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COREA-JAPÓN 2002

 

Inglaterra bailó samba

Brasil desnudó ayer a Inglaterra y la venció dos goles a uno, viniendo de atrás para adelante, en un partido donde los cariocas recuperaron la jerarquía y se ponen a dos juegos del ‘penta’

EL PAIS
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com

A Brasil le sobra firmamento: si se derrite Ronaldo, se aúpa Rivaldo; y si éste se ofusca toma el relevo Ronaldinho. Ocurrió tal cual frente a los ingleses, que se hundieron con estrépito cuando por una vez en el campeonato tuvieron que regatear un resultado.Foto AP

A Brasil le sobra firmamento: si se derrite Ronaldo, se aúpa Rivaldo; y si éste se ofusca toma el relevo Ronaldinho. Ocurrió tal cual frente a los ingleses, que se hundieron con estrépito cuando por una vez en el campeonato tuvieron que regatear un resultado. Entonces apareció la peor Inglaterra posible, con un maniquí al frente, Beckham, al que el partido dejó en muy mal lugar.

Cuando dos zarpazos de Ronaldinho remontaron el gol inicial de Owen, los ingleses se quedaron al desnudo, incapaces de ofrecer un gramo de fútbol, confusos y a la deriva frente a un equipo con sólo diez jugadores durante media hora.

Antes de que desenfundara Ronaldinho —expulsado poco después por planchar el pie de Mills y exagerar éste más de la cuenta—, el equipo de Eriksson expuso lo mismo que en encuentros precedentes: solidez defensiva con dos líneas de cuatro jugadores con pegamento entre ellas y máxima atención a los deslices del enemigo.

Brasil, que tampoco estuvo a la altura de una cita con tanto pedigrí, se lo tomó con calma, a la espera de alguna estrella fugaz, de algún jugador que ventilara un choque muy cargado, espeso y excesivamente medido.

Un descuido, gol

Con el encuentro trabado, Inglaterra cazó la primera que tuvo. Lucio despejó el camino a Owen, que superó a Marcos tras un sutil amague. Inglaterra de nuevo al frente en el marcador por un error contrario, como cuando Pochettino cayó en el pique del propio Owen o cuando el portero danés se metió con el balón hasta la cocina.

Entonces había sabido taparse sin brillantez, pero con eficacia; ayer tenía delante al mejor ataque. No obstante, a Brasil, con Cafú y Roberto Carlos a toda pastilla por los costados, le faltaba algo más de mimo en el eje, donde Gilberto Silva y Kleberson son demasiado planos.
Inglaterra esperaba cada vez más atrás, de nuevo a la italiana, la trama por la que había avanzado en el torneo con cierta fiabilidad, aunque con algunas señales diabólicas, inexplicables. Por ejemplo, la actitud de Beckham, que siempre había rendido bien con el sueco al timón. Sea por mandato de Eriksson o por antojo propio, al capitán inglés le dio por jugar de lateral, mientras Mills —que no puede ser otra cosa— simulaba que era extremo.
Esperpéntico. Beckham ha decidido vivir de las faltas y las tira todas, por irrelevantes que sean, aunque se ejecuten junto al córner propio. Ni un solo intento de regate, ni una carrerita de diez o quince metros por el carril. Como mucho, de banquillo a banquillo.

Y fue junto al banco suramericano, cuando al ‘spice’ le dio un ataque de pánico que originó el gol de Rivaldo. Beckham protegía la pelota, hasta que vio de reojo la llegada de Roque Junior. Se asustó, saltó por encima del balón y éste acabó en los pies de Ronaldinho, que puso la directa, quebró a unos cuantos y le pasó el trago final a Rivaldo, que la colocó de maravilla, por abajo de Seaman.

Desde Suecia en el primer partido, ningún equipo había agujerado la red inglesa. Brasil lo hizo por segunda vez. En una falta lateral, alejadísima del área, Ronaldinho metió la rosca con el empeine interior derecho, la pelota no obedeció y en vez de girar como una noria hacia el punto de penalti salió en dirección a Seaman, tan pesadote a sus 38 años que se la comió. Inglaterra, de repente, se vio obligada a tomar las riendas. Era el momento, el primero del torneo, de llevar la iniciativa, de salir de las trincheras.
Brasil, como tantas veces han hecho los ingleses en Japón, enfrió el asunto con largas charlas de Roberto Calos con el árbitro, con el teatrillo de Rivaldo, herido de muerte en cada roce. Los ingleses eran una calamidad. Mills seguía de Beckham y éste se mantenía en los laureles.

Los centrales largaban globos por todos los sitios, quienes debían rematarlos -Sheringham, Vassell, Heskey- se iban del área, mientras los menos indicados aparecían por donde aplaudían los centrales brasileños.
Brasil, con dos revolcones, había agitado la pócima italiana de Eriksson. Agotados los resultados, el sueco deberá revisar su metamorfosis, al menos en lo que se refiere a cruzar las líneas enemigas. Si no lo corrige, su apuesta resultará corrosiva y todo serán añoranzas de aquel fútbol inglés de ida y vuelta, emotivo y febril. Mientras tantos, los brasileños, que ya se ven en su séptima final, seguirán a la suyo, en búsqueda del amparo de algún iluminado. Un recurso que les hace verdaderamente temibles.

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Carnaval en pleno invierno austral


La victoria por 2-1 sobre Inglaterra, que clasificó a Brasil a las semifinales del Mundial, permitió a los hinchas brasileños vivir ayer un inédito carnaval, cuando apenas salía el sol, en el primer día del invierno austral.
Los fuegos de artificio, las celebraciones a ritmo de tambores, pitos y cornetas, y los gritos y las concentraciones en las calles saludaron el primer día del invierno en el hemisferio sur que, pese a no ser muy riguroso en Brasil, no es tan propicio para un carnaval como el verano.

El desfile del grupo Olodum en la ciudad de Salvador y la presentación de la “batería” (orquesta) de la “escola de samba” Salgueiro en Río de Janeiro, entre otros, lideraron el carnaval con que los brasileños festejaron la victoria en un partido que la prensa consideró como “final anticipada” del Mundial.
Al final del partido, los tradicionales lugares de concentración de los hinchas ya estaban repletos, pese a que el sol aún no había nacido, lo que permitió que los fuegos de artificio lucieran aún más y que, con un prende y apaga de las bombillas caseras, los hinchas pudiesen disfrutar de un espectáculo de luces.
Las cerca de dos mil personas que se reunieron en la calle Alzira Brandao, en la zona norte de Río de Janeiro, para ver el partido en diminutas pantallas de televisión disfrutaron de un verdadero carnaval después del juego, que se extendió hasta el mediodía.

Pese a que muchos dejaron la fiesta para ir a trabajar o a estudiar, los organizadores del improvisado carnaval de invierno anunciaron que la celebración proseguirá después del horario laboral, cuando se espera la presentación de otra escuela de samba y de dos grupos de “pagode”.
El frío no impidió que cientos de habitantes de Sao Paulo se tomaran la Avenida Paulista para participar en un alegre desfile que provocó, hacia las 5:30 de la mañana, un embotellamiento similar a los que sufre la principal vía de la mayor ciudad suramericana al final de la tarde.
Varios bares de Sao Paulo permanecieron abiertos toda la noche y recibieron a miles de “torcedores” vestidos de amarillo y verde.

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