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¿Cómo llegamos a esto?

La retórica de Trump ha sacado de la oscuridad   —como los gusanos que aparecen al darle vuelta a una piedra— a grupos de supremacía blanca y nativistas neo-nazis que se sienten representados por el magnate

"¿Cómo llegamos a esto?”, es la pregunta que muchas personas en Estados Unidos se hacen frente a la sorprendentemente exitosa candidatura de Donald Trump. Trump, heredero de una enorme fortuna que ha continuado creciendo, no resalta precisamente por su brillante intelecto. En materia de políticas públicas sus soluciones y propuestas tan simplistas e hiperbólicas como sus discursos de auto-proclamada grandeza.

Sería una cómica caricatura. Excepto que se refirió a los inmigrantes mexicanos como “violadores” y “criminales”. Hizo alusiones a la menstruación de una periodista porque intentó hacerle las preguntas que se le harían a cualquier candidato. Llama a cualquier persona que lo critique “estúpidos” o “perdedores”. Ha alabado la política de deportación masiva que Eisenhower implementó y que tuvo costos altísimos en lo que a derechos humanos respecta. Trump dijo que la repetiría, sin dudarlo un segundo. Dijo que abriría un registro para musulmanes y después, dijo que más bien prohibiría su entrada del todo, justificándose en que la seguridad nacional y el miedo al terrorismo lo ameritan.
 
Miente en cámara sin ningún tipo de bochorno o remordimiento: dijo haber visto en TV grupos de musulmanes celebrar los atentados del 11 de noviembre de 2001, y a pesar de que los medios corrigieron su mentira, la ha continuado repitiendo. Uno, solamente uno de cualquiera de estos episodios habría significado el suicidio político para cualquier candidato. Pero en parte por la cobertura excesiva que Trump recibe, cada episodio sube más los estándares de lo que constituye o no un escándalo. Para Trump, el estándar es por lo menos hasta ahora, inexistente. Y aún con ese historial, se encuentra liderando en la mayoría de las encuestas.

¿Cómo llegamos a esto? Fue una mezcla de factores. La corporativización de la política, en primer lugar, el servicio público se ha convertido en un negocio millonario, las campañas las pagan donantes que desde el anonimato, se meten al bolsillo a los políticos. El dinero que mueve a la política y los favores que eso implica han frustrado al electorado, sintiendo que sus mandatarios no los representan, pues se deben a quienes pagan sus campañas. Aunque muchos abogan por la regulación de las donaciones políticas, la Corte Suprema sentenció que no puede limitarse el derecho a donar pues se entiende como parte de la libertad de expresión. El problema es uno de incentivos: cuando el gobierno crece en exceso, tanto en tamaño como en poder, se vuelve atractivo comprar a sus funcionarios con el fin de conseguir favores. Un gobierno pequeño y con capacidades limitadas tiene menos posibilidades de ofrecer favores, y por eso, hay menos incentivos para comprarlo. El hecho de que Trump sea multimillonario le ha permitido venderse como independiente y sin presiones exteriores.

En segundo lugar, la diversidad afamada que lleva a Estados Unidos a describir su sociedad como un crisol en que se funden como una sola múltiples culturas es real solo hasta cierto punto. Hay estados donde el racismo aún persiste, y donde las minorías étnicas, raciales, o religiosas, son vistas con desconfianza y usadas como chivos expiatorios en situaciones que van desde la criminalidad, hasta el terrorismo o el desempleo. Para estas personas, oír que desde un podio se vilipendia a aquellos de los que desconfía valida sus sentimientos racistas. La retórica de Trump ha sacado de la oscuridad --como los gusanos que aparecen al darle vuelta a una piedra-- a grupos de supremacía blanca y nativistas neo-nazis que se sienten representados por el magnate, para más evidencia de que el racismo no ha quedado aún en el pasado.

¿Durará para siempre su liderazgo en las encuestas? El Partido Demócrata espera que sí, puesto que un candidato ganaría contra Trump con la simple campaña de que no es Trump. Sin embargo, el Partido Republicano se ha dado cuenta del daño que una presidencia Trump le haría a su marca y están haciendo lo posible por torpedear su campaña. Sin embargo el daño, en forma de la exacerbación del racismo y el discurso de odio, ese está hecho.
 

*Lic. en Derecho de ESEN con maestría en Políticas Públicas de Georgetown University. Columnista de El Diario de Hoy.
@crislopezg