Creatividad con
sólo mover las teclas
Magníficos trabajos
artísticos surgen del teclado de una
vieja máquina de escribir. El creador es
don Jorge Alberto Castillo Guevara, un hombre
ingenioso que inició esta peculiar
actividad hace 50 años.
- Guadalupe
Hernández
- El Diario
de Hoy
Las
teclas de una antigua máquina de escribir
han dado vida, durante más de cinco
décadas, a increíbles figuras cuya
perfección las convierten en verdaderas
obras de arte.
Son las manos habilidosas de Jorge Alberto
Castillo, quien, con paciencia y creatividad,
logró "pintar" con los caracteres de la
máquina iglesias, aves, rostros, paisajes
rústicos y urbanos, y muchas
imágenes más.
El talentoso maestro de las teclas cuenta que
todo comenzó por un error, hace unos 50
años cuando trabajaba como telegrafista,
un día le puso el signo de número
a un texto. "Observé como una cerca, y de
ahí me nació la inquietud de hacer
nuevos intentos para crear más figuras",
dice.
"Durante mi tiempo libre me la pasaba
haciendo cosas sobre la vida, escenas de
postales, fotos, y ponía a volar mi
imaginación", agrega.
En sus trabajos prevalecen los que evocan la
campiña y las tradiciones, pues uno de
sus sueños es que los pueblos antiguos
nunca se transformen en ciudades modernas.
Sus herramientas
La principal herramienta del señor
Castillo es una antigua máquina de
escribir portátil de marca Underwood, de
los años 60, cuyo carrete se mantiene
flojo para poder manipular el papel de acuerdo
con el diseño que desea crear.
También utiliza cintas de color negro
y rojo. La experiencia lo llevó a pintar
cintas con tonalidades amarillas, azules,
violetas y verdes, entre otras, a fin de obtener
mejores resultados con sus pinturas.
Con el pasar de los años,
además, aprendió a cómo
colocar las letras y la puntuación en
ángulos extraños, dándole
forma a todo desde vistas urbanas hasta villas
montañosas.
La técnica es sencilla, pero sin
faltar la simetría y limpieza, dice.
Hace
diez años, don Jorge trascendió en
su creatividad, pues comenzó a trabajar
en miniaturas con las que ha logrado acaparar
aún más los elogios de los amantes
del arte.
Logros
A sus 66 años, dice sentirse
satisfecho de su labor, la cual sigue
considerando como un pasatiempo. "Yo no tengo
academia, simplemente soy un aficionado".
Su ingenio lo ha llevado a aparecer en
periódicos y revistas internacionales. Ha
participado, además, en exposiciones
internacionales, que con frecuencia lo llevan
hasta los famosos Colegio Truman y Centro
Cultural Romero, ambos de Chicago, en Estados
Unidos.
Esto le ha permitido cotizar muy bien su
trabajo.
Actualmente, este artista que nació en
Chalchuapa, Santa Ana, reside en San Salvador,
con sus hijos Rudy y Jorge Castillo, quienes
también tienen alma de artista en un cien
por ciento. En su vivienda, decorada con los
trabajos de la familia, sí se respira el
olor al arte.
Don Jorge está jubilado desde hace
unos cinco años, luego de toda una vida
de trabajo en una compañía de
telecomunicaciones nacional.