¡Ay, que me
come el tigre!
Mi abuelita Catalina contaba un su chiste
más viejo que Maricastaña. A un
campesino medio tonto y medio bravo le
preguntaban qué haría si lo
perseguía un tigre. El campesino
contestaba que se subiría a un palo de
coco bien alto. Y el interlocutor lo atajaba
diciéndole qué haría si no
hubiera palo de coco.
Lito Montalvo
-Pues
me meto a una casa -respondía el
campesino- tratando de huir del tigre.
-¿Y si no hay casa?
-Me tiro a un río.
-¿Y si no hay río?
Entonces el campesino, ya enojado,
desenfundaba el corvo al estilo ex patrullero
cansado y le decía al otro: -Mirá,
vos lo que querés es que me coma el
tigre.
Traigo esta historia del siglo antepasado,
pues dicen que mi abuelita nació en 1876,
no por los tigres que se escaparon del circo de
los Hermanos Aguilar, después de un
accidente de vehículos, sino por otro
bolado. Pero antes del bolado
¡púchica!, qué susto se
llevaron los vecinos de Candelaria de la
Frontera. Me cuenta un chero que se le puso todo
erizo el pelo cuando entró a la sala de
su casa y encontró un tigre echado en el
sofá, viendo la televisión.
Pero, gracias a Dios, los tigres, que los
anunciaban como las fieras más peligrosas
del mundo, eran mansos gatitos y no le hicieron
daño a nadie. Dicen que el más
osado y jefe de la manada se comió un
chompipe. No porque le gustara mucho el
plumífero, sino porque era la
víspera de "Thanksgivings Day" o
Día de Acción de gracias,
tradición en la que, allá en los
Estados Unidos, se come pavo. También me
contaron que el tigre se comió a un
chucho seco y bayunco que le salió a
ladrar. Dicen las malas lenguas que de los trece
tigres tragantones sólo recogieron doce,
pues al domador se lo domaron los tigres.
Así que a mis amigos de Candelaria de la
Frontera y San Antonio Pajonal les recomiendo
que se pongan buzos si ven por allá un
gatito amarillo con rayas negras.
Pero quiero volver al bolado del cuento de mi
abuelita, del campesino que no quería que
se lo comiera el tigre. Resulta que esta semana,
así como quien dice, sin avisar, sin
decir agua va, los salvadoreños nos
acostamos en colones y nos levantamos en
dólares. La sorpresa que nos dio nuestro
cipote Presidente, fue más grande que la
que le dio al propio Fidel allá en
Panamá. Nuestro coloncito vale tanto como
el dólar. Estamos de tú a
tú, sin miedo, como demostró
cuando encaró al barbudo. ¡Ahora
sí, chico! (pero no Merino
) las
pupusas, nuestras deliciosas pupusas, las
podremos pagar con dos suegras o con el
equivalente a un 'quarter' (25 centavos de
dólar), una lustrada de zapatos
costará 60 centavos de dólar, o
tal vez un euro, o media libra esterlina.
Dependerá de cómo le quiera dar el
vuelto el lustrador, porque usted puede exigir
que le acepten sus yenes y pedir el vuelto en
quetzales.
Yo no entiendo mucho el bolado ese, y los
otros cipotes ministros que han ido a la tele a
explicar lo de los bancos y los intereses,
más enchibolada han dejado a la Ña
Lidia, quien asegura que ahora, cuado vaya a
Miami, no tendrá que cambiar
dólares, pues los coloncitos valen
también allá. Porque en este
asunto, así como están de
salvadoreñizadas las elecciones gringas,
a lo mejor salen los cheles con la bayuncada que
quieren colonizar su moneda (porque colonizados
ya nos tienen desde hace rato).
Sin embargo ya salieron &emdash;los mismos de
siempre&emdash; los tan desgastados economistas
y analistas políticos haciendo un
análisis de la nueva dolarización,
sin antes haberse aprobado la ley y sin saber si
el bolado va a funcionar. En otras palabras, el
tigre (léase el dólar) anda
suelto. A lo mejor no hace nada, porque
sólo es un manso gatito con rayas
verdes.
Pero volviendo al cuento del que no
quería que se lo comiera el tigre, ya
salieron algunos diciendo:
¿Y qué pasaría si la gente
no sabe manejar los billetes verdes? Pues que
utilicen los colones hasta que se
acostumbren.
¿Y si los bancos privados no quieren
aceptar la dolarización? Pues ya
vendrán bancos gringos o japoneses.
¿Y si a los chapines no les gusta
aceptar los dólares? Pues que no vendan
sus verduras.
¿Y si a Genaro se le cruza por la mente
que las tarifas se paguen en rupias o dinares?
Pues no se suba al chuzón, váyase
a pata al trabajo o cómprese una moto,
como don Lito.
¿Y si los diputados opositores no
quieren dar los votos? Pues se les retuerce el
brazo o se les paga aunque sea en libras
esterlinas
Yo ya me estoy enojando, antes de que suelten
al tigre, digo a los dólares. Por lo
tanto, no sólo veamos la parte negativa,
a lo mejor funciona el bolado, a lo mejor la
pensada de los cipotes que nos gobiernan da
resultado, a lo mejor mejoramos en nuestra
economía, pues "ma pior" no podremos
estar.
Fue entonces que se metió en este
embrollo la Ña Lidia, que salió
con la gran pensada: ¿Y qué
pasaría si se devalúa el
dólar? Usted lo que quiere es que nos
coma el tigre.
Y fin ¡en dólares!