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Cualquiera puede enfadarse

El proceso de elección del nuevo Fiscal General es la prueba de fuego más inmediata que puede poner en riesgo la cooperación internacional. De tal forma, que si hay que amenazar a alguien, tiene que ser a los políticos

"Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo”. 

Esta frase de Aristóteles, ejemplifica claramente el error de la carta del Canciller Hugo Martínez, y la reacción de algunos personajes de la política y más de algún fanático pidiendo respeto a la soberanía. Los ataques y censura a las palabras del señor Embajador de Alemania Heinrich Haupt, que oportunamente advierte los serios riesgos que tiene la elección del próximo Fiscal General de la República, son una clara señal del retraso cognoscitivo que tenemos en nuestro país. En cualquier país desarrollado, la simple amenaza o indicio de una elección amañada, despertaría a toda su población e instituciones para llegar hasta el fondo, reformar el sistema de elección e investigar a los diputados corruptos que estaban considerando vender sus votos.
 
Es por eso que el “enfado” del Canciller Martínez es con la persona equivocada. Son los operadores políticos corruptos, corruptores, y diputados dispuestos a vender su alma al diablo, los que deberían  recibir la ira (el grado exacto de enfado que amerita) de todos los salvadoreños.
 
Con respecto al propósito de la carta del Canciller Martínez, si le preocupa el fiel cumplimiento de los convenios y buenas relaciones internacionales, como menciona en su carta al Embajador alemán, deberíamos ver una verdadera acción de parte del Gobierno Central para combatir la corrupción que pudiera darse en la elección del Fiscal General. Estoy seguro que el Canciller Martínez está enterado que hemos firmado instrumentos internacionales de combate a la corrupción y especialmente la Convención de las Naciones Unidas contra la Corrupción (2004), la Convención Interamericana contra la Corrupción (1998), y el Tratado Marco de Seguridad Democrática en Centroamérica (1998). El canciller amenaza y trata de amedrentar al Embajador alemán diciendo “me veré obligado a proceder de acuerdo a lo regulado en la mencionada Convención”. Es tanta la incomodidad que le genera al gobierno, que se les olvida que debería ser la comunidad internacional la que sancione a nuestro país por la falta de iniciativa en el combate de la corrupción. Claramente, la Alianza para la Prosperidad del Triángulo Norte, la cual beneficiaría a El Salvador, busca que avancemos en el camino correcto, teniendo dentro de sus líneas estratégicas de acción el objetivo de fortalecer las instituciones para aumentar la confianza de la población en el Estado. El proceso de elección del nuevo Fiscal General es la prueba de fuego más inmediata que puede poner en riesgo la cooperación internacional. De tal forma, que si hay que amenazar a alguien, tiene que ser a los políticos que están entrampados en un proceso oscuro de elección del nuevo Fiscal General. 

Finalmente, al señor Embajador de Alemania, hay que agradecer su firmeza en expresarse sobre temas tan importantes para la democracia y fortalecimiento de nuestras instituciones. Pero sobre todo, por medio de su actitud, recordar a los alvadoreños una frase de Theodore Roosevelt que decía: “Saber lo que es correcto no significa mucho a menos que haga lo que es correcto”. Esto aplica a los ciudadanos que debemos alzar nuestra voz, exigiendo que se elija un BUEN FISCAL, y a los diputados cumpliendo el mandato de la ciudadanía. 
 

* Colaborador de El Diario de Hoy. 
@luisportillosv