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COREA-JAPÓN 2002

 

Todo un personaje

El italiano Pierluigi Collina realizó un trabajo impecable en la final de la Copa Mundial 2002.

Agencia EFE
Deportes
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com

El italiano Pierluigi Collina realizó un trabajo impecable en la final de la Copa Mundial 2002. Foto: AP

El árbitro italiano Pierluigi Collina dio ayer la razón a quienes le consideran el número uno de los colegiados con una dirección impecable de la final de la Copa del Mundo.
Después de tantas polémicas arbitrales en este Mundial, la FIFA no quiso el más mínimo desliz y designó al mejor para el partido más importante del torneo.

“Ha sido maravilloso recibir una medalla de la FIFA. Es todo lo que deseas como árbitro”, dijo Collina después del partido.
El juez italiano arbitró con una facilidad pasmosa y no tuvo ningún problema, bien ayudado por sus asistentes, el sueco Leif Lindberg y el inglés Philip Sharp.

También le ayudó en su tarea el comportamiento deportivo de los jugadores y la suerte de que no se vio obligado a decidir sobre jugadas dudosas.
“No tengo queja alguna del comportamiento de los jugadores.Actuaron de manera correcta y eso hizo que disfrutara del parido. Me siento muy feliz”, afirmó.

El hombre del silbato

Collina, aunque sin llegar a convertirse en una de las referencias del torneo ni estar a la altura de las estrellas del balompié moderno, es el árbitro que más llamó la atención de entre todos los designados para la Copa del Mundo.
A su capacidad para hablar del fútbol en general y del arbitraje en particular, añade el árbitro italiano una imagen inconfundible que le permite ser localizado sin problemas en la distancia.

Con su cabeza completamente rasurada, su ojos claros, que muchas veces se han mostrado casi fuera de sus órbitas en la televisión, Collina se ha convertido en una imagen clásica de los partidos de Liga de Campeones con sus habituales gestos, sonrisas, desafíos y diálogos con los futbolistas.

Nacido en Viareggio hace 42 años, en Pierluigi Collina se concentran algunos otros motivos para considerarlo uno de los protagonistas del Mundial y desde el principio estaba llamado a ser el árbitro de la final.
En la primera fase Collina dirigió ya el partido más importante, ‘a priori’, de la primera fase de la Copa del Mundo, el Argentina-Inglaterra, disputado el 7 de junio en Sapporo y en el que los británicos se impusieron por 1-0 con un gol de ‘pénal’ de David Beckham.

Su segunda intervención en el Mundial fue el partido Japón-Turquía de los octavos de final y que terminó con victoria europea por 1-0 y la eliminación consiguiente de uno de los países anfitriones.
Este colegiado, que no ha desperdiciado las oportunidades que se le han presentado para hacer publicidad, por motivos obvios y por considerar que esta decisión beneficia al arbitraje, se caracteriza por su talante y por la personalidad extremadamente definida que muestra sobre el terreno de juego.

Nadie ha olvidado como consoló a un jugador del Bayern de Munich tras la final perdida por los alemanes ante el Manchester United en Barcelona por 2-1 en 1999. Tampoco nadie ha olvidado que aquel día el Bayern ganaba por 1-0 a dos minutos del final.
Ahora felicitó al ganador y también se acordó del gran ausente de la final, el alemán Michael Ballack, debido a estar sancionado por acumulación de dos tarjetas amarillas.

“Me siento muy feliz por Ronaldo (anotó los dos goles del triunfo de Brasil) porque regresaba de un momento muy difícil en su carrera”, dijo el árbitro.
“También estoy triste por Ballack porque las cosas hubieran podido ser diferentes con él en el campo”. Todo un personaje este Collina.

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