El país del
miedo
Los salvadoreños viven bajo la
sombra del miedo. Esto los obliga a tomar
medidas de seguridad, quizá
desproporcionadas, como convertir el hogar en
una fortaleza. El miedo, además, ha
ocasionado el nacimiento de la industria de la
seguridad privada, que obtiene millonarias
entradas gracias a la poca efectividad de las
autoridades
- Mario
Martínez
- El Diario
de Hoy
Perros
entrenados, cámaras ocultas, alambres
electrificados, muros de piedra,
intercomunicadores, detectores de movimiento,
vigilantes nerviosos en cada esquina. La
paranoia se ha posesionado de la mente de los
salvadoreños.
Ésta es sólo una respuesta al
temor de ser la próxima víctima de
los delincuentes. Y aunque de enero a agosto de
este año, la Policía
recibió, a diario, 70 denuncias sobre
robo y hurto en todo el país, la
reacción de la gente parece a veces
bastante desproporcionada.
Ana Munguía -nombre ficticio- vive
prácticamente en un búnker. Su
casa de la colonia Layco tiene cámaras en
su interior; en la entrada, un alto
portón corredizo con una doble puerta,
cuya parte exterior es un enrejado de tubos; las
ventanas tienen balcones de hierro.
El jardín tiene como techo una red de
varillas de hierro. El muro que rodea la casa
termina en alambre razor electrificado. Posee
dos perros entrenados, incluyendo un pit-bull
que suelta durante las noches.
A comprar armas
Además de todo eso, ella, su esposo e
hijos han comprado armas de fuego.
"No me voy a sentir mal si mato a alguien,
ellos también matan", dice con
firmeza.
En la casa se han implantado reglas
estrictas: nadie sale después de la 8:00
de la noche, prohibido llevar amigos en el
vehículo a sus casas, no usar dinero
efectivo &emdash;sólo tarjetas con pocos
fondos&emdash; y, si algún sospechoso se
acerca, no dudar en disparar.
La actitud de Munguía, que
paradójicamente es una doctora, se debe a
que en 1998 su madre fue asesinada por ladrones
en el interior de su propia casa.
Los asesinos saquearon la vivienda y dejaron
amarrado a su padre, quien a consecuencia de las
lesiones -sufría de diabetes-
murió seis meses después.
La pareja pasaba de los ochenta años.
La casa quedó revuelta y las paredes
llenas de sangre. Lo que le duele es que el
crimen quedó impune. Jamás se
capturó a nadie.
¿Paranoia? Las encuestas realizadas por
diversas empresas señalan que a los
salvadoreños les preocupa, en primer
lugar, la delincuencia.
Esto se refleja en el incremento en los
servicios de seguridad privada. Gracias a
personas temerosas como la doctora
Munguía, el número de negocios de
este tipo se ha incrementado después de
finalizar el conflicto bélico, en
1992.
Martín Serpas, gerente de operaciones
de la empresa de seguridad privada PROTECSAL,
señala que en los últimos
años se ha visto un incremento en la
demanda del servicio de guardaespaldas, ante las
noticias sobre secuestros.
Además, se han popularizados los
servicios de vigilancia en las viviendas y la
instalación de sistemas de alarmas, que
van desde los simples hasta avanzados.
Pero la gente no sólo teme sufrir un
encuentro cercano con algún criminal,
sino también perder sus bienes, por lo
que cada vez más se recurre a empresas de
seguros para adquirir pólizas contra robo
y hurto.
José Arturo Gómez, director de
la Compañía Anglo
Salvadoreña de Seguros, indica que la
población le preocupa ante todo el robo
de sus autos y el saqueo de las viviendas.
Las pólizas por terremotos o incendios
que cubren daños en viviendas no son muy
populares. Tampoco los seguros de vida; la gente
está asegurando principalmente sus bienes
materiales, sostiene Gómez.
Las estadísticas policiales reflejan
que la población basa sus temores en
hechos reales. De enero a agosto se registraron
más de cuatro mil denuncias de de robo y
hurto de vehículos, es decir, un promedio
mensual de 531 vehículos, 17 cada
día.
En tanto, la tasa de homicidios se mantiene
en seis asesinatos diarios, es decir, 1,475 de
enero a agosto, lo que pone al país entre
los de mayor tasa de criminalidad en el
continente.
Negocio del miedo
El miedo se ha convertido en una lucrativa
industria en el país. Se calcula en 150
la cantidad de empresas de seguridad
privada.
Según el diputado de izquierda, Manuel
Melgar, estos negocios tienen unos 22 mil
hombres.
En promedio, las empresas cobran 2,500
colones por cada custodio. Es decir, que al mes
perciben 55 millones de colones por prestar el
servicio de seguridad.
Al año serían 660 millones de
colones, que representa el 27 por ciento de lo
que el Estado invirtió en seguridad
pública y defensa nacional el año
pasado. En 1999 a este rubro se le asignaron
2,401 millones de colones.
En 660 millones de colones no se incluye lo
que estas empresas obtienen por otros servicios
como asesoría sobre instalaciones de
seguridad, sistemas de alarmas, venta de
artículos y otros.
Serpas sostiene que si la cantidad de estos
negocios se ha incrementado es simplemente
porque la gente no confía en la
Policía. Pese a que la institución
realizó una concienzuda
depuración, no parece que la confianza se
haya incrementado.
Rapidez del auxilio
También, que la seguridad privada es
más rápida que la Policía.
PROTECSAL promete llegar a las casas de sus
clientes durante una emergencia en un
mínimo de 10 minutos.
El tiempo es importante para las personas,
pues significa la diferencia en perder los
bienes y hasta la vida.
La queja general es que la Policía
tarda demasiado, aunque con la
implantación del nuevo sistema de
emergencia 911, la corporación
prometió llegar en un máximo de
cinco minutos.
La historia es otra, debido quizá a
que la Policía pierde tiempo en atender
llamadas de auxilio que en un gran porcentaje
son falsas alarmas o bromas de personas.
A la Dra. Munguía no le interesa saber
si la Policía funciona o no, ya que ella
se siente muy bien protegida en su búnker
y con sus dos pistolas:
"He tomado clases de tiro y de karate...
cuando estoy en la calle, siempre llevo el dedo
en el gatillo", sostiene la desconfiada
mujer.