Miércoles 5 diciembre de 2001



Superación no tiene límite

Su madre siempre le buscó un pupitre para aprender. Hoy, Carolina va a hacer la PAES

Susana Joma
El Diario de Hoy

Tiene 23 años, se llama Carolina Elizabeth Ochoa Paz, arrastra problemas motrices y de habla desde su nacimiento, y hoy va a estar sentada en una de las sillas preparadas para la prueba PAES.

Si esto es posible es por que, en primer lugar, vive cada instante con alegría y tiene claro que "todos los seres humanos tenemos capacidad para salir adelante".

Para llegar hasta aquí recorrió un largo camino que empezó a los siete meses de edad. Con el corazón apretado y las lágrimas contenidas, su madre, Ana Silvia, tocaba puertas aquí y allá para darle a su hija la oportunidad de superarse.

Los primeros pasos los dio en el Instituto Salvadoreño de Rehabilitación de Inválidos (ISRI). Cada mañana, esa madre salía con su hija en brazos para atender las terapias que le permitieran ganar movilidad. Aprendió a leer y escribir.

Con doce años, su madre le buscó una escuela del sistema regular para estudiar el segundo grado. Así llegó a la sede del Liceo Cristiano Reverendo Juan Bueno, de la colonia Costa Rica.

La terapia hacía milagros en está valiente joven. Cada vez ganaba terreno en el habla, aunque no articulaba a la perfección; comenta que, al principio, los maestros le decían a su madre que ella no tenía capacidad para continuar como el resto de sus compañeros.

"En cuarto grado, mi mamá le pidió a la profesora que le dijera qué libros podía comprar para que yo siguiera las lecciones. Cuando me los dio, yo trabajaba en casa y podía salir adelante y con buenas notas en la clase", explica.

Su desempeño, en tercer ciclo, fue duro, pero no desistió. Ese tiempo, su madre seguía llevándola a la escuela en su silla de ruedas.

"Yo copiaba del pizarrón y hacía exámenes escritos", afirma Caro, quien no olvida a las compañeras que también la ayudaron.

Este año, Carolina coronó su bachillerato comercial en el Liceo Cristiano Reverendo Juan Bueno, en el barrio Modelo.

Y no termina ahí. Carolina está entusiasmada con seguir la carrera de Psicología.

Por el momento está en espera. Ninguno de los centros de educación superior del país tiene una infraestructura adaptada a las necesidades de las personas discapacitados. Mientras llega su oportunidad, va a estudiar computación en el ISRI.


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