Jueves 2 de noviembre


Escuela unida en dolor

Cientos de estudiantes del Centro Escolar Milingo, profesores y padres de familia se manifestaron ayer sobre la carretera Troncal del Norte, clamando justicia y una pasarela para evitar más accidentes fatales como el del lunes, donde fallecieron 4 niños

Katya Chamagua
El Diario de Hoy

El dolor se ha dejado escuchar y clamor por la justicia no se ha hecho esperar. Ayer, los familiares y amigos de los cuatro niños fallecidos el pasado lunes sobre el kilómetro 6 1/2 de la carretera Troncal del Norte, de Ciudad Delgado, manifestaron públicamente su rechazo a la imprudencia de los conductores.

De pie, sobre un manto negro y bajo el sol ardiente de las 10:00 de la mañana, los dolientes pidieron a gritos justicia y una pasarela para los menores del Centro Escolar Milingo.

Los pitos de los carros apostados en largas filas sobre la carretera no dejaron de sonar, hasta que los conductores se dieron cuenta de que los manifestantes no pensaban retirarse de allí.

El recuerdo de María Elisa Hernández Navarro, Juan Carlos Rivas Hernández, Cindy Renderos Alas y José Luis Contreras (los cuatro fallecidos) infundió fuerza a sus compañeros de escuela para permanecer en pie y sostener las pancartas.

"¡Queremos justicia!", "¡Conductores, respeten nuestras vidas!", "¡Exigimos seguridad y una pasarela!", eran las consignas.

Las profesoras de la escuela animaban a los niños a agitar sus pañuelos blancos en señal de duelo.

Y aunque el luto y la pena siempre se visten de negro, ellos decidieron vestirlo de blanco, portando pequeños listones atados al corazón.

Sepultura

Tan sólo a un kilómetro de la manifestación, la casa de José Luis Contreras, de 6 años, el menor de todos los fallecidos, lucía sombría.

Tras una puerta, su tía, Doris Contreras, trataba de ocultar su llanto. El abuelo que caminaba con José Luis de la mano el día de la tragedia no asomó su rostro a la luz. Evadió a los muchachos que visitaron la casa.

Frente a una de las recámaras, el féretro abierto y arreglado con flores de crepé impregnaba de silencio la vivienda.

La incomodidad extraña de no saber qué decir cuando hay luto y pena hizo presa de los presentes.

Los padres de José Luis no se encontraban. Apenas volvieron ayer de Italia, su país de residencia, para ver cómo su hijo se hundía bajo la tierra.

Ambos habían planeado llevarse al niño este diciembre, luego de que se graduara de preparatoria.

José Luis, María Elisa, Cindy y Juan Carlos son cuatro víctimas más, cuya desgracia fue estar en el sitio menos oportuno cuando alguien ha extraviado la razón frente al volante.


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