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En Venezuela las cajitas ya no son felices

 Resulta que la escasez de la mayoría de los productos en Venezuela se debe en parte a los estrictos controles de cambio que dificultan conseguir dólares para la importación

Pra ti y para mí, poder comprar comida rápida es un gusto que ya damos por sentado. Cada fin de semana vemos restaurantes de comida rápida abarrotados por salvadoreños de todos los niveles sociales, comprando –entre las múltiples opciones disponibles- hamburguesas y sus sempiternas acompañantes: las papas fritas.

Lo confieso: amo la comida rápida. Sé que no es saludable y dejarla es uno de mis propósitos de año nuevo, pero cuando tengo la oportunidad de comerla, saboreo con gusto de sibarita una sabrosa hamburguesa acompañada de esos crujientes tubérculos rebanados. Si alguien me filmara comiéndolas, estoy seguro que el placer reflejado en mi rostro haría el anuncio perfecto para una franquicia. Por ello me sentí consternado por mis hermanos venezolanos cuando me enteré de la noticia: por 10 meses no hubo papas fritas en Venezuela, y ahora, lo que ofrecen los restaurantes de comida rápida, es “un delicioso sustituto local”. Desde noviembre de 2014, cuando los padres de familia piden una hamburguesa con queso de esas que ofrecen con juguete incluido para niños, tienen que tomar una difícil decisión: la acompañan con yuca o arepitas, las papas fritas son ahora un dulce recuerdo propio de tiempos burgueses, en una lejana época cuando Venezuela no era enemiga del imperio ni era administrada por un Presidente que habla con pajaritos.
 
La crisis económica no da tregua y las franquicias de cadenas de comida rápida no escapan de esta realidad. Sin suficientes dólares en el mercado para pagar el costo internacional de ese lujoso producto importado, a las franquicias no les quedó más alternativa que tomar esta medida: No más papas, solo yuca o arepas. Es como si aquí de repente te vieras obligado a acompañar tu deliciosa hamburguesa con una suculenta pupusa de queso con loroco, de esas con sabor socialista.

La escasez de la mayoría de los productos en Venezuela se debe a los estrictos controles de cambio, que dificultan conseguir dólares subsidiados para las importaciones, a la vez que crea un vibrante mercado negro de dólares. Como resultado, Venezuela tiene la Cajita Feliz más cara del mundo ($27 al cambio en el mercado negro), la caja puede ser feliz, no los consumidores.

Pero al fin de cuentas, no todo fue malas noticias, luego de 10 meses de ausencia, las franquicias anunciaron el retorno de las papas fritas mediante una campaña publicitaria que incluyó una cuenta regresiva en los redes sociales y grandes pancartas invitando a sus clientes a cambiar las alternativas locales por las suculentas “papitas”.

Tan esperado fue su regreso, que los consumidores hacían fila para comprobar con sus propios ojos, si después de tanto rezar “el Chávez Nuestro de Cada Día”, el Patrono del socialismo finalmente les hacía el milagro de poder acompañar su almuerzo con tan deliciosa vianda. Eso sí, no todo fue felicidad en el Faro de América, si bien es cierto que los clientes llegaban muy emocionados ante la noticia, en sus rostros se notaba la decepción:  Ahora el plato con papas fritas tiene un costo 20% mayor en comparación a la alternativa con yuca o arepa, y si éstas son solicitadas por separado, costaban casi como un “combo”.

Entonces, ¿cuál fue el malévolo causante de semejante afrenta culinaria? Resulta que la escasez de la mayoría de los productos en Venezuela se debe en parte a los estrictos controles de cambio que dificultan conseguir dólares para la importación. Aparentemente la falta crónica de esa odiada divisa imperial, tan apreciada por los proveedores internacionales, es una de las causantes de la escasez. Solo de imaginarme que sucedería en El Salvador si regresáramos al Colón, me dan ganas de irme a comprar unas papitas ahorita mismo.

Eso sí, a veces es la política y no los Beatos los que hacen los milagros. Las papitas volvieron a aparecer en Venezuela cuatro semanas antes de unos muy disputados comicios legislativos, en las que el gobernante partido socialista sufrió su primera gran derrota electoral. Durante esas semanas, el gobierno implementó una serie de políticas a fin de complacer a los consumidores, incluyendo el obligar a los minoristas a reducir los precios….y a ofrecer papas fritas en el menú.
 
Aunque las rubias, delgadas y crujientes papas fritas, pudiera ser el mayor símbolo del capitalismo estadounidense, el gobierno socialista de Venezuela parece estar muy al tanto de que sus ciudadanos adoran las imperialistas cajitas felices. En vísperas de las elecciones, un portal noticioso auspiciado por el gobierno publicó una noticia en que asegura que la situación de escasez de tan codiciada fritura “no tiene nada que ver con las políticas del gobierno”, aunque yo francamente sospecho que sí: parece ser que el Socialismo del Siglo XXI no hace felices a las cajitas.
 

*Abogado, máster en Leyes.