Domingo 12 de noviembre


Difícil acceso a la educación superior

A pesar de que la Universidad de El Salvador tiene cuotas más bajas que las universidades privadas, comparte el problema de la deserción estudiantil debido a los problemas económicos

Susana Joma
El Diario de Hoy

Flor de María Orellana, Jorge Alberto Centeno y Juan Antonio García son adolescentes que tienen mucho en común. Bachilleres de la promoción 2000 del Instituto Nacional Francisco Menéndez (INFRAMEN), han sido compañeros en la Banda de Paz, aspiran a continuar sus estudios en la universidad, pero la situación económica de los padres les impide dar ese salto educativo.

¿Será Flor periodista algún día, podrá Jorge estudiar derecho y Juan graduarse de profesor?

A pesar de los inconvenientes, estos amigos no cesan en su empeño. Los dos primeros preparan un examen para el dos de diciembre en la Universidad de El Salvador (UES). Juan, un poco más preocupado, está en la obligación de trabajar para estudiar en la institución privada que eligió.

El vicerrector académico de la UES, Ing. José Francisco Marroquín, afirma que las cuotas de los más de 30 mil estudiantes de la universidad varían entre los ¢10.00 y los ¢150.00. La propia institución hace estudios socioeconómicos para fijar las cantidades.

En las universidades privadas, la realidad es diferente. Normalmente, los jóvenes que ingresan, cuentan con un soporte económico muy superior.

Carlos M., un estudiante de Licenciatura en Ciencias Jurídicas de la Universidad Tecnológica, expresó que además de la matrícula de inicio de ciclo, cada mes cancela 380 colones en concepto de cuota. Su gasto se eleva hasta los ¢700 ó ¢800, si sumamos los ¢117 en transporte, unos ¢55. o más en fotocopias y cerca de ¢200 en libros, según el ciclo y las exigencias de los docentes.

Deserción universitaria

Quizás Flor, Jorge y Juan ingresen, no sin esfuerzo, en el ámbito de la educación superior. Lo realmente difícil será mantenerse. Ahí, el primer año será crucial en el devenir educativo de los tres estudiantes.

El Ing. Marroquín y su colega, el Lic Nelson Zárate, vicerrector académico de la Tecnológica, externaron que el alza en la canasta básica, la gasolina y los servicios en general no pasan desapercibidos para el mundo de la educación.

Según informes del Ministerio de Educación, para 1999 en el país habían 118.491 estudiantes universitarios; sin embargo, la población había crecido sólo en 865 estudiantes respecto al año anterior.

Y lo que es más grave, la deserción alcanzó números increíbles. Para Adalberto Campos, director nacional de Educación Superior, la deserción general del año anterior varió entre 36 y 38 mil estudiantes.

No todas universidades ni facultades corrieron la misma suerte. La deserción de los estudiantes de nuevo ingreso en algunas facultades de la UES, como Ingeniería, llegó al 40 por ciento. Marroquín asevera que ahí si el estudiante pasa a segundo año, por lo general no se va.

En 1999, la Tecnológica recibió 4,082 nuevos estudiantes, de los cuales el 24.3 por ciento (992) desertó entre el primero y segundo ciclo. Para ese mismo año, dos mil alumnos de los más de 11 mil de antiguo ingreso también abandonaron los estudios.

Mario Ruiz, rector de la Universidad Francisco Gavidia, también expresó que tienen una deserción total (nuevo y antiguo ingreso) de entre el 15 y 18 por ciento anual. Mientras, el Lic. Alberto Zelaya, secretario general de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, insiste en que las deserciones más altas se centran en las carreras de ingeniería.

Más allá del aspecto económico, los estudiantes renuncian a los estudios superiores (universitarios o tecnológicos) por una mala orientación académica o, también, porque el sentir general de la población no considera que la educación superior es una inversión de futuro.

Tapar hoyos

En las últimas décadas, las universidades han tenido que desarrollar cursos de preingreso. Al principio, orientados a subsanar las fallas que arrastraban los jóvenes, pero, tras considerar que eso no se resuelve en unas semanas, las administraciones universitarias decidieron que los cursos se diseñaran para ambientar a los estudiantes a ese grado educativo, proveerles conocimientos sobre la realidad nacional, técnicas de estudio e informática.

Los rectores insisten en los problemas de lecto escritura y comprensión de las actuales generaciones de estudiantes, aunque confían que la formación académica de los que vienen atrás será mejor, tal y como el Ministerio de Educación lo proyectó desde principios de los 90, cuando diseñó y lanzó la reforma educativa. No obstante, la interrogante es cuánto hay que esperar para que esos estudiantes lleguen a las aulas universitarias.

Nadie ha considerado la respuesta, pero mientras llega ese momento las administraciones universitarias deberán continuar haciendo esfuerzos por atender su mercado con la disyuntiva de proveerles a los estudiantes de facilidades para que no renuncien y, al mismo tiempo, graduar profesionales con calidad.

Entre tanto, Flor, Jorge y Juan Antonio tendrán que sortear obstáculos más importantes que los propiamente educativos si quieren ser lo que un día soñaron.


Estudiantes sin brújula

La orientación vocacional es vital dentro del proceso educativo de niños y jóvenes, pero las autoridades de Educación aún no le han dado el impulso debido en las escuelas del país


El olvido de las carreras técnicas

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