Escuela unida en
dolor
Cientos de estudiantes del Centro Escolar
Milingo, profesores y padres de familia se
manifestaron ayer sobre la carretera Troncal del
Norte, clamando justicia y una pasarela para
evitar más accidentes fatales como el del
lunes, donde fallecieron 4 niños
- Katya
Chamagua
- El Diario
de Hoy
El
dolor se ha dejado escuchar y clamor por la
justicia no se ha hecho esperar. Ayer, los
familiares y amigos de los cuatro niños
fallecidos el pasado lunes sobre el
kilómetro 6 1/2 de la carretera Troncal
del Norte, de Ciudad Delgado, manifestaron
públicamente su rechazo a la imprudencia
de los conductores.
De pie, sobre un manto negro y bajo el sol
ardiente de las 10:00 de la mañana, los
dolientes pidieron a gritos justicia y una
pasarela para los menores del Centro Escolar
Milingo.
Los pitos de los carros apostados en largas
filas sobre la carretera no dejaron de sonar,
hasta que los conductores se dieron cuenta de
que los manifestantes no pensaban retirarse de
allí.
El recuerdo de María Elisa
Hernández Navarro, Juan Carlos Rivas
Hernández, Cindy Renderos Alas y
José Luis Contreras (los cuatro
fallecidos) infundió fuerza a sus
compañeros de escuela para permanecer en
pie y sostener las pancartas.
"¡Queremos justicia!",
"¡Conductores, respeten nuestras vidas!",
"¡Exigimos seguridad y una pasarela!", eran
las consignas.
Las profesoras de la escuela animaban a los
niños a agitar sus pañuelos
blancos en señal de duelo.
Y aunque el luto y la pena siempre se visten
de negro, ellos decidieron vestirlo de blanco,
portando pequeños listones atados al
corazón.
Sepultura
Tan sólo a un kilómetro de la
manifestación, la casa de José
Luis Contreras, de 6 años, el menor de
todos los fallecidos, lucía
sombría.
Tras una puerta, su tía, Doris
Contreras, trataba de ocultar su llanto. El
abuelo que caminaba con José Luis de la
mano el día de la tragedia no
asomó su rostro a la luz. Evadió a
los muchachos que visitaron la casa.
Frente a una de las recámaras, el
féretro abierto y arreglado con flores de
crepé impregnaba de silencio la
vivienda.
La incomodidad extraña de no saber
qué decir cuando hay luto y pena hizo
presa de los presentes.
Los padres de José Luis no se
encontraban. Apenas volvieron ayer de Italia, su
país de residencia, para ver cómo
su hijo se hundía bajo la tierra.
Ambos habían planeado llevarse al
niño este diciembre, luego de que se
graduara de preparatoria.
José Luis, María Elisa, Cindy y
Juan Carlos son cuatro víctimas
más, cuya desgracia fue estar en el sitio
menos oportuno cuando alguien ha extraviado la
razón frente al volante.