Domingo 26 de noviembre


¡Ay, que me come el tigre!

Mi abuelita Catalina contaba un su chiste más viejo que Maricastaña. A un campesino medio tonto y medio bravo le preguntaban qué haría si lo perseguía un tigre. El campesino contestaba que se subiría a un palo de coco bien alto. Y el interlocutor lo atajaba diciéndole qué haría si no hubiera palo de coco.

Lito Montalvo

-Pues me meto a una casa -respondía el campesino- tratando de huir del tigre.

-¿Y si no hay casa?

-Me tiro a un río.

-¿Y si no hay río?

Entonces el campesino, ya enojado, desenfundaba el corvo al estilo ex patrullero cansado y le decía al otro: -Mirá, vos lo que querés es que me coma el tigre.

Traigo esta historia del siglo antepasado, pues dicen que mi abuelita nació en 1876, no por los tigres que se escaparon del circo de los Hermanos Aguilar, después de un accidente de vehículos, sino por otro bolado. Pero antes del bolado… ¡púchica!, qué susto se llevaron los vecinos de Candelaria de la Frontera. Me cuenta un chero que se le puso todo erizo el pelo cuando entró a la sala de su casa y encontró un tigre echado en el sofá, viendo la televisión.

Pero, gracias a Dios, los tigres, que los anunciaban como las fieras más peligrosas del mundo, eran mansos gatitos y no le hicieron daño a nadie. Dicen que el más osado y jefe de la manada se comió un chompipe. No porque le gustara mucho el plumífero, sino porque era la víspera de "Thanksgivings Day" o Día de Acción de gracias, tradición en la que, allá en los Estados Unidos, se come pavo. También me contaron que el tigre se comió a un chucho seco y bayunco que le salió a ladrar. Dicen las malas lenguas que de los trece tigres tragantones sólo recogieron doce, pues al domador se lo domaron los tigres. Así que a mis amigos de Candelaria de la Frontera y San Antonio Pajonal les recomiendo que se pongan buzos si ven por allá un gatito amarillo con rayas negras.

Pero quiero volver al bolado del cuento de mi abuelita, del campesino que no quería que se lo comiera el tigre. Resulta que esta semana, así como quien dice, sin avisar, sin decir agua va, los salvadoreños nos acostamos en colones y nos levantamos en dólares. La sorpresa que nos dio nuestro cipote Presidente, fue más grande que la que le dio al propio Fidel allá en Panamá. Nuestro coloncito vale tanto como el dólar. Estamos de tú a tú, sin miedo, como demostró cuando encaró al barbudo. ¡Ahora sí, chico! (pero no Merino…) las pupusas, nuestras deliciosas pupusas, las podremos pagar con dos suegras o con el equivalente a un 'quarter' (25 centavos de dólar), una lustrada de zapatos costará 60 centavos de dólar, o tal vez un euro, o media libra esterlina. Dependerá de cómo le quiera dar el vuelto el lustrador, porque usted puede exigir que le acepten sus yenes y pedir el vuelto en quetzales.

Yo no entiendo mucho el bolado ese, y los otros cipotes ministros que han ido a la tele a explicar lo de los bancos y los intereses, más enchibolada han dejado a la Ña Lidia, quien asegura que ahora, cuado vaya a Miami, no tendrá que cambiar dólares, pues los coloncitos valen también allá. Porque en este asunto, así como están de salvadoreñizadas las elecciones gringas, a lo mejor salen los cheles con la bayuncada que quieren colonizar su moneda (porque colonizados ya nos tienen desde hace rato).

Sin embargo ya salieron &emdash;los mismos de siempre&emdash; los tan desgastados economistas y analistas políticos haciendo un análisis de la nueva dolarización, sin antes haberse aprobado la ley y sin saber si el bolado va a funcionar. En otras palabras, el tigre (léase el dólar) anda suelto. A lo mejor no hace nada, porque sólo es un manso gatito con rayas verdes.

Pero volviendo al cuento del que no quería que se lo comiera el tigre, ya salieron algunos diciendo:

¿Y qué pasaría si la gente no sabe manejar los billetes verdes? Pues que utilicen los colones hasta que se acostumbren.

¿Y si los bancos privados no quieren aceptar la dolarización? Pues ya vendrán bancos gringos o japoneses.

¿Y si a los chapines no les gusta aceptar los dólares? Pues que no vendan sus verduras.

¿Y si a Genaro se le cruza por la mente que las tarifas se paguen en rupias o dinares? Pues no se suba al chuzón, váyase a pata al trabajo o cómprese una moto, como don Lito.

¿Y si los diputados opositores no quieren dar los votos? Pues se les retuerce el brazo o se les paga aunque sea en libras esterlinas…

Yo ya me estoy enojando, antes de que suelten al tigre, digo a los dólares. Por lo tanto, no sólo veamos la parte negativa, a lo mejor funciona el bolado, a lo mejor la pensada de los cipotes que nos gobiernan da resultado, a lo mejor mejoramos en nuestra economía, pues "ma pior" no podremos estar.

Fue entonces que se metió en este embrollo la Ña Lidia, que salió con la gran pensada: ¿Y qué pasaría si se devalúa el dólar? Usted lo que quiere es que nos coma el tigre.

Y fin ¡en dólares!


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