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Ciudad de fe y riqueza histórica

[Destino guatemalteco] Considerada la Jerusalén de América, Antigua Guatemala es un lugar ideal para el descanso y la apreciación de un legado de más de 400 años

El arco de Santa Catalina es una parada obligada para los turistas que visitan la ciudad colonial de Guatemala.

El arco de Santa Catalina es una parada obligada para los turistas que visitan la ciudad colonial de Guatemala.

El arco de Santa Catalina es una parada obligada para los turistas que visitan la ciudad colonial de Guatemala.

Cada año miles de turistas nacionales y extranjeros son seducidos por los encantos, la riqueza histórica, la religiosidad y la arquitectura de la ciudad de Antigua Guatemala.

Ubicada a 30 minutos de la capital de Guatemala, en el departamento de Sacatepéquez, y a aproximadamente 280 kilómetros desde El Salvador, esta acogedora ciudad resguarda un legado colonial de más de 400 años.

Situada a los pies de los volcanes de Agua y Fuego, sus calles empedradas le dan un toque mágico.

Es mística por sus edificaciones, templos y ermitas, que pertenecieron a más de 30 ordenes religiosas y que aún conservan y destacan los detalles de una arquitectura barroca.

La mejor opción para recorrer este lugar es a pie, pues al caminar entre sus principales calles el visitante podrá observar la majestuosidad de sus monumenos coloniales, los cuales permiten imaginar el esplendor de aquella época.

La Calle del Arco es una de las más famosas de toda la ciudad, sin duda una parada obligada para decir "estuve en Antigua". El monumento servía como puente para que monjas en reclusión del convento de Santa Catalina Virgen y Martir pudieran pasar sin ser vistas al otro lado de la calle, en donde tenían un huerto.

Esta ciudad emérita recuerda que es posible combinar espiritualismo con turismo para volver a llenarse de vida y devoción. En su seno alberga los restos del único santo en Centroamérica, el Hermano Pedro de Betancur, cuya tumba es visitada por miles de feligreses católicos en la iglesia de San Fransisco de Asís.

Para muchos este rincón de América es considerado ideal para el descanso. Uno de sus conceptos más novedosos es el hotel boutique, pequeños pero lujosos albergues que ofrecen al visitante una experiencia de tranquilidad entre apacibles jardines, como es el caso de Quinta de las Flores.

Otro de ellos es la Posada de don Rodrigo, que ocupa la antigua Casa de los Leones. También cuenta con un museo en su interior para que el huésped conozca la historia de la ciudad.

Otro de los más lujosos pero acogedores es Casa Santo Domingo, ubicado a la entrada de la ciudad. Este albergó uno de los conventos más grandes de América y lo rodean sus misteriosos pasillos.

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