Hace cuarenta
años
Recuerdo
aquel tango que dice: "Que veinte años no
es nada... Que es febril la
mirada..."
Lito
Montalvo
Yo
ahora puedo decir que, si veinte años no
es nada, cuarenta lo serán menos.
Parece que fue ayer cuando un día de
noviembre de ¡Uuuu! allá por 1960,
el siglo pasado, recibí mi título
de Bachiller en Ciencias, Letras y
Matemáticas.
Los tres exámenes los pasé
raspaditos, raspaditos, pero los tres "diun"
solo.
En aquellas épocas era obligatorio
examinarse en los privados, porque el
título que valía era el que daba
el Ministerio de Educación. Recuerdo que
se necesitaba pasar dos privados. Letras y
Ciencias o Letras y Matemáticas. Nadie
podía ser bachiller si no pasaba Letras,
es decir, que los bachilleres debían, por
lo menos, saber leer y escribir y, al menos,
conocer en considerable medida a
Sócrates, Cervantes, Shakespeare, Dante,
Goethe y a Poe, entre muchos otros autores.
No se vendían privados, como ahora se
vende la PAES. A lo sumo, daban clases
preparatorias para pasar los exámenes. El
que no pasaba, no entraba a la U. que era
sólo una. Ahora, la PAES
únicamente sirve para calificar al
Ministerio. ¡Que Dios se apiade de los
nuevos bachilleres! Pero así como hay
bachilleres de bachilleres, así
también hay universidades de
universidades, donde no importa tanto la nota,
como la cuota mensual.
Vestido con el traje azul marino, que
más tarde sería el de reír
y llorar, camisa de cuello almidonado que me
raspaba mi mal acostumbrado pescuezo y un
corbatín, que nunca pudo quedarse recto,
ni en la foto que aún guardo en un
baúl de los recuerdos. En ella estoy
posando con todo y título al lado de mi
querida madre Teresa de Acajutla, a quien tengo
la dicha de conservar, a mi mamá, por
supuesto, ya que el título vaya Dios a
saber dónde lo puse.
El sábado en la noche (este
artículo lo estoy escribiendo jueves 16)
nos reuniremos los que quedamos de la
promoción de 1960, y digo los que
quedamos, porque ya varios se nos adelantaron.
Eduardo "La Pepa" Santos, dueño del
Aloha (comercial de choto), y Juan "El Caballo"
Bolaños, organizadores de tan magno
evento, y digo magno, no por haberse graduado de
bachiller, sino por haber permanecido con vida
por espacio de cuarenta años, han
solicitado que seamos puntuales a la
reunión, por lo menos para tomar la foto
todavía sobrios.
Yo me quería excusar y llegar un poco
tarde, porque da la gran casualidad que el mismo
día, cuarenta años adelante, se
gradúan 144 bachilleres del Liceo
Salvadoreño, entre ellos Marcelo Reyes,
hijo de mi buena amiga Ana María.
Esta agradable coincidencia me hace recordar
muchas cosas.
El edificio del colegio es el mismo de hace
cuarenta años, no se ha movido de la
Primera Calle Poniente, el cual fue construido
por don Napo Duarte cuando todavía no
llegaba a presidente.
Posiblemente los profesores sean ahora
distintos en su estilo, ya que los que a mi me
educaron usaban sotana y cuello blanco y les
decíamos hermanos y venían de la
Madre Patria, ahora... ya no usan sotana, y son
pipiles, así como los alumnos.
Al Hermano Cecilio le llamábamos
"Papá Chilo", y al hermano Placido,
"Pellejo". Ahora, 40 años más
tarde, pocas cosas han cambiado. Ya no
está "Papa Chilo" ni "Pellejo", pero
está Mario Umaña, a quien nadie
sabe por qué le dicen "Morsa", y que
seguramente no había terminado el
kínder cuando el que esto escribe
salió de bachiller.
Pero la alegre fauna liceísta no ha
cambiado. Si bien la clase 2000 no utiliza los
mismos apodos de hace cuarenta años, a
falta de un "Caballo", tienen un "Sapo", y a
falta de un "Pichiche", tienen un "Pato". Ellos
tienen un "Tenguereche", también
nosotros, y además, teníamos un
"Cuca".
Nuestra fauna se hace cada día
más pequeña. Estamos en proceso de
extinción, aunque aún nos queda un
"Miquillo", un "Pollo", un "Cuervo", un
"Caballito Marino" y un "Chivo" al que, dicho
sea de paso, le han reencauchado el corazoncito.
Pero en la nueva generación, la fauna
viene más nutrida. Aquí
encontramos a "Borregos, Coyote, Chango, Mono,
Rata, Gato y Morsa". Lo que no
encontrarán estos nuevos
especímenes liceístas es una
vegetación donde guarecerse, pues
así como van las cosas, sólo
sobrevivirán los alacranes y los camellos
en el nuevo desierto de Cuscatlán.
El año 2010 celebraremos los cincuenta
años, por lo menos aquellos que logremos
llegar a esa fecha, pues cada día se hace
más pequeña nuestra
promoción. Y para cuando la clase 2000
esté celebrando sus bodas de plata en el
2025, sus veinticinco años de graduados,
lo más probable es que no quede ni un
solo vestigio de los que nos graduamos hace
cuarenta años en 1960. Tal vez para esa
época ya no existan el bachillerato, sino
un nuevo título llamado "TG"
"Técnico Globalizado".
La PAES se resolverá a través
de Internet y las clases se recibirán
vía celular. Probablemente, ya no
habrá fauna liceísta ni flora
ni... agua.
Yo por mi parte estoy ansioso de volver a
reunirme con mis compañeros, globalizados
algunos, pero del estómago, pelones
otros, pero contentos de haber llegado a nuestro
Décimocuarto Aniversario vivitos y
coleando. ¡Felicidades clase 1960 y clase
Dos Mil". Y recuerden: ¡Si veinte
años no es nada, cuarenta son dos veces
nada!
Estimados amigos cibernéticos y
hermanos lejanos. Les cuento que ya tengo
imprenta para editar mis libros. El Primero
"ESTRELLITA", ganadora de los juegos Florales de
Zacatecoluca ya está a la
disposición. Pídanlos por Internet
donlito@yahoo.com o al Teléfono 262-1123.