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Comer placenta tras el parto, una controversial práctica

La forma más común de consumirla son las cápsulas, pero también hay batidos

La placenta puede tener la bacteria Staphylococcus aureus, presente en la vagina del 10 % de las mujeres, por lo que representa un riesgo.

La placenta puede tener la bacteria Staphylococcus aureus, presente en la vagina del 10 % de las mujeres, por lo que representa un riesgo.

La placenta puede tener la bacteria Staphylococcus aureus, presente en la vagina del 10 % de las mujeres, por lo que representa un riesgo.

Incremento de energía, mayor producción de leche, balancear los niveles hormonales, evitar la depresión postparto y acelerar el proceso de cicatrización son algunos de los supuestos beneficios del consumo de placenta luego de dar a luz.

Y es que debido a que la placenta es 'un órgano ricamente productor de hormonas', según la ginecóloga obstetra Ana Patricia de González, esto no significa que luego de salir del útero no sufra ninguna alteración o cambio como la pérdida de la capacidad de producir las hormonas, explicó la experta.

Sin embargo, a pesar de que no existe ningún estudio que respalde o desmienta ese hecho, el consumo de la placenta (placentofagia) se está haciendo cada vez más 'común' en Europa y Estados Unidos.

De hecho, recientemente, entró en vigor una ley en Oregon (EE.UU.) que permite a las madres llevarse su propia placenta tras el parto. Asimismo, la compañía Brooklyn Placenta Services además de ofrecer las cápsulas, ofrece tintura de placenta y placenta deshidratada.

Por su parte, la compañía Placentera ofrece la alternativa de usar la placenta como abono, tal como ocurre en otras culturas. Según Placentera, la forma correcta de hacerlo es enterrar la placenta bien profundo y luego plantar un árbol frutal encima de ella, pero evitando que las raíces y el órgano se toquen, de esa manera los frutos que se consuman tendrán todos los nutrientes.

En Inglaterra, la compañía IPEN, comercializa cápsulas y batidos elaborados a base de dicho órgano, pero los riesgos que esta práctica puede representar para la salud han obligado a la empresa a que finalice su producción.

"La falta de material científico que respalde el consumo de la placenta obliga a ponerle freno a esta práctica, y si se toma en cuenta que, en países como el nuestro, muchas mujeres ni siquiera han llevado un control prenatal, con mucha más razón, requiere tener mucha cautela pues es muy probable que tampoco se hayan realizado exámenes de VIH o hepatitis", argumentó González.

Además, la experta agregó que hay que tomar en cuenta que hay partos con infecciones ovulares y que la vagina es un área que está poblada de bacterias, por lo que, tras ser expulsada la placenta puede contaminarse y causar serias infecciones en el caso de ser consumida.

De hecho, la bacteria Staphylococcus aureus está presente en la vagina del 10 % de las mujeres.

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