Domingo 26 de noviembre


Cardenal ordena nuevos sacerdotes y diáconos

En una de las más solemnes ceremonias del Cuarto Congreso Eucarístico, se celebró una misa de ordenación en Catedral Metropolitana

Oscar Tenorio
El Diario de Hoy

La Iglesia Católica tiene ocho nuevos servidores. Son tres sacerdotes y cinco diáconos que ayer fueron ordenados por un ilustre visitante: el Cardenal de La Habana, Cuba, Jaime Ortega y Alamino.

La ocasión para recibirlos no ha podido ser mejor, en pleno apogeo del Cuarto Congreso Nacional Eucarístico, que se celebra en San Salvador.

De ahí que la eucaristía de ayer fuera uno de los momentos más solemnes e importantes de la festiva jornada, que reunió a feligreses provenientes de todo el país.

Al igual que los grandes adornos con inmaculadas flores blancas, la alegría y la devoción inundaron la remozada Catedral Metropolitana. Tanta era la afluencia, que los organizadores tuvieron que restringir el acceso, ya que en "la casa de Dios" sólo quedaba espacio para el incienso y los cantos.

El ambiente

La ceremonia había sido preparada con tanto celo que el ambiente era tan pulcro y solemne, como las voces del grupo de sacerdotes coristas que acompañó la misa.

De sus armarios sacaron sus más preciados artilugios para la ocasión: enormes candeleros dorados -con figuras grabadas de ángeles, santos y apóstoles-, para colocar los cirios; imágenes de un Cristo crucificado y redimido.

La mayoría de feligreses, entre los que estaban algunos conocidos personajes públicos y decenas de desconocidos devotos, quedó absorta ante un ritual pocas veces visto.

La ordenación

El Cardenal Ortega, quien fue enviado por el Papa Juan Pablo II para representarlo en el encuentro eucarístico, pidió a los nuevos ordenados cultivar el espíritu de servicio.

Recordó también las virtudes que debe tener un buen servidor de Dios, tal como lo hizo Jesucristo hace dos mil años. Un día antes había destacado la solidaridad como uno de los bálsamos de estos tiempos convulsos.

Ante el reto, los nuevos sacerdotes y diáconos, vestidos con túnicas blancas, se comprometieron a servir y a cumplir con todos los preceptos que manda la Iglesia. De la misma manera, prometieron obediencia a sus superiores.

Hechos los votos, realizaron uno de los actos más solemnes del ritual. Los ordenados se acostaron boca abajo en el Altar Mayor, mientras el Cardenal Ortega y los demás jerarcas de la Iglesia, que lo acompañaban, les dieron la espalda para pedir por ellos a todos lo santos.

Concluida esa etapa espiritual, la mejor expresión terrenal para felicitarlos fue un aplauso. La especial eucaristía terminó al mediodía.

El Cuarto Congreso Eucarístico continuó en la tarde con una peregrinación de feligreses en la zona de Ciudad Merliot. Horas después, participaron en una vigilia.

Durante el día de hoy se congregará en las canchas de "El Cafetalón", en Santa Tecla, que ha sido acondicionado para la ocasión. Así, lo católicos viven una de las jornadas más festivas del año.


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