Martes 14 de noviembre 2000


Cuando las creencias superan el amor
El síndrome de los sobadores

Marvin cayó en manos de un sobador. Como consecuencia sufrió una hemorragia en el cerebro. La salud del bebé ha mejorado, pero se desconoce si quedará con secuelas

Mayuly Ferrufino
El Diario de Hoy

Marvin cumplirá dos meses de vida este jueves. Lleva cinco días ingresado en el Hospital de Niños Benjamín Bloom y, gracias a una operación, salió adelante.

Su pequeño cráneo fue dañado por la intervención de un sobador quien, según palabras de su joven madre, le hizo "una cura de aire" contra el mal de ojo.

Marvin vive en un lejano cantón cuya ciudad más cercana es Sensuntepeque. Pero el día en que Marvin convulsionó y pareció morir, la madre, de apenas 21 años, decidió llevarlo al curandero, un hombre que goza de toda la credibilidad del cantón.

"Cuando la gente se enferma, él la cura", asegura la madre, quien recibió el consejo de llevarlo a esas manos inexpertas de su propia progenitora.

"Mi mamá me dijo que podía ser mal de ojo y que mejor lo llevara, porque se podía morir", recuerda la madre mientras, preocupada, espera noticias de su hijo en la sala de espera.

Antemisa, orégano y ruda. Esos fueron los elementos que conformaron el hechizo contra el mal de ojo. Pero lejos de curarse, Marvin se agravó. Su color se tornó pálido y convulsionó. Fue cuando la madre decidió arriesgarse y traer al niño hasta San Salvador.

Los médicos conocen bien el cuadro típico de estos niños que, por lo general, reciben la "sobada" antes de cumplir el año y medio de edad. "Nos llegan de tres a cinco casos al mes. Según la época, el número puede aumentar", explica el médico intensivista, Carlos Flamenco. Las consecuencias de la "sobada" pueden ser fatales.

En el caso de Marvin, la "sobada" provocó una hemorragia en el cerebro y, aunque ésta fue controlada oportunamente, lo cierto es que su vida corrió gran peligro.

En muchos casos, los niños "sobados" mueren irremediablemene en la Unidad de Cuidados Intensivos. En otros, los bebés quedan con serias secuelas. Pueden perder el oído, la vista o la capacidad de movilizarse.

La jefa de Cuidados Intermedios del Hospital Bloom, Mirna Pérez Carbajal, asegura que los casos de niños "sobados" suelen incrementarse cuando hay diarreas, es decir, durante los meses de mayo, junio y julio.

La gravedad de las lesiones se deben a que las fontanelas, huesos en formación de la parte superior del cráneo, aún no se han solidificado y cerrado.

La manipulación de esta parte de la cabeza del niño, como se hace cuando se "chupa la mollera" o golpear los pies del niño con fuerza, puede causar una hemorragia craneoencefálica mortal. Los numerosos casos ponen de manifiesto la fe de la gente en estas figuras, pero, sobre todo, la falta de recursos para asistir a centro hospitalario que brinden una atención adecuada.

"Estos curanderos cobran, a veces, cinco colones; otras se conforman con una gallina", sostiene el médico intensivista, Oscar Sánchez Vela. Por el momento, Marvin se recupera favorablemente. Come con normalidad y permanece consciente, pero aún no se sabe cuándo recibirá el alta.


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