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El País: Alba llega a ocaso a 10 años de su fundación

Según el diario español, la alianza que fundaron Hugo Chávez y Fidel Castro ha perdido influencia tras la muerte del gobernante venezolano y la caída del crudo

Gobernantes de los países integrantes de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América. A la izquierda, el gobernante salvadoreño Sánchez Cerén.

Gobernantes de los países integrantes de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América. A la izquierda, el gobernante salvadoreño Sánchez Cerén.

Gobernantes de los países integrantes de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América. A la izquierda, el gobernante salvadoreño Sánchez Cerén.

A 10 años de la creación del Alba, el bloque volvió a La Habana pero debilitado, dada la caída en los precios del petróleo y la severa crisis económica que hace que Venezuela no esté en posición para liderarlo ni seguir su política asistencialista a sus aliados políticos.

Al igual como en 2004, la capital cubana recibió ayer a los mandatarios de los ahora nueve países miembros de la rebautizada Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América --incluyendo al salvadoreño Salvador Sánchez Cerén-- por el décimo aniversario de la fundación del bloque ideado por Chávez y Castro como antípoda al Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (Alca) impulsado por Estados Unidos.

Pero, como dice el periódico español El País, los tiempos han cambiado. Al desplome del crudo se une la muerte de Chávez en marzo de 2013 y la retirada de la escena pública de Castro, que han dejado sin liderazgo el organismo, al que se sumaron Bolivia, Ecuador y Nicaragua.

En un artículo titulado "El ocaso del Alba", el diario español analiza que el actual gobernante venezolano, Nicolás Maduro, carece del carisma de su antecesor, y otros gobernantes como el boliviano Evo Morales, el ecuatoriano Rafael Correa o Raúl Castro, en Cuba, han optado por diversificar sus políticas exteriores con la participación en otros organismos como Unasur (Unión de Naciones Suramericanas) o la Celac (Comunidad de Estados de Latinoamérica y el Caribe), "más pragmáticos que ideológicos o doctrinarios, como el Alba", dice Rafael Rojas, historiador cubano.

"La diversidad ideológica de la izquierda iberoamericana ha acabado por imponerse sobre el proyecto hegemónico bolivariano", analiza, según el medio español.

"El mayor logro fue cohesionar al bloque bolivariano, introduciendo una visión propiamente política de la integración frente a las visiones más comerciales y promercado", opina el analista argentino Pablo Stefanoni, que añade: "El problema fue que su fuerza y sus límites estaban asociados a la diplomacia petrolera venezolana. El Alba era una extensión de la energía política de Chávez, y de su petróleo, y no se pudo avanzar en su institucionalización real, ni en el aterrizaje de sus horizontes ideológicos a políticas de integración concretas".

La yunta de Cuba y Venezuela, piedra angular para el Alba desde 2004, sigue organizada en torno a este intercambio: Caracas entrega petróleo y derivados con grandes facilidades y descuentos, y La Habana, responde con bienes y servicios sobrevaluados.

Cálculos independientes cifran en 100 mil barriles diarios el aporte de hidrocarburos que Venezuela hace a Cuba, suficiente para cubrir la demanda interna de la Isla y permitir la venta de cargamentos de segunda mano en el mercado internacional -algo que ninguna de las dos partes reconoce-.

Según El País, los poderes petrolero y financiero de Venezuela, ahora en cuestión, han ejercido en la Alba un influjo magnético. Al margen de pactos bilaterales y Petrocaribe, un club de consumidores de petróleo diseñado por Hugo Chávez para proyectar su propia influencia política en las Antillas, decir sí al Alba era el camino más fácil para obtener acceso a combustibles baratos, la eliminación de aranceles entre algunos países y la facilitación de alianzas regionales.

Las exportaciones venezolanas a los socios promediaron durante el último quinquenio unos 4,000 millones de dólares al año.

A punto de caer

Si el petróleo venezolano fue la argamasa para la alianza, ésta corre el riesgo de derrumbarse. La producción de crudo en Venezuela está en declive. Hoy ronda los dos millones de barriles al día, acotada por la falta de inversión y la hemorragia de expertos sufrida por la estatal petrolera Pdvsa.

El gobierno de Maduro, bajo presión por la caída de los ingresos petroleros, se ve en la necesidad de revisar su diplomacia de hidrocarburos baratos para sus aliados hemisféricos.

Hace dos semanas, el canciller venezolano, Rafael Ramírez, aseguró, en referencia a Petrocaribe, que a pesar de la caída en los precios internacionales, sus compromisos de suministro de combustibles en condiciones preferenciales son "perfectamente sostenibles en el tiempo".

La afirmación es coherente con el principio chavista de dar prioridad a la política. Pero en nada satisface las demandas internas de recortar esos subsidios que merman los recursos locales mientras financian sonados casos de corrupción, como el de Albanisa, en Nicaragua. La empresa encargada en ese país de administrar las donaciones petroleras de Venezuela, según investigaciones periodísticas, ha desviado ese dinero hacia negocios privados.

"La falta de transparencia y rendición de cuentas del Alba representa una inagotable fuente de corrupción, pero a los venezolanos esto parece no preocuparles. La premisa fundamental de esta cooperación no es de eficiencia económica o de desarrollo, sino política: que (el gobernante Daniel) Ortega se mantenga en el poder", considera el periodista Carlos F. Chamorro.

Entre 2008 y 2014, Nicaragua ha recibido casi $4,000 millones, gracias al convenio de cooperación con el Alba, pero manejado a través de empresas privadas. Esto representa $550 millones anuales, un presupuesto paralelo equivalente al 5 % del PIB, o el 20 % de los ingresos presupuestarios del país centroamericano.

Si el futuro del Alba está vinculado al del petróleo, el Caribe parece la única zona de crecimiento. "En el fondo es un proyecto venezolano, de ahí la dificultad de encontrar relevos. Su dinámica está asociada además al Socialismo del Siglo XXI, que está bastante debilitado como horizonte", incide Stefanoni.

Ni Ecuador ni Bolivia son potencias petroleras. Además, Correa y Morales, como Chávez en sus inicios, participan de distintos foros y ven en Unasur un motor de integración económica con un horizonte más claro que el del Alba. "Hay muy pocas opciones de que crezca como plataforma ideológica", opina Rojas: "Venezuela está saturada de problemas domésticos. Ha perdido muchísimo liderazgo regional".

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