Sábado 4 de noviembre 2000


Una vida de lucha y éxito

Juan Alwood ha dedicado la mayor parte de su vida a trabajar por la salud de los salvadoreños. Aunque se retiró hace ya algunos años, la obra que realizó durante más de medio siglo sigue siendo motivo de reconocimiento y distinción. Hoy, lo declaran "Médico Salubrista del Milenio"

Mayuly Ferrufino
El Diario de Hoy

Juan Allwood Paredes nació el 28 de diciembre de 1911, en Santa Rosa de Lima, departamento de La Unión. Pronto cumplirá 89 años. Su vida es una relato interminable de viajes y, sobre todo, de sabiduría.

Los años parecen haber reforzado sus gestos de caballero y dejado en sus ojos las marcas indelebles de la experiencia.

Aunque asegura que su vida ha sido normal y que en ella no hay eventos que puedan hacerla espectacular, lo cierto es que Juan Allwood ha sido un precursor en muchos aspectos.

Cuando se recibió de bachiller del Instituto Nacional Francisco Menéndez (INFRAMEN), era el año 1929. El país estaba en crisis y el desempleo rozaba niveles catastróficos.

"Había mucha miseria en ese tiempo", recuerda el doctor Allwood mientras describe las oficinas del ferrocarril, afuera de la cual, cientos de hombres esperaban poder obtener un trabajo.

Ese mismo año, Juan Allwood comenzó la escuela de medicina y se graduó diez años después, con los primeros escarceos de la Segunda Guerra Mundial.

En 1940, tuvo a su cargo la primera Unidad de Salud del país, fundada en Santa Tecla. Médicos de otros países la visitaban con el fin de aprender y establecer estructuras similares en sus naciones de origen.

La penicilina apenas comenzaba a usarse en El Salvador y existía un comité, del que el doctor Allwood formaba parte, que decidía quiénes podían recibir este medicamento tan beneficioso, pero tan escaso.

"Eran decisiones muy difíciles, pero sólo contábamos con 50 dosis", recuerda este médico que obtuvo su título en Salud Pública en la Universidad de John Hopkins, en Baltimore, Estados Unidos. En ese tiempo, este grado era prácticamente desconocido en El Salvador y, además, tenía una connotación negativa.

Juan Allwood asegura que el trabajo era fuerte, aunque las satisfacciones, eran mayores, ya que en los años que dirigió la Unidad de Salud se hizo una gran labor en la lucha contra enfermedades como el dengue, el paludismo y la poliomielitis.

La vida de Juan Allwood no sólo incluye logros profesionales y académicos.

Tiene la satisfacción de haber procreado cinco hijas y de tener a su lado a su esposa, la doctora Adela del Rosario Cabezas de Allwood, quien asegura será su compañera "hasta que llegue el final".

Una de sus más grandes influencias es su padre, el médico Stanley George Allwood, quien no sólo le dio el ser, sino que, además, le ofreció los consejos más importantes de su vida.

Tres directivas

"Cuando salí de bachiller, me felicitó por las buenas calificaciones y me dijo: 'Nunca se sacará la lotería, trabaje', 'Nunca haga amistad con alguien capaz de enviar un anónimo' y 'Pague todas sus deudas'", relata.

El doctor Allwood asegura que ha cumplido con los consejos de sus padre y que en esta etapa de su vida no tiene deudas materiales, espirituales ni sociales.

Según él, aunque el mundo es un medio áspero, lo ha tratado bien. Ha sido testigo de muchos cambios. Observó a su padre viajar en su mula "Grecia" para dar consultas en lugares alejados, y lo vio también viajando en automóvil cuando las carreteras comenzaron a comunicar a las poblaciones más remotas.

"La clase de vida que se impone hoy en el mundo está llena de una gran vitalidad", asegura, pero lo cierto es que él mismo ha sido una muestra de la inquietud y movilidad que ha caracterizado este siglo.

"Creo que tengo un récord. He viajado a Europa 44 veces. Sólo los pilotos han ido más veces", sostiene.

En sus casi 89 años de vida, el doctor Allwood ha sido un médico incansable, preocupado por sanar y preservar la vida. Hoy, como reconocimiento a su larga carrera, recibirá la distinción de "Médico salubrista del Milenio". Pero no es el evento o los discursos lo que más lo impactan y emocionan. El hecho de que sus colegas reconozcan su esfuerzo significa para él una alegría que marca la culminación de su larga de vida de trabajo.

Para este hombre de mundo, profesional, padre y esposo, la vida ha sido una carrera de esfuerzo y, también, de regocijo.

Ha visto amaneceres en decenas de países alrededor del mundo y, a pesar de la sabiduría obtenida, guarda siempre una actitud de humildad y modestia.

Cuando se le pregunta cuáles son los valores que él considera más importantes, responde: "La honradez y la honestidad. Además, hay que ser comprensivo y tratar de no estorbar a nadie".


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