Lunes 20 de noviembre 2000


El país del miedo

Los salvadoreños viven bajo la sombra del miedo. Esto los obliga a tomar medidas de seguridad, quizá desproporcionadas, como convertir el hogar en una fortaleza. El miedo, además, ha ocasionado el nacimiento de la industria de la seguridad privada, que obtiene millonarias entradas gracias a la poca efectividad de las autoridades

Mario Martínez
El Diario de Hoy

Perros entrenados, cámaras ocultas, alambres electrificados, muros de piedra, intercomunicadores, detectores de movimiento, vigilantes nerviosos en cada esquina. La paranoia se ha posesionado de la mente de los salvadoreños.

Ésta es sólo una respuesta al temor de ser la próxima víctima de los delincuentes. Y aunque de enero a agosto de este año, la Policía recibió, a diario, 70 denuncias sobre robo y hurto en todo el país, la reacción de la gente parece a veces bastante desproporcionada.

Ana Munguía -nombre ficticio- vive prácticamente en un búnker. Su casa de la colonia Layco tiene cámaras en su interior; en la entrada, un alto portón corredizo con una doble puerta, cuya parte exterior es un enrejado de tubos; las ventanas tienen balcones de hierro.

El jardín tiene como techo una red de varillas de hierro. El muro que rodea la casa termina en alambre razor electrificado. Posee dos perros entrenados, incluyendo un pit-bull que suelta durante las noches.

A comprar armas

Además de todo eso, ella, su esposo e hijos han comprado armas de fuego.

"No me voy a sentir mal si mato a alguien, ellos también matan", dice con firmeza.

En la casa se han implantado reglas estrictas: nadie sale después de la 8:00 de la noche, prohibido llevar amigos en el vehículo a sus casas, no usar dinero efectivo &emdash;sólo tarjetas con pocos fondos&emdash; y, si algún sospechoso se acerca, no dudar en disparar.

La actitud de Munguía, que paradójicamente es una doctora, se debe a que en 1998 su madre fue asesinada por ladrones en el interior de su propia casa.

Los asesinos saquearon la vivienda y dejaron amarrado a su padre, quien a consecuencia de las lesiones -sufría de diabetes- murió seis meses después.

La pareja pasaba de los ochenta años. La casa quedó revuelta y las paredes llenas de sangre. Lo que le duele es que el crimen quedó impune. Jamás se capturó a nadie.

¿Paranoia? Las encuestas realizadas por diversas empresas señalan que a los salvadoreños les preocupa, en primer lugar, la delincuencia.

Esto se refleja en el incremento en los servicios de seguridad privada. Gracias a personas temerosas como la doctora Munguía, el número de negocios de este tipo se ha incrementado después de finalizar el conflicto bélico, en 1992.

Martín Serpas, gerente de operaciones de la empresa de seguridad privada PROTECSAL, señala que en los últimos años se ha visto un incremento en la demanda del servicio de guardaespaldas, ante las noticias sobre secuestros.

Además, se han popularizados los servicios de vigilancia en las viviendas y la instalación de sistemas de alarmas, que van desde los simples hasta avanzados.

Pero la gente no sólo teme sufrir un encuentro cercano con algún criminal, sino también perder sus bienes, por lo que cada vez más se recurre a empresas de seguros para adquirir pólizas contra robo y hurto.

José Arturo Gómez, director de la Compañía Anglo Salvadoreña de Seguros, indica que la población le preocupa ante todo el robo de sus autos y el saqueo de las viviendas.

Las pólizas por terremotos o incendios que cubren daños en viviendas no son muy populares. Tampoco los seguros de vida; la gente está asegurando principalmente sus bienes materiales, sostiene Gómez.

Las estadísticas policiales reflejan que la población basa sus temores en hechos reales. De enero a agosto se registraron más de cuatro mil denuncias de de robo y hurto de vehículos, es decir, un promedio mensual de 531 vehículos, 17 cada día.

En tanto, la tasa de homicidios se mantiene en seis asesinatos diarios, es decir, 1,475 de enero a agosto, lo que pone al país entre los de mayor tasa de criminalidad en el continente.

Negocio del miedo

El miedo se ha convertido en una lucrativa industria en el país. Se calcula en 150 la cantidad de empresas de seguridad privada.

Según el diputado de izquierda, Manuel Melgar, estos negocios tienen unos 22 mil hombres.

En promedio, las empresas cobran 2,500 colones por cada custodio. Es decir, que al mes perciben 55 millones de colones por prestar el servicio de seguridad.

Al año serían 660 millones de colones, que representa el 27 por ciento de lo que el Estado invirtió en seguridad pública y defensa nacional el año pasado. En 1999 a este rubro se le asignaron 2,401 millones de colones.

En 660 millones de colones no se incluye lo que estas empresas obtienen por otros servicios como asesoría sobre instalaciones de seguridad, sistemas de alarmas, venta de artículos y otros.

Serpas sostiene que si la cantidad de estos negocios se ha incrementado es simplemente porque la gente no confía en la Policía. Pese a que la institución realizó una concienzuda depuración, no parece que la confianza se haya incrementado.

Rapidez del auxilio

También, que la seguridad privada es más rápida que la Policía. PROTECSAL promete llegar a las casas de sus clientes durante una emergencia en un mínimo de 10 minutos.

El tiempo es importante para las personas, pues significa la diferencia en perder los bienes y hasta la vida.

La queja general es que la Policía tarda demasiado, aunque con la implantación del nuevo sistema de emergencia 911, la corporación prometió llegar en un máximo de cinco minutos.

La historia es otra, debido quizá a que la Policía pierde tiempo en atender llamadas de auxilio que en un gran porcentaje son falsas alarmas o bromas de personas.

A la Dra. Munguía no le interesa saber si la Policía funciona o no, ya que ella se siente muy bien protegida en su búnker y con sus dos pistolas:

"He tomado clases de tiro y de karate... cuando estoy en la calle, siempre llevo el dedo en el gatillo", sostiene la desconfiada mujer.


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