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¿Por qué las villanas del cine imponen la moda y el poder?

Las antagonistas del cine redefinen la elegancia con estética, carácter y narrativa, convirtiéndose en íconos de estilo que suelen eclipsar a las protagonistas.

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Por EFE
Publicado el 28 de abril de 2026

 

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El inminente estreno de la secuela de ‘El diablo viste a la moda’ reactiva el interés por las villanas como íconos de moda. Según EFE, estas figuras destacan por una estética cuidadosamente construida que combina poder, elegancia y narrativa. Expertos señalan que el maquillaje y el estilismo exageran rasgos para proyectar autoridad y sofisticación. Además, la elegancia no siempre responde a la belleza canónica, sino a una intención clara. Cuando ambos factores se combinan, puede surgir un exceso que resta naturalidad. Así, las antagonistas se consolidan como referentes visuales que influyen tanto en el cine como en la moda contemporánea.

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El inminente estreno de la secuela de ‘El diablo viste a la moda’ vuelve a poner en foco un fenómeno clave en moda y cine: las villanas como referentes de estilo, poder y sofisticación, según publica EFE. Estas figuras, desde Cruella de Vil hasta Maléfica, construyen una estética reconocible que trasciende la pantalla y marca imaginarios visuales duraderos en la cultura contemporánea.

A lo largo de la historia del cine, las antagonistas han sido diseñadas con una intención clara: destacar. Su imagen no es casual, responde a una narrativa donde el vestuario, el maquillaje y la actitud se alinean para proyectar autoridad. Esa construcción las convierte en figuras aspiracionales, incluso cuando representan valores opuestos a los de la protagonista.

La fascinación que generan no es nueva, pero sí se renueva con cada generación. En un contexto donde la moda busca constantemente nuevas referencias, estas figuras ofrecen una mezcla de dramatismo, precisión estética y personalidad definida que conecta con el público.

El poder también se diseña

El maquillaje juega un rol central en esta construcción visual. No se trata únicamente de embellecer, sino de comunicar. “Las asociamos a rasgos más duros: tendemos a exagerarlas, elevarlas, y casi a divinizarlas”, explica Ana López-Puigcerver, ganadora del Goya 2026 a Mejor Maquillaje y Peluquería por ‘El Cautivo’.

En este sentido, cada elemento suma: ángulos marcados, tonos intensos, labios rojos o miradas acentuadas. Todo contribuye a crear una imagen poderosa. “Rasgos pronunciados, ángulos marcados, tonos oscuros o labios rojos, aunque no son rasgos imprescindibles, a veces la ‘maldad’ se esconde”, detalla la experta.

La actriz estadounidense Meryl Streep en el estreno de 'El diablo viste a  la moda 2' en Londres, el pasado 22 de abril.
La actriz estadounidense Meryl Streep en el estreno de 'El diablo viste a la moda 2' en Londres, el pasado 22 de abril. EFE/EPA/Tolga Akmen

La antagonista no solo se ve distinta, se percibe distinta. Hay una intención detrás de cada decisión estética. El resultado es una figura que domina visualmente cada escena, incluso en silencio.

Elegancia, imperfección y narrativa

El sociólogo, periodista y crítico de moda Pedro Mansilla aporta otra capa de análisis al fenómeno. “Hay una especie de principio no escrito sobre la elegancia que dice que una de las justificaciones para que una mujer sea elegante es que sea un poco fea”, señala, apuntando a una idea provocadora sobre cómo se construye la sofisticación.

Este concepto sugiere que la elegancia puede surgir como una forma de compensación, una construcción consciente que eleva la imagen más allá de los estándares tradicionales de belleza. En ese sentido, la villana tiene una ventaja narrativa: no necesita encajar, necesita destacar.

Imagen cedida por Disney de «Maléfica», interpretada por Angelina Jolie.
Imagen cedida por Disney de «Maléfica», interpretada por Angelina Jolie. EFE

Un ejemplo claro es Miranda Priestly, interpretada por Meryl Streep. “Es el prototipo de mujer elegante y glamurosa, que se expresa con un maquillaje y pelo impecables y muy elaborados, resaltando que eso se note”, analiza López-Puigcerver. Su estilo no busca pasar desapercibido, sino imponer presencia.

Cuando belleza y estilo se cruzan

Pero ¿qué pasa cuando la villana también encaja en los cánones de belleza? Casos como Angelina Jolie en ‘Maléfica’ o Charlize Theron en ‘Ravenna’ muestran que el equilibrio es clave. Según Mansilla, “cuando hablamos de una belleza y una elegancia apabullante, se suele generar la sensación de exceso”.

Este exceso puede resultar contraproducente. “Existe un tipo de belleza que insiste en una especie de histerismo”, añade el experto, señalando cómo la sobrecarga estética puede restar autenticidad.

El análisis también se traslada a figuras reales. “Un caso real sería la Melania Trump, que se esfuerza en ser inhumanamente elegante, pero da la sensación de ser artificial. Precisamente por estar obsesionada con ser el colmo de la elegancia, deja de serlo”, ejemplifica.

Frente a esto, Mansilla destaca modelos de elegancia más equilibrados: “Grace Kelly transmitía una especie de sencillez, de tranquilidad, de naturalidad y verdad, como lo hacía Audrey Hepburn; tenían una elegancia relajada”.

Intención, control y estilo

La diferencia entre protagonistas y antagonistas no es solo estética, también es conceptual. Mientras la protagonista evoluciona, cambia y se adapta, la villana suele presentarse como una figura definida, segura de sí misma y consciente de su imagen.

Esa seguridad se traduce en estilo. La villana no duda, no experimenta: ejecuta. Su look es parte de su identidad, no un accesorio. Y eso conecta con una audiencia que busca referentes claros, consistentes y con carácter.

Sin embargo, esta construcción no está exenta de matices. “En muchos casos, la maldad se esconde detrás de un aspecto ingenuo”, advierte López-Puigcerver, recordando que no todas las villanas responden al mismo patrón visual.

Esa diversidad en la representación amplía el espectro de la moda en pantalla y permite nuevas lecturas sobre el estilo, el poder y la identidad.

El legado estético de las antagonistas

Las villanas no solo marcan tendencia en el cine, también influyen en la moda real. Su estética se filtra en pasarelas, editoriales y street style, reinterpretada por diseñadores y consumidores.

El impacto radica en su coherencia visual. Cada detalle está pensado, cada elección tiene un propósito. Esa claridad es lo que las convierte en íconos duraderos.

En un momento donde la moda busca autenticidad y narrativa, las antagonistas ofrecen una fórmula efectiva: estilo con intención. No se trata solo de verse bien, sino de comunicar algo más profundo.

Así, el cine sigue siendo un laboratorio estético donde las villanas no solo desafían a las protagonistas, sino también redefinen lo que entendemos por elegancia.

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