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Nadie
ha salido dañado
Doña Francisca tiene ya varias décadas de dedicarse
a sobar a los niños.
Mario Posada
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
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Algunos sobadores consideran
que poseen un don.Foto EDH
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Por sus manos han desfilado infinidad de infantes que han padecido
de mal de ojo, mollera sumida empacho
y pujo.
La mujer, que afirma haber tenido mal de ojo durante
su lactancia y sostiene que hasta a mis hijos y nietos he
sobado y nunca le hecho daño a nadie.
Esto de curar a los niños es un don que Dios me ha
dado, subraya.
Aunque la demanda por las sobadas ha disminuido de forma
considerable en los últimos días, doña Francisca
manifiesta que hasta los médicos conocen de sus poderes.
Lo negativo
Una vez, uno me dijo: doña Francisca, échele
mano usted a esa niña que le han hecho ojo, expone.
A pesar de todo, ella conoce de los efectos negativos que las sobadas
pueden ocasionar a los niños.
Uno lo puede curar porque sabe. Lo que pasa es que algunos
vienen y los sacuden y los golpean todo. Les hacen un montón
de cosas que no tienen que hacerles, argumenta.
La mujer afirma que, si después de la sobada
el niño no se cura, tiene que ser llevado al hospital.
Eso es porque no padecía de mal de ojo, subraya
doña Francisca.
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