Mafiosos
internacionales dominan tráfico de
"almas"
Muchos de los "coyotes"
salvadoreños trabajan para grupos de
mafiosos que tienen oficinas en ciudades tan
distantes entre sí como Amsterdam, Quito,
Nueva Delhi o San Salvador. Esos mafiosos
están vinculados a toda suerte de
delitos. La orden que tienen los "coyotes" es
despiadada: es preferible que mueran los
"clientes" que poner en peligro la
organización. La desarticulación
de un importante banda en San José
reveló el modus operandi de los
traficantes de "almas"
- (Primera
parte)
- Edward
Gutiérrez, Mario Martínez y
Jaime García
- El Diario
de Hoy
Bandas
de mafiosos internacionales, capaces de cometer
toda suerte de delitos, controlan no sólo
buena parte del negocio de llevar, en forma
ilegal, salvadoreños y extranjeros hasta
Estados Unidos, sino también a una
importante cantidad de "coyotes" locales que han
logrado amasar inmensas fortunas bajo la sombra
de esos grupos.
Algunos de esos grupos a quienes los
salvadoreños entregan sus propias vidas
para tratar de llegar a los Estados Unidos
tienen conexiones con delincuentes de cuatro
continentes y han hecho del negocio de los
ilegales una tarea que supera, y en mucho, las
ganancias que logran las principales bandas de
robautos de Centroamérica.
Esos mafiosos poseen contactos y entregan
importantes sobornos a funcionarios de
migración de toda Centroamérica y
han hecho del tráfico de "almas" un
negocio tan gigantesco que poseen sucursales en
ciudades tan distantes como Amsterdam, Nueva
Delhi, Moscú o Hong Kong.
Los líderes de las pandillas son
capaces de transportar iraníes,
hindúes, coreanos, chinos, rusos,
libaneses o ciudadanos de cualquier
nacionalidad, incluyendo, por supuesto, los
centroamericanos, hasta países como El
Salvador o Guatemala, soportados por inmensas
organizaciones que incluyen a "coyotes" que
cumplen el trabajo físico de transportar
seres humanos hasta Estados Unidos.
Los primeros secretos
La detención de una mujer que lidera
una de las bandas más importantes de
traficantes del mundo, en asocio con tres
hindúes y un ecuatoriano, revela que ese
negocio ha creado verdaderas empresas
transnacionales para saltarse cualquier frontera
del mundo sin temor a las autoridades.
Gloria Niño Canales, una peruana
nacionalizada costarricense, fue detenida, hace
algunas semanas, en San José, y a su
grupo se le acusa de llevar más de 10 mil
ilegales a Estados Unidos, en muy poco tiempo,
mediante la contratación de "coyotes"
salvadoreños y centroamericanos y la
instalación de refugios temporales para
los ilegales en ciudades tan distantes entre
sí como San Miguel o Quito. ( Ver
información en páginas 3 y 4)
La desarticulación de esa banda, a la
que se le seguía la pista desde 1995,
también mostró que los
líderes de las principales organizaciones
mundiales de tráfico de "almas" no
sólo prestan servicios en ese campo, sino
que también son capaces de cumplir tareas
tan insospechadas como prorporcionar documentos
falsos a delincuentes colombianos para que
viajaran a Sydney, Australia, durante las
pasadas olimpiadas, a cometer delitos.
Para detener a Niño Canales, fue
necesario que las autoridades de los Estados
Unidos infiltraran, en su organización, a
un agente encubierto y le siguieran los pasos
por varios países del continente. A los
"coyotes" que trabajan con esa banda se les
atribuye el hecho de que deliberadamente
permitieran que se ahogaran once hindúes
en las costas salvadoreñas, en abril de
1994, y otras cinco personas en aguas mexicanas,
hace algunos meses.
Con la captura de los cabecillas de esa
banda, las autoridades nacionales no sólo
se enteraron de que está estrechamente
relacionada con el tráfico de ilegales
desde El Salvador y Guatemala, sino que
también alientan toda clase de delitos en
el mundo del hampa internacional.
Para cumplir con eso, como descubrieron en
Costa Rica, ese grupo, y algunos otros que
operan alrededor de varios países del
mundo, poseen estrechas relaciones con
funcionarios de aduanas y migración de
todos los países centroamericanos, como
lo demuestran documentos decomisados en ese
país.
Pagos inmensos
Tras recibir pagos que oscilan entre $2.000 y
$30.000, las bandas tienen a su servicio un
verdadero ejército de hombres que son
capaces de transportar personas hasta Estados
Unidos (aunque en un buen porcentaje fracasa en
sus propósitos, porque las personas
mueren, las capturan o los "coyotes" las dejan
abandonadas), y facilitar documentos para que se
cometan otro tipo de delitos.
Las bandas pueden transportar hasta El
Salvador y de aquí a Estados Unidos,
desde un colombiano que busca trabajo en ese
país, hasta a un chino al cual hacen
viajar hasta Moscú y de allí a
Lima para que en este país lo atiendan y
lo reenvíen a Norteamérica tras
encarar toda suerte de riesgos y
obstáculos personales.
Los jefes de las bandas pagan una parte del
dinero que cobran a "coyotes"
salvadoreños para que transporten a sus
clientes. Es tan gigantesco el número de
personas que desean viajar ilegalmente a Estados
Unidos, desde muchos puntos del mundo, que esos
"coyotes" han logrado amasar inmensas fortunas
que les han permitido comprar tierras, casas de
lujo y toda clase de autos en el
país.
Un grupo especial de investigadores de los
Estados Unidos posee mucha información
sobre esos "coyotes" y sus pertenencias, y
sólo espera que El Salvador penalice el
tráfico de ilegales para caerles encima,
según supo El Diario de Hoy.
También se sabe que El Salvador posee
sus propias bandas que están atadas a
grupos de mafiosos internacionales. Las
organizaciones locales operan como novedosas
firmas empresariales: son capaces de recibir
información sobre sus "clientes" desde
China o Rusia, o de cerrar contratos anuales
para transportar ilegales que representan
inmensas fortunas.
Lea mañana: Los tentáculos de
los "coyotes"