Superación no
tiene límite
Su madre siempre le buscó un
pupitre para aprender. Hoy, Carolina va a hacer
la PAES
- Susana
Joma
- El Diario
de Hoy
Tiene
23 años, se llama Carolina Elizabeth
Ochoa Paz, arrastra problemas motrices y de
habla desde su nacimiento, y hoy va a estar
sentada en una de las sillas preparadas para la
prueba PAES.
Si esto es posible es por que, en primer
lugar, vive cada instante con alegría y
tiene claro que "todos los seres humanos tenemos
capacidad para salir adelante".
Para llegar hasta aquí recorrió
un largo camino que empezó a los siete
meses de edad. Con el corazón apretado y
las lágrimas contenidas, su madre, Ana
Silvia, tocaba puertas aquí y allá
para darle a su hija la oportunidad de
superarse.
Los primeros pasos los dio en el Instituto
Salvadoreño de Rehabilitación de
Inválidos (ISRI). Cada mañana, esa
madre salía con su hija en brazos para
atender las terapias que le permitieran ganar
movilidad. Aprendió a leer y
escribir.
Con doce años, su madre le
buscó una escuela del sistema regular
para estudiar el segundo grado. Así
llegó a la sede del Liceo Cristiano
Reverendo Juan Bueno, de la colonia Costa Rica.
La terapia hacía milagros en
está valiente joven. Cada vez ganaba
terreno en el habla, aunque no articulaba a la
perfección; comenta que, al principio,
los maestros le decían a su madre que
ella no tenía capacidad para continuar
como el resto de sus compañeros.
"En cuarto grado, mi mamá le
pidió a la profesora que le dijera
qué libros podía comprar para que
yo siguiera las lecciones. Cuando me los dio, yo
trabajaba en casa y podía salir adelante
y con buenas notas en la clase", explica.
Su desempeño, en tercer ciclo, fue
duro, pero no desistió. Ese tiempo, su
madre seguía llevándola a la
escuela en su silla de ruedas.
"Yo copiaba del pizarrón y
hacía exámenes escritos", afirma
Caro, quien no olvida a las compañeras
que también la ayudaron.
Este año, Carolina coronó su
bachillerato comercial en el Liceo Cristiano
Reverendo Juan Bueno, en el barrio Modelo.
Y no termina ahí. Carolina está
entusiasmada con seguir la carrera de
Psicología.
Por el momento está en espera. Ninguno
de los centros de educación superior del
país tiene una infraestructura adaptada a
las necesidades de las personas discapacitados.
Mientras llega su oportunidad, va a estudiar
computación en el ISRI.