Difícil
acceso a la educación superior
A pesar de que la Universidad de El
Salvador tiene cuotas más bajas que las
universidades privadas, comparte el problema de
la deserción estudiantil debido a los
problemas económicos
- Susana
Joma
- El Diario
de Hoy
Flor
de María Orellana, Jorge Alberto Centeno
y Juan Antonio García son adolescentes
que tienen mucho en común. Bachilleres de
la promoción 2000 del Instituto Nacional
Francisco Menéndez (INFRAMEN), han sido
compañeros en la Banda de Paz, aspiran a
continuar sus estudios en la universidad, pero
la situación económica de los
padres les impide dar ese salto educativo.
¿Será Flor periodista
algún día, podrá Jorge
estudiar derecho y Juan graduarse de
profesor?
A pesar de los inconvenientes, estos amigos
no cesan en su empeño. Los dos primeros
preparan un examen para el dos de diciembre en
la Universidad de El Salvador (UES). Juan, un
poco más preocupado, está en la
obligación de trabajar para estudiar en
la institución privada que
eligió.
El vicerrector académico de la UES,
Ing. José Francisco Marroquín,
afirma que las cuotas de los más de 30
mil estudiantes de la universidad varían
entre los ¢10.00 y los ¢150.00. La
propia institución hace estudios
socioeconómicos para fijar las
cantidades.
En las universidades privadas, la realidad es
diferente. Normalmente, los jóvenes que
ingresan, cuentan con un soporte
económico muy superior.
Carlos M., un estudiante de Licenciatura en
Ciencias Jurídicas de la Universidad
Tecnológica, expresó que
además de la matrícula de inicio
de ciclo, cada mes cancela 380 colones en
concepto de cuota. Su gasto se eleva hasta los
¢700 ó ¢800, si sumamos los
¢117 en transporte, unos ¢55. o
más en fotocopias y cerca de ¢200 en
libros, según el ciclo y las exigencias
de los docentes.
Deserción universitaria
Quizás Flor, Jorge y Juan ingresen, no
sin esfuerzo, en el ámbito de la
educación superior. Lo realmente
difícil será mantenerse.
Ahí, el primer año será
crucial en el devenir educativo de los tres
estudiantes.
El Ing. Marroquín y su colega, el Lic
Nelson Zárate, vicerrector
académico de la Tecnológica,
externaron que el alza en la canasta
básica, la gasolina y los servicios en
general no pasan desapercibidos para el mundo de
la educación.
Según informes del Ministerio de
Educación, para 1999 en el país
habían 118.491 estudiantes
universitarios; sin embargo, la población
había crecido sólo en 865
estudiantes respecto al año anterior.
Y lo que es más grave, la
deserción alcanzó números
increíbles. Para Adalberto Campos,
director nacional de Educación Superior,
la deserción general del año
anterior varió entre 36 y 38 mil
estudiantes.
No todas universidades ni facultades
corrieron la misma suerte. La deserción
de los estudiantes de nuevo ingreso en algunas
facultades de la UES, como Ingeniería,
llegó al 40 por ciento. Marroquín
asevera que ahí si el estudiante pasa a
segundo año, por lo general no se va.
En 1999, la Tecnológica recibió
4,082 nuevos estudiantes, de los cuales el 24.3
por ciento (992) desertó entre el primero
y segundo ciclo. Para ese mismo año, dos
mil alumnos de los más de 11 mil de
antiguo ingreso también abandonaron los
estudios.
Mario Ruiz, rector de la Universidad
Francisco Gavidia, también expresó
que tienen una deserción total (nuevo y
antiguo ingreso) de entre el 15 y 18 por ciento
anual. Mientras, el Lic. Alberto Zelaya,
secretario general de la Universidad
Centroamericana José Simeón
Cañas, insiste en que las deserciones
más altas se centran en las carreras de
ingeniería.
Más allá del aspecto
económico, los estudiantes renuncian a
los estudios superiores (universitarios o
tecnológicos) por una mala
orientación académica o,
también, porque el sentir general de la
población no considera que la
educación superior es una
inversión de futuro.
Tapar hoyos
En las últimas décadas, las
universidades han tenido que desarrollar cursos
de preingreso. Al principio, orientados a
subsanar las fallas que arrastraban los
jóvenes, pero, tras considerar que eso no
se resuelve en unas semanas, las
administraciones universitarias decidieron que
los cursos se diseñaran para ambientar a
los estudiantes a ese grado educativo,
proveerles conocimientos sobre la realidad
nacional, técnicas de estudio e
informática.
Los rectores insisten en los problemas de
lecto escritura y comprensión de las
actuales generaciones de estudiantes, aunque
confían que la formación
académica de los que vienen atrás
será mejor, tal y como el Ministerio de
Educación lo proyectó desde
principios de los 90, cuando
diseñó y lanzó la reforma
educativa. No obstante, la interrogante es
cuánto hay que esperar para que esos
estudiantes lleguen a las aulas
universitarias.
Nadie ha considerado la respuesta, pero
mientras llega ese momento las administraciones
universitarias deberán continuar haciendo
esfuerzos por atender su mercado con la
disyuntiva de proveerles a los estudiantes de
facilidades para que no renuncien y, al mismo
tiempo, graduar profesionales con calidad.
Entre tanto, Flor, Jorge y Juan Antonio
tendrán que sortear obstáculos
más importantes que los propiamente
educativos si quieren ser lo que un día
soñaron.
Estudiantes
sin brújula
La
orientación vocacional es vital dentro
del proceso educativo de niños y
jóvenes, pero las autoridades de
Educación aún no le han dado el
impulso debido en las escuelas del
país
El
olvido de las carreras técnicas
Las carreras
relacionadas con los campos de la
economía, administración y
comercio, derecho y salud ocupan los primeros
lugares de la demanda en el campo universitario
nacional, que en 1999 reunió a más
de 118 mil estudiantes.