Un club
para coreanos
Mal sonido, calor y
poca clientela en Casa Nova
Fue más la expectación. La
inauguración del polémico Club
Casa Nova estuvo llena de fallas. Al final de la
noche, el establecimiento se convirtió en
el lugar de reunión de muchos
coreanos.
- Edward
Gutiérrez
- El Diario
de Hoy
¡Qué
calor! Nadie me dio la bienvenida, a pesar de
que era el día de la
inauguración.
-¿Cuál es la promoción de
esta noche? -pregunto al mesero, que por cierto
estaba sudando.
-¡Ninguna. Sólo la entrada que es
gratis! -contestó.
"¡Ni modo, tendré que pagar la
gaseosa!", pensé.
La oscuridad era tal que no pude leer el
menú.
De pronto el sonido de mi estómago se
mezcló con la voz de una
señorita.
Era la cantante. Después de 30 minutos
de afinación abrió el
espectáculo.
Su suerte era peor que la mía. Una
falla de sonido la obligó a suspender "la
afinada" interpretación. Por suerte, los
dueños del "Club Casa Nova" tienen una
cantidad de discos compactos.
Qué fallo
Comencé a sudar. El aire acondicionado
no estaba funcionando bien.
Y mientras saboreaba los escasos hielos que
quedaban en el vaso, afueras del polémico
establecimiento, unidades del Cuerpo de Agentes
Metropolitanos montaban guardia.
Eso no preocupó a los dueños
del club, ubicado en las instalaciones del ex
cine Variedades. El grupo de orientales
conversaban, tranquilamente, con Irving
Rodríguez, de la Alcaldía de San
Salvador.
Transcurrieron unos minutos, los coreanos
ingresaron a su establecimiento. ¡La
Alcaldía no pudo clausurar el
negocio!
¿A dónde están?
La euforia había pasado. Muchos
llegamos al "Club Casa Nova" sólo para
presenciar su "corta vida". Pero no fue
así.
Los pocos salvadoreños (lo sé
por sus rasgos) abandonaron el lugar. En un
abrir y cerrar de ojos la tez de la cantante
había cambiado.
¡Oh, sorpresa... también es
coreana! La música latina se
transformó en asiática. El
público también.
"¡Esto parece una celebración de
Corea más que la apertura de un
negocio!", dije en mi interior.
No soporté más. Pagué
los 87 colones de la factura y huí al
parqueo. Esperé más de viente
minutos para sacar mi carro de ese lugar, un
coreano me había "encuchado".
¡Mi suerte seguía igual!