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El Papa recuerda el sufrimiento de la guerra y pide paz en el mundo

Pidió la paz en Siria, República Centroafricana, Sudán del Sur, Nigeria y otros países

El Papa Francisco da la bendición navideña "Urbi et orbi" ante la multitud congregada en la Plaza de San Pedro, ayer 25 de diciembre. foto edh / reuters

El Papa Francisco da la bendición navideña "Urbi et orbi" ante la multitud congregada en la Plaza de San Pedro, ayer 25 de diciembre. foto edh / reuters

El Papa Francisco da la bendición navideña \"Urbi et orbi\" ante la multitud congregada en la Plaza de San Pedro, ayer 25 de diciembre. foto edh / reuters

ROMA. El Papa Francisco deseó en la Navidad un mundo mejor y oró por la protección de los cristianos agredidos, las mujeres maltratadas y los niños víctimas del tráfico, así como para que los refugiados reciban un trato digno y haya paz en Oriente Medio y África.

El Pontífice pronunció ayer el discurso tradicional "Urbi et orbi" que, en latín, significa "A la ciudad y el mundo" desde el balcón central de la Basílica de San Pedro ante unos 70,000 turistas, peregrinos y ciudadanos de Roma que lo aclamaban en la plaza.

En su primer mensaje de Navidad desde su elección como Papa en marzo, Francisco pidió que todos hagan suyo con humildad el cántico de los ángeles de Navidad "para cada hombre o mujer... que espera un mundo mejor, que se preocupa por los demás".

Entre los lugares asolados por conflictos, el Papa mencionó a Siria, que ha estado inmersa en una guerra civil por tercera Navidad consecutiva, y también a Sudán del Sur, la República Centroafricana, Nigeria e Iraq.

El primer papa latinoamericano suplicó para que se "convierta el corazón de los violentos, allá donde se encuentren, para que depongan las armas y emprendan el camino del diálogo".

El Vaticano ha intentado incrementar la conciencia en el mundo sobre su preocupación ante las persecuciones y agresiones de que son víctimas los cristianos en partes del Oriente Medio y África.

"Señor de la vida, protege a todos los que son perseguidos a causa de tu nombre", indicó Francisco.

En una aseveración improvisada, el Pontífice también invitó a los no creyentes a que sumaran su deseo de paz al de todos los demás.

Francisco pidió en oración a Dios: "Bendice la tierra donde elegiste venir al mundo y concede un resultado favorable a las conversaciones de paz entre israelíes y palestinos. Sana las heridas del amado país de Iraq, azotado una vez más por frecuentes actos de violencia".

El Papa explicó después su concepto de la paz.

"La paz verdadera no es un equilibrio de fuerzas oponentes. No es una fachada encantadora que oculte conflictos y divisiones", expresó. "La paz requiere un compromiso cotidiano", agregó mientras leía las páginas de su discurso a las que movía un viento helado.

Francisco también habló de la vida de las personas comunes, en especial de aquéllas que batallan por una vida mejor.

Al recordar a los centenares de inmigrantes que se han ahogado en su intento por alcanzar las costas europeas, como ocurrió en una tragedia cerca de la isla italiana de Lampedusa, oró para que los refugiados reciban esperanza, consuelo y asistencia.

"Nuestros pensamientos se dirigen hacia aquellos niños que son las víctimas más vulnerables de las guerras, pero también hacia los adultos mayores, las mujeres maltratadas" y otras personas, agregó.

Oremos por "los niños secuestrados, heridos y asesinados en los conflictos armados, y sobre los que se ven obligados a convertirse en soldados, robándoles su infancia", agregó.

Francisco también recordó a las víctimas de los desastres naturales, en especial los filipinos, quienes sufrieron la devastación de un tifón en fecha reciente.

El Pontífice de 77 años mantuvo su estilo sencillo que ha caracterizado su papado. Vestido con una sotana blanca sencilla, contrastó con la apariencia del anterior Papa que estuvo en el mismo balcón la Navidad anterior.

En otro rompimiento con la tradición, pronunció en italiano sus saludos de Navidad, apartándose de la costumbre de desear felices fiestas en una decena de idiomas ante la multitud reunida abajo frente a su balcón.

"No tengamos miedo de que nuestro corazón se conmueva. Lo necesitamos. Dejemos que se caliente con la ternura de Dios. Las caricias de Dios no hacen heridas y nos dan la paz y la fuerza que necesitamos", terminó. —AGENCIAS.

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