Jueves 23 de noviembre 2000


Fiscalía: un atentado al pueblo

Belisario Artiga sostiene que la Fiscalía adolece de una serie de problemas económicos y de formación profesional, que la han llevado a convertirse en un atentado en la aplicación de las leyes

Edward Gutiérrez
El Diario de Hoy

La Fiscalía anda peor de lo que se había dicho la semana pasada, cuando su titular, Belisario Artiga, denunció una serie de hechos de corrupción dentro de la institución.

Drogadicción, abortos, actos inmorales y hasta casos de locura son algunos de los casos que se desconocían y que han ocurrido en Fiscalía.

El caso de una empleada que abortó en una sede fiscal con el conocimiento del padre, un fiscal, deja boquiabierto a cualquiera.

O qué decir de los casos sobre hallazgos de condones o consumo de drogas en el interior de los autos oficiales.

El problema de la inmoralidad es sólo una ínfima parte de un problema divulgado por los medios y que no se limita a la corrupción.

El cáncer mayor de la Fiscalía lo constituye la falta de idoneidad del personal, el cual, en abril de 1998, que lanzado a poner en práctica una serie de novedosas normas sin tener la preparación y la vocación adecuada para el nuevo reto, según ha definido el propio Fiscal General.

De acuerdo con Belisario Artiga, hubo un "atentado contra el pueblo" al poner sobre la espalda de la Fiscalía una responsabilidad otrora de jueces, la cual es la persecución e investigación del delito.

"Si yo pudiera crear un delito, crearía el de atentado contra el pueblo", dice al recordar que el ex fiscal general Manuel Córdova Castellanos aceptó adoptar la nueva normativa con un refuerzo de 39 millones de colones, cuando un estudio indicaba que se necesitaban 400 millones.

El 90 % no apto

Cuando Artiga habla de un atentado, está indicando que 9 de cada 10 fiscales no cuentan con los conocimientos ni específicos ni generales para hacer frente a zorros abogados que los desarman al primer encuentro.

¿Qué acaso no se les capacitó?, fue la pregunta obligada.

Una investigación iniciada en mayo por el fiscal indica que antes de lanzar los nuevos códigos se hizo una capacitación de 48 horas, distribuidas en dos semanas.

Los que sacaron notas de siete en adelante obtuvieron sus plazas de nuevos fiscales.

Pero la emoción de ser fiscales no les duró tanto. Pasados unos meses, el 30 % de esos fiscales renunció, porque no aguantó -dijo Artiga- las exigencias de su rol como funcionario del Ministerio Público.

"Entonces se agarró de la calle a cualquiera", manifestó el fiscal al confirmar que muchos abogados y bachilleres que sacaron 4 y 5 de calificación están dentro de la institución.

El peligro mayor

Hubo un fiscal que pidió la captura de una bogado, porque el delito que supuestamente había cometido prescribía al día siguiente, y sin prueba, giró orden de captura.

Este pobre argumento, de un fiscal ante su superior, demuestra lo peligroso que es entregar el poder en manos de inexpertos que pueden jugar con su libertad y su reputación.

La depuración en la Policía, las graves derrotas de la Fiscalía y la investigación interna del fiscal Artiga le llevaron finalmente a proponer una depuración en su interior.

"La Fiscalía necesita sanearse", reitera el fiscal, quien está decidido a aprovechar el momento y tomar los poderes especiales que le permitan depurar la institución. Lo iniciado, afirma, no tiene marcha atrás, y augura que los rumores y desprestigios en su contra comenzarán o, mejor dicho, ya iniciaron, pues se dice que tiene familiares en la institución, lo cual niega.


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