diciembre
de 1911, en Santa Rosa de Lima, departamento de
La Unión. Pronto cumplirá 89
años. Su vida es una relato interminable
de viajes y, sobre todo, de
sabiduría.
Los años parecen haber reforzado sus
gestos de caballero y dejado en sus ojos las
marcas indelebles de la experiencia.
Aunque asegura que su vida ha sido normal y
que en ella no hay eventos que puedan hacerla
espectacular, lo cierto es que Juan Allwood ha
sido un precursor en muchos aspectos.
Cuando se recibió de bachiller del
Instituto Nacional Francisco Menéndez
(INFRAMEN), era el año 1929. El
país estaba en crisis y el desempleo
rozaba niveles catastróficos.
"Había mucha miseria en ese tiempo",
recuerda el doctor Allwood mientras describe las
oficinas del ferrocarril, afuera de la cual,
cientos de hombres esperaban poder obtener un
trabajo.
Ese mismo año, Juan Allwood
comenzó la escuela de medicina y se
graduó diez años después,
con los primeros escarceos de la Segunda Guerra
Mundial.
En 1940, tuvo a su cargo la primera Unidad de
Salud del país, fundada en Santa Tecla.
Médicos de otros países la
visitaban con el fin de aprender y establecer
estructuras similares en sus naciones de
origen.
La penicilina apenas comenzaba a usarse en El
Salvador y existía un comité, del
que el doctor Allwood formaba parte, que
decidía quiénes podían
recibir este medicamento tan beneficioso, pero
tan escaso.
"Eran decisiones muy difíciles, pero
sólo contábamos con 50 dosis",
recuerda este médico que obtuvo su
título en Salud Pública en la
Universidad de John Hopkins, en Baltimore,
Estados Unidos. En ese tiempo, este grado era
prácticamente desconocido en El Salvador
y, además, tenía una
connotación negativa.
Juan Allwood asegura que el trabajo era
fuerte, aunque las satisfacciones, eran mayores,
ya que en los años que dirigió la
Unidad de Salud se hizo una gran labor en la
lucha contra enfermedades como el dengue, el
paludismo y la poliomielitis.
La vida de Juan Allwood no sólo
incluye logros profesionales y
académicos.
Tiene la satisfacción de haber
procreado cinco hijas y de tener a su lado a su
esposa, la doctora Adela del Rosario Cabezas de
Allwood, quien asegura será su
compañera "hasta que llegue el
final".
Una de sus más grandes influencias es
su padre, el médico Stanley George
Allwood, quien no sólo le dio el ser,
sino que, además, le ofreció los
consejos más importantes de su vida.
Tres directivas
"Cuando salí de bachiller, me
felicitó por las buenas calificaciones y
me dijo: 'Nunca se sacará la
lotería, trabaje', 'Nunca haga amistad
con alguien capaz de enviar un anónimo' y
'Pague todas sus deudas'", relata.
El doctor Allwood asegura que ha cumplido con
los consejos de sus padre y que en esta etapa de
su vida no tiene deudas materiales, espirituales
ni sociales.
Según él, aunque el mundo es un
medio áspero, lo ha tratado bien. Ha sido
testigo de muchos cambios. Observó a su
padre viajar en su mula "Grecia" para dar
consultas en lugares alejados, y lo vio
también viajando en automóvil
cuando las carreteras comenzaron a comunicar a
las poblaciones más remotas.
"La clase de vida que se impone hoy en el
mundo está llena de una gran vitalidad",
asegura, pero lo cierto es que él mismo
ha sido una muestra de la inquietud y movilidad
que ha caracterizado este siglo.
"Creo que tengo un récord. He viajado
a Europa 44 veces. Sólo los pilotos han
ido más veces", sostiene.
En sus casi 89 años de vida, el doctor
Allwood ha sido un médico incansable,
preocupado por sanar y preservar la vida. Hoy,
como reconocimiento a su larga carrera,
recibirá la distinción de
"Médico salubrista del Milenio". Pero no
es el evento o los discursos lo que más
lo impactan y emocionan. El hecho de que sus
colegas reconozcan su esfuerzo significa para
él una alegría que marca la
culminación de su larga de vida de
trabajo.
Para este hombre de mundo, profesional, padre
y esposo, la vida ha sido una carrera de
esfuerzo y, también, de regocijo.
Ha visto amaneceres en decenas de
países alrededor del mundo y, a pesar de
la sabiduría obtenida, guarda siempre una
actitud de humildad y modestia.
Cuando se le pregunta cuáles son los
valores que él considera más
importantes, responde: "La honradez y la
honestidad. Además, hay que ser
comprensivo y tratar de no estorbar a
nadie".