Sábado 16 de diciembre


Dormitorios públicos
Albergue de desvalidos

Un lugar seguro donde pasar la noche, es para cualquier persona una preocupación y mucho más para quien está solo en la vida. Sin embargo, los dormitorios públicos de la capital solucionan el problema de quien busca refugio

Alejandra Salcedo
El Diario de Hoy

"Aquí vive uno a las mil maravillasen comparación con la calle", asegura Mercedes Hernández, de 80 años, mientras cubre su cuerpo con una humilde cobija.

La anciana está sola y tiene cerca de cinco meses durmiendo en los dormitorios públicos ubicados en la Comunidad Tutunichapa 1, en esta capital.

"No tuve hijos porque no vinieron, al hombre lo mataron y se acabó el cuento...", dice con tristeza y resignación.

Para ella y para los más de 50 usuarios de los dormitorios públicos, el lugar es verdaderamente acogedor.

No sólo porque dejan de dormir en las aceras de las calles, sino porque además tienen una cama con colchoneta y cobija para pasar la noche.

Los dormitorios públicos fueron construidos en 1960 por el ayuntamiento de esa época, en un terreno donado por el Dr. Pío Romero Bosque.

El objetivo era que las personas del interior del país que venían a pasar consulta al Hospital Rosales durmieran en ese lugar; sin embargo, ahora alberga a desamparados, aunque en años pasados también a ebrios.

José Elías Castillo es uno de los usuarios más antiguos de los dormitorios. Se vino del cerro de Guazapa en 1958 a trabajar a la capital. Nunca engendró hijos porque quedó estéril debido a un accidente que sufrió a los doce años.

Castillo maneja la filosofía de que "El que nada tiene nada vale", a pesar de ser tío en primer grado de un reconocido abogado penalista.

Asegura que no le ha servido de mucho, pues trabaja de cargar bultos en el Mercado Central.

Lleva alrededor de 20 años pasando las noches en los dormitorios públicos.

Cuenta que a las 4:30 de la mañana el administrador los levanta para que se bañen, ya que a las 5:00 no debe haber nadie en el lugar.

Los dormitorios permanecen cerrados durante el día, y son abiertos nuevamente a las 6:00 de la tarde hasta las 9:00 de la noche.

A pesar de ser públicos, el lugar tiene reglas que no se pueden violar, como el de no llegar ebrio, no fumar y respetar el espacio de los demás.

La mayoría de los usuarios son adultos mayores que están solos y no tienen donde vivir.

Manuel Beltrán Martínez, de 70 años, asegura que en el albergue el compañerismo es bueno, porque todos tratan de ayudarse, a pesar de la pobreza.

Beltrán tiene dos años de dormir ahí y se siente agradecido de que exista un lugar en el que personas como ellos puedan llegar.


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