Lunes 6 de noviembre 2000


Un club para coreanos
Mal sonido, calor y poca clientela en Casa Nova

Fue más la expectación. La inauguración del polémico Club Casa Nova estuvo llena de fallas. Al final de la noche, el establecimiento se convirtió en el lugar de reunión de muchos coreanos.

Edward Gutiérrez
El Diario de Hoy

¡Qué calor! Nadie me dio la bienvenida, a pesar de que era el día de la inauguración.

-¿Cuál es la promoción de esta noche? -pregunto al mesero, que por cierto estaba sudando.

-¡Ninguna. Sólo la entrada que es gratis! -contestó.

"¡Ni modo, tendré que pagar la gaseosa!", pensé.

La oscuridad era tal que no pude leer el menú.

De pronto el sonido de mi estómago se mezcló con la voz de una señorita.

Era la cantante. Después de 30 minutos de afinación abrió el espectáculo.

Su suerte era peor que la mía. Una falla de sonido la obligó a suspender "la afinada" interpretación. Por suerte, los dueños del "Club Casa Nova" tienen una cantidad de discos compactos.

Qué fallo

Comencé a sudar. El aire acondicionado no estaba funcionando bien.

Y mientras saboreaba los escasos hielos que quedaban en el vaso, afueras del polémico establecimiento, unidades del Cuerpo de Agentes Metropolitanos montaban guardia.

Eso no preocupó a los dueños del club, ubicado en las instalaciones del ex cine Variedades. El grupo de orientales conversaban, tranquilamente, con Irving Rodríguez, de la Alcaldía de San Salvador.

Transcurrieron unos minutos, los coreanos ingresaron a su establecimiento. ¡La Alcaldía no pudo clausurar el negocio!

¿A dónde están?

La euforia había pasado. Muchos llegamos al "Club Casa Nova" sólo para presenciar su "corta vida". Pero no fue así.

Los pocos salvadoreños (lo sé por sus rasgos) abandonaron el lugar. En un abrir y cerrar de ojos la tez de la cantante había cambiado.

¡Oh, sorpresa... también es coreana! La música latina se transformó en asiática. El público también.

"¡Esto parece una celebración de Corea más que la apertura de un negocio!", dije en mi interior.

No soporté más. Pagué los 87 colones de la factura y huí al parqueo. Esperé más de viente minutos para sacar mi carro de ese lugar, un coreano me había "encuchado".

¡Mi suerte seguía igual!


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