Domingo 26 de noviembre


Creatividad con sólo mover las teclas

Magníficos trabajos artísticos surgen del teclado de una vieja máquina de escribir. El creador es don Jorge Alberto Castillo Guevara, un hombre ingenioso que inició esta peculiar actividad hace 50 años.

Guadalupe Hernández
El Diario de Hoy

Las teclas de una antigua máquina de escribir han dado vida, durante más de cinco décadas, a increíbles figuras cuya perfección las convierten en verdaderas obras de arte.

Son las manos habilidosas de Jorge Alberto Castillo, quien, con paciencia y creatividad, logró "pintar" con los caracteres de la máquina iglesias, aves, rostros, paisajes rústicos y urbanos, y muchas imágenes más.

El talentoso maestro de las teclas cuenta que todo comenzó por un error, hace unos 50 años cuando trabajaba como telegrafista, un día le puso el signo de número a un texto. "Observé como una cerca, y de ahí me nació la inquietud de hacer nuevos intentos para crear más figuras", dice.

"Durante mi tiempo libre me la pasaba haciendo cosas sobre la vida, escenas de postales, fotos, y ponía a volar mi imaginación", agrega.

En sus trabajos prevalecen los que evocan la campiña y las tradiciones, pues uno de sus sueños es que los pueblos antiguos nunca se transformen en ciudades modernas.

Sus herramientas

La principal herramienta del señor Castillo es una antigua máquina de escribir portátil de marca Underwood, de los años 60, cuyo carrete se mantiene flojo para poder manipular el papel de acuerdo con el diseño que desea crear.

También utiliza cintas de color negro y rojo. La experiencia lo llevó a pintar cintas con tonalidades amarillas, azules, violetas y verdes, entre otras, a fin de obtener mejores resultados con sus pinturas.

Con el pasar de los años, además, aprendió a cómo colocar las letras y la puntuación en ángulos extraños, dándole forma a todo desde vistas urbanas hasta villas montañosas.

La técnica es sencilla, pero sin faltar la simetría y limpieza, dice.

Hace diez años, don Jorge trascendió en su creatividad, pues comenzó a trabajar en miniaturas con las que ha logrado acaparar aún más los elogios de los amantes del arte.

Logros

A sus 66 años, dice sentirse satisfecho de su labor, la cual sigue considerando como un pasatiempo. "Yo no tengo academia, simplemente soy un aficionado".

Su ingenio lo ha llevado a aparecer en periódicos y revistas internacionales. Ha participado, además, en exposiciones internacionales, que con frecuencia lo llevan hasta los famosos Colegio Truman y Centro Cultural Romero, ambos de Chicago, en Estados Unidos.

Esto le ha permitido cotizar muy bien su trabajo.

Actualmente, este artista que nació en Chalchuapa, Santa Ana, reside en San Salvador, con sus hijos Rudy y Jorge Castillo, quienes también tienen alma de artista en un cien por ciento. En su vivienda, decorada con los trabajos de la familia, sí se respira el olor al arte.

Don Jorge está jubilado desde hace unos cinco años, luego de toda una vida de trabajo en una compañía de telecomunicaciones nacional.


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