Dormitorios
públicos
Albergue de
desvalidos
Un lugar seguro donde pasar la noche, es
para cualquier persona una preocupación y
mucho más para quien está solo en
la vida. Sin embargo, los dormitorios
públicos de la capital solucionan el
problema de quien busca refugio
- Alejandra
Salcedo
- El Diario
de Hoy
"Aquí
vive uno a las mil maravillasen
comparación con la calle", asegura
Mercedes Hernández, de 80 años,
mientras cubre su cuerpo con una humilde
cobija.
La anciana está sola y tiene cerca de
cinco meses durmiendo en los dormitorios
públicos ubicados en la Comunidad
Tutunichapa 1, en esta capital.
"No tuve hijos porque no vinieron, al hombre
lo mataron y se acabó el cuento...", dice
con tristeza y resignación.
Para ella y para los más de 50
usuarios de los dormitorios públicos, el
lugar es verdaderamente acogedor.
No sólo porque dejan de dormir en las
aceras de las calles, sino porque además
tienen una cama con colchoneta y cobija para
pasar la noche.
Los dormitorios públicos fueron
construidos en 1960 por el ayuntamiento de esa
época, en un terreno donado por el Dr.
Pío Romero Bosque.
El objetivo era que las personas del interior
del país que venían a pasar
consulta al Hospital Rosales durmieran en ese
lugar; sin embargo, ahora alberga a
desamparados, aunque en años pasados
también a ebrios.
José Elías Castillo es uno de
los usuarios más antiguos de los
dormitorios. Se vino del cerro de Guazapa en
1958 a trabajar a la capital. Nunca
engendró hijos porque quedó
estéril debido a un accidente que
sufrió a los doce años.
Castillo maneja la filosofía de que
"El que nada tiene nada vale", a pesar de ser
tío en primer grado de un reconocido
abogado penalista.
Asegura que no le ha servido de mucho, pues
trabaja de cargar bultos en el Mercado
Central.
Lleva alrededor de 20 años pasando las
noches en los dormitorios públicos.
Cuenta que a las 4:30 de la mañana el
administrador los levanta para que se
bañen, ya que a las 5:00 no debe haber
nadie en el lugar.
Los dormitorios permanecen cerrados durante
el día, y son abiertos nuevamente a las
6:00 de la tarde hasta las 9:00 de la noche.
A pesar de ser públicos, el lugar
tiene reglas que no se pueden violar, como el de
no llegar ebrio, no fumar y respetar el espacio
de los demás.
La mayoría de los usuarios son adultos
mayores que están solos y no tienen donde
vivir.
Manuel Beltrán Martínez, de 70
años, asegura que en el albergue el
compañerismo es bueno, porque todos
tratan de ayudarse, a pesar de la pobreza.
Beltrán tiene dos años de
dormir ahí y se siente agradecido de que
exista un lugar en el que personas como ellos
puedan llegar.