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Cafú no se cansa de ganar

Marcos Evangelista de Moraes “Cafú” está acostumbrado a ganar títulos de todos los colores, ayer coronó su carrera con la quinta Copa Mundial de Brasil

AGENCIA DPA
Deportes
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com

Marcos Evangelista de Moraes “Cafú”, con su segunda Copa del Mundo en las manos. Foto: AP

“Soy un predestinado”, confesó Cafú. Y los hechos no lo desmienten: el lateral brasileño festejó ayer su segundo título mundial con Brasil y se convirtió en el primer jugador de la historia que disputa tres finales de Copas del Mundo.

Por si fuera poco, en su calidad de capitán, el jugador de la Roma fue el encargado de recibir la copa de manos de Joseph Blatter y de ofrecerla a las decenas de miles de “torcedores” que deliraban en las gradas del estadio de Yokohama.

Cafú sólo accedió a hablar veladamente de su logro personal tras la victoria sobre Alemania. “Somos pentacampeones sin ninguna duda.
El título es indiscutible: superamos todos los récords que teníamos por delante. Somos la mejor selección brasileña de todos los tiempos”, afirmó desde la cumbre.

En vísperas del partido más importante de su vida, Cafú sí se había animado a revelar su ilusión: “Apenas puedo esperar a que llegue este momento. Llevo una sonrisa tan ancha que casi me parte la cara en dos”, expresó el paulista de 32 años, cumplidos el 19 de junio último.

Seguramente sobran las razones para decir que ahora su “alegría no tiene fin”. Ni siquiera el “rey” Pelé puede jactarse de haber sentido el “cosquilleo” de estar presente en tres finales, a pesar de los tres títulos mundiales que conquistó con la camiseta verdeamarilla.

Las finales


Cafú inició su trayectoria mundialista en EE.UU. 1994, cuando era suplente de Jorginho. Su primera actuación en el equipo titular ocurrió en la semifinal, cuando Jorginho se lesionó.
En la final contra Italia, Cafú ingresó en la cancha en lugar del mismo jugador, a los 21 minutos de juego, y permaneció hasta el final de la prórroga del partido (que terminó con un empate en cero) y en la disputa de penales que le dio a Brasil su cuarto título Mundial.

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Cuatro años más tarde, en Francia 98, Cafú ya se había convertido en el titular absoluto de Brasil, y jugó todos los partidos, incluso la final en la que no logró hacer nada para evitar que su equipo cayera por 3-0 ante los anfitriones y debiera aplazar el sueño del “penta”.

En una imaginaria película titulada “Nacido para ganar”, Cafú, sin dudas, interpretaría el rol protagonista: campeón brasileño y bicampeón de la Copa Libertadores y la Copa Intercontinental con el Sao Paulo, campeón de la Recopa europea con el Zaragoza, campeón italiano con la Roma, bicampeón de la Copa América y ahora de la Copa del Mundo con el “scratch”.

Pero el marco de su gesta lo da la perseverancia que puso para llegar a la cima. En 1989, cuando era simplemente Marcos Evangelista de Moraes, su ambición de convertirse en futbolista profesional ya había tropezado con la negativa de ocho clubes, desinteresados de contar con sus servicios. El noveno fue el Sao Paulo, y entonces nació Cafú.

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