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España, afronta las elecciones más reñidas

El Partido Popular y el Partido Socialista se alternan en el poder desde 1982

Candidatos España

De izq. a der.: Pablo Iglesias, del partido de izquierda radical Podemos; Albert Rivera, de Ciudadanos; Pedro Sánchez, del Partido Socialista Obrero Español (PSOE); y Mariano Rajoy, del... | Foto por Archivo

De izq. a der.: Pablo Iglesias, del partido de izquierda radical Podemos; Albert Rivera, de Ciudadanos; Pedro Sánchez, del Partido Socialista Obrero Español (PSOE); y Mariano Rajoy, del gobernate Partido Popular (PP).

MADRID. Más de 36 millones de españoles están llamados hoy a las urnas para elegir a los representantes del Congreso y Senado que elegirán al nuevo gobierno, una cita electoral cargada de incertidumbre por el ascenso de nuevos partidos que han puesto contra las cuerdas al bipartidismo. 

Los españoles vivieron ayer la jornada de reflexión, figura regulada en la normativa electoral que prohíbe a los partidos políticos pedir el voto, así que los candidatos con más opciones -PP, PSOE, Ciudadanos y Podemos- descansaron de la intensa campaña y se preparan para la cita de hoy. 

El presidente de Gobierno y candidato del PP (centroderecha), Mariano Rajoy, dedicó el día a su familia; al igual que el jefe del emergente Ciudadanos (liberales centristas). 

El socialista Pedro Sánchez y el jefe de Podemos (izquierda), Pablo Iglesias, ocuparon su jornada previa a las votaciones a ir al cine para ver la última entrega de Star Wars, junto a su familia y compañeros de partido, respectivamente. 

Los candidatos toman aire con estos planes para el incierto escenario que saldrá  de las 210 mil urnas electorales repartidas por España, en una jornada que previsiblemente no se cerrará con un claro ganador. 

Aunque las encuestas oficiales apuestan por el Partido Popular (en el poder) como la lista más votada, es muy probable que necesite el apoyo de otra formación para formar gobierno. 

En segunda posición está el socialista PSOE, seguido de cerca por el emergente Ciudadanos (liberales centristas), y en cuarta posición, Podemos (izquierda), el partido nuevo, nacido del movimiento de indignados del 15-M. 

PP y PSOE -que se alternan en el poder desde 1982-, asisten con cierto desconcierto a esta cita electoral sin pronóstico claro, generado por el auge de las dos nuevas formaciones que han sabido capitalizar el descontento de los “viejos partidos”. 

Las elecciones regionales y municipales de mayo ya supusieron un ensayo general del evento de hoy: el PP ganó en número de votos, pero el partido recibió un duro golpe y perdió municipios y regiones claves, como la ciudad de Madrid. 

Dado que en España no es previsible una “gran coalición” al estilo alemán entre PP y PSOE, las hipótesis de un posible pacto se inclinan porque el PP arregle un acuerdo con alguno de los emergentes. 

La alianza más previsible sería con Ciudadanos, ya que Podemos está en las antípodas ideológicas del PP; y aunque Albert Rivera ha dicho que no apoyará un gobierno del PP, no se cierra a abstenerse para “facilitar” un gobierno. 

Independientemente de su posición en las encuestas, todos los candidatos se esfuerzan estas últimas horas en dar imagen de ganador. 

Mientras Rivera dijo ayer que “algo va a cambiar” en España y que se abre una nueva etapa política, Iglesias está convencido de que las encuestas ocultan un auge de su formación y a partir del lunes vendrá “mucho trabajo”. 

Todas las conjeturas posibles se evalúan con cautela debido al alto nivel de indecisos -que el último sondeo oficial cifró en 41%-, y los acontecimientos de una campaña electoral intensa y agitada. 

Tras una legislatura marcada por la crisis económica y la corrupción, el inicio de esta campaña estuvo centrado en el desafío soberanista impulsado en el Parlamento catalán y la amenaza yihadista de los atentados de París. 

Frente al peso de estas dos cuestiones, la última semana se impuso el tono bronco por las acusaciones de Sánchez a Rajoy, que le acusó en un debate electoral de “no ser decente” por los casos de corrupción de su partido, mientras el presidente Rajoy le llamó “ruin, mezquino, miserable y deleznable”.  

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