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Se reconfigura la campaña brasileña tras la muerte de candidato socialista

Se complicaría la reelección de la presidenta Rousseff

Un cartel con la imagen del fallecido candidato presidencial brasileño Eduardo Campos y su fórmula a la vicepresidencia, Marina Silva, en Recife, Brasil. foto edh / efe.

Un cartel con la imagen del fallecido candidato presidencial brasileño Eduardo Campos y su fórmula a la vicepresidencia, Marina Silva, en Recife, Brasil. foto edh / efe.

Un cartel con la imagen del fallecido candidato presidencial brasileño Eduardo Campos y su fórmula a la vicepresidencia, Marina Silva, en Recife, Brasil. foto edh / efe.

brasil. La trágica muerte del candidato socialista Eduardo Campos, en un accidente aéreo en Santos, supondrá un cambio importante en el tablero político, a menos de dos meses de las elecciones presidenciales brasileñas del 5 de octubre, en las que la actual mandataria, Dilma Rousseff, buscará un nuevo mandato.

El político del Partido Socialista Brasileño (PSB) representaba la "tercera fuerza" y se presentaba como una alternativa a la disputa entre el Partido de los Trabajadores (PT) de Rousseff y su "archirrival", el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), que desde hace dos décadas se alternan en el poder.

Según analistas, la posible entrada de la ambientalista Marina Silva a la carrera presidencial de Brasil, tras la muerte de su compañero de fórmula para la presidencia, podría convocar a votantes jóvenes y a los descontentos por la vacilante economía y la corrupción, aunque también podría agregar nueva incertidumbre para los inversores.

"Ella podrá concretar más la idea de que es necesario un cambio en la política y de que Dilma (Rousseff) no es la persona correcta para realizar estos cambios. Los electores indecisos, seguramente, se sentirían más cómodos apoyando a Marina Silva", dice el economista Juliano Ferreira, de la empresa de inversiones Icap Brasi.

Campos, de 49 años y ampliamente considerado como uno de los políticos jóvenes más brillantes de Brasil, figuraba en el tercer lugar de los sondeos electorales, con un respaldo del 10 %, debajo de Rousseff (PT), que busca la reelección, y del candidato opositor, Aécio Neves (PSDB).

La carrera es seguida de cerca por inversores, que en su mayoría han expresado decepción por el lento crecimiento y elevada inflación bajo el mandato de Rousseff y que están ansiosos de que un líder más cercano al mercado tome el control de la mayor economía de América Latina.

El estilo antiestamental de Silva tiene un gran atractivo entre los votantes, que hasta ahora no se han sentido representados por los candidatos, particularmente entre los brasileños más jóvenes y con poca educación que protagonizaron enormes protestas en las calles contra la clase política el año pasado.

Rousseff, la sucesora elegida por el expresidente Luiz Inacio Lula da Silva, ha visto caer su popularidad en los últimos meses, en medio de la insatisfacción popular por la desaceleración del crecimiento económico, los altos impuestos y la deficiente prestación de los servicios públicos, aunque sigue siendo la candidata más fuerte.

Tan recientemente como en abril, la prestigiosa encuestadora brasileña Datafolha realizaba sondeos "alternativos" con Silva como candidata presidencial en vez de Campos.

En esa encuesta, Silva obtuvo un 27 % de las intenciones de voto, aventajando a Neves, con un 16%, pero superada por Rousseff, con un 39 %.

El panorama seguramente comenzará a aclararse el lunes, cuando Datafolha divulgue un nuevo sondeo con Silva como candidata.

El PSB anunció que toda decisión vinculada a la futura sucesión presidencial será informada luego de su funeral, que aún no tiene fecha precisa.

De acuerdo con la ley electoral brasileña, el PSB tiene tiempo hasta el sábado 23 de agosto para informar su decisión. —AGENCIAS.

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