Domingo 19 de noviembre


Hace cuarenta años

Recuerdo aquel tango que dice: "Que veinte años no es nada... Que es febril la mirada..."

Lito Montalvo

Yo ahora puedo decir que, si veinte años no es nada, cuarenta lo serán menos.

Parece que fue ayer cuando un día de noviembre de ¡Uuuu! allá por 1960, el siglo pasado, recibí mi título de Bachiller en Ciencias, Letras y Matemáticas.

Los tres exámenes los pasé raspaditos, raspaditos, pero los tres "diun" solo.

En aquellas épocas era obligatorio examinarse en los privados, porque el título que valía era el que daba el Ministerio de Educación. Recuerdo que se necesitaba pasar dos privados. Letras y Ciencias o Letras y Matemáticas. Nadie podía ser bachiller si no pasaba Letras, es decir, que los bachilleres debían, por lo menos, saber leer y escribir y, al menos, conocer en considerable medida a Sócrates, Cervantes, Shakespeare, Dante, Goethe y a Poe, entre muchos otros autores.

No se vendían privados, como ahora se vende la PAES. A lo sumo, daban clases preparatorias para pasar los exámenes. El que no pasaba, no entraba a la U. que era sólo una. Ahora, la PAES únicamente sirve para calificar al Ministerio. ¡Que Dios se apiade de los nuevos bachilleres! Pero así como hay bachilleres de bachilleres, así también hay universidades de universidades, donde no importa tanto la nota, como la cuota mensual.

Vestido con el traje azul marino, que más tarde sería el de reír y llorar, camisa de cuello almidonado que me raspaba mi mal acostumbrado pescuezo y un corbatín, que nunca pudo quedarse recto, ni en la foto que aún guardo en un baúl de los recuerdos. En ella estoy posando con todo y título al lado de mi querida madre Teresa de Acajutla, a quien tengo la dicha de conservar, a mi mamá, por supuesto, ya que el título vaya Dios a saber dónde lo puse.

El sábado en la noche (este artículo lo estoy escribiendo jueves 16) nos reuniremos los que quedamos de la promoción de 1960, y digo los que quedamos, porque ya varios se nos adelantaron.

Eduardo "La Pepa" Santos, dueño del Aloha (comercial de choto), y Juan "El Caballo" Bolaños, organizadores de tan magno evento, y digo magno, no por haberse graduado de bachiller, sino por haber permanecido con vida por espacio de cuarenta años, han solicitado que seamos puntuales a la reunión, por lo menos para tomar la foto todavía sobrios.

Yo me quería excusar y llegar un poco tarde, porque da la gran casualidad que el mismo día, cuarenta años adelante, se gradúan 144 bachilleres del Liceo Salvadoreño, entre ellos Marcelo Reyes, hijo de mi buena amiga Ana María.

Esta agradable coincidencia me hace recordar muchas cosas.

El edificio del colegio es el mismo de hace cuarenta años, no se ha movido de la Primera Calle Poniente, el cual fue construido por don Napo Duarte cuando todavía no llegaba a presidente.

Posiblemente los profesores sean ahora distintos en su estilo, ya que los que a mi me educaron usaban sotana y cuello blanco y les decíamos hermanos y venían de la Madre Patria, ahora... ya no usan sotana, y son pipiles, así como los alumnos.

Al Hermano Cecilio le llamábamos "Papá Chilo", y al hermano Placido, "Pellejo". Ahora, 40 años más tarde, pocas cosas han cambiado. Ya no está "Papa Chilo" ni "Pellejo", pero está Mario Umaña, a quien nadie sabe por qué le dicen "Morsa", y que seguramente no había terminado el kínder cuando el que esto escribe salió de bachiller.

Pero la alegre fauna liceísta no ha cambiado. Si bien la clase 2000 no utiliza los mismos apodos de hace cuarenta años, a falta de un "Caballo", tienen un "Sapo", y a falta de un "Pichiche", tienen un "Pato". Ellos tienen un "Tenguereche", también nosotros, y además, teníamos un "Cuca".

Nuestra fauna se hace cada día más pequeña. Estamos en proceso de extinción, aunque aún nos queda un "Miquillo", un "Pollo", un "Cuervo", un "Caballito Marino" y un "Chivo" al que, dicho sea de paso, le han reencauchado el corazoncito. Pero en la nueva generación, la fauna viene más nutrida. Aquí encontramos a "Borregos, Coyote, Chango, Mono, Rata, Gato y Morsa". Lo que no encontrarán estos nuevos especímenes liceístas es una vegetación donde guarecerse, pues así como van las cosas, sólo sobrevivirán los alacranes y los camellos en el nuevo desierto de Cuscatlán.

El año 2010 celebraremos los cincuenta años, por lo menos aquellos que logremos llegar a esa fecha, pues cada día se hace más pequeña nuestra promoción. Y para cuando la clase 2000 esté celebrando sus bodas de plata en el 2025, sus veinticinco años de graduados, lo más probable es que no quede ni un solo vestigio de los que nos graduamos hace cuarenta años en 1960. Tal vez para esa época ya no existan el bachillerato, sino un nuevo título llamado "TG" "Técnico Globalizado".

La PAES se resolverá a través de Internet y las clases se recibirán vía celular. Probablemente, ya no habrá fauna liceísta ni flora ni... agua.

Yo por mi parte estoy ansioso de volver a reunirme con mis compañeros, globalizados algunos, pero del estómago, pelones otros, pero contentos de haber llegado a nuestro Décimocuarto Aniversario vivitos y coleando. ¡Felicidades clase 1960 y clase Dos Mil". Y recuerden: ¡Si veinte años no es nada, cuarenta son dos veces nada!

Estimados amigos cibernéticos y hermanos lejanos. Les cuento que ya tengo imprenta para editar mis libros. El Primero "ESTRELLITA", ganadora de los juegos Florales de Zacatecoluca ya está a la disposición. Pídanlos por Internet donlito@yahoo.com o al Teléfono 262-1123.


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