Cacerolazos para
gobierno
Grupos de argentinos exaltados irrumpieron
ayer en la sede del Parlamento y destrozaron
parte de su mobiliario, momentos después
de ver frustrado su intento de asaltar el
edificio del Gobierno, la simbólica Casa
Rosada
- BUENOS
AIRES, ARGENTINA
La
golpeada población argentina tomó
cacerolas, tapas de sartenes y banderas celestes
y blancas para protestar en las calles de todo
el país contra funcionarios corruptos y
medidas económicas que vacían cada
vez más sus bolsillos.
Visiblemente ofuscados por el bloqueo de sus
salarios y depósitos en las cuentas
bancarias, cansados de políticos que no
escuchan sus reclamos y por la persistente
inclusión de figuras sospechadas de
corrupción en los distintos gobiernos,
decenas de miles de hombres y mujeres alzaron
sus voces para protestar en las calles.
''Devuélvannos nuestra plata'',
gritaban ayer algunos de los manifestantes,
mientras otros pedían ''basta de
ladrones'' en el gobierno.
María Luisa Lerer, de 64 años,
explicó que se unió a la protesta
por su descontento con las limitaciones
bancarias.
''Queremos nuestro dinero. Le están
robando a la gente'', expresó, e
indicó que ''todo esto es injusto''.
Se trata de la primera manifestación
multitudinaria contra el presidente Adolfo
Rodríguez Saá, en el poder desde
el domingo pasado; y la segunda contra las
autoridades en menos de 15 días.
Lograron propósito
Los manifestantes lograron al menos un
cometido: la renuncia del cuestionado asesor
presidencial Carlos Grosso y la de todos los
miembros del gabinete de Rodríguez
Saá.
Al compás de las cacerolas, bocinas de
automóviles y bombos, los manifestantes
pidieron a gritos el alejamiento del gobierno de
funcionarios sospechados de corrupción y
la eliminación de las restricciones
bancarias que impiden a la población
extraer más de 250 dólares
semanales de sus cuentas.
La multitudinaria rebelión de la clase
media derivó en enfrentamientos con la
policía, que disparó proyectiles
de goma y gases lacrimógenos.
Se registraron intentos de saqueos en el
interior del Congreso, donde algunas personas
ingresaron y causaron destrozos.
La economía Argentina está
sumida en una profunda recesión
económica desde 1998 y uno de los
sectores más afectados ha sido la clase
media. De acuerdo con un informe de una
consultora privada, cada día unas 2.000
personas pasan a ser pobres.
El desempleo atrapa al 18,3% de la
población y la pobreza afecta a unos 15
millones de los 36 millones de argentinos.
La restricción al uso de dinero en
efectivo ha provocado una profunda caída
de las ventas de pequeños y medianos
negocios, cuyos propietarios pertenecen a la
clase media, que se estima superior al 70%.
Informes privados proyectan una caída
anual del consumo del 10% o más.