Creés que tu refri está limpia, pero podrías estar en riesgo
Si metés todo a la refri "donde quepa", esta guía es para vos: evitá el desorden, ahorrá dinero y cuidá la salud de tu familia desde la cocina.
Por
Betty Carranza
Publicado el 24 de enero de 2026
¿Creés que tu refri está limpia pero lo llenás sin orden? Ese hábito podría ponerte en riesgo. Organizar bien los alimentos no solo previene enfermedades, también reduce el desperdicio y mejora tu rutina en la cocina. Las carnes crudas deben ir en el estante más frío, usualmente es el más cercano al congelador, las sobras bien tapadas y los lácteos lejos de la puerta. Según FoodSafety.gov y el USDA, mantener la temperatura adecuada y guardar los alimentos en el lugar correcto es clave para conservar su calidad y evitar bacterias.
Volvés del súper, tirás las bolsas en la cocina, abrís la refri… y donde quepa va el queso, el pollo, los tomates y hasta el postre. Te suena familiar, ¿verdad? Aunque no lo notemos, el desorden en el refrigerador puede convertirse en un foco de bacterias, desperdicio y hasta enfermedades. Pero con algunos cambios simples, podés transformar ese caos en una herramienta que juega a tu favor.
Tu refri tiene zonas frías, aprovelas bien
Según la Universidad de Minnesota y FoodSafety.gov, cada rincón del refrigerador tiene una temperatura distinta, y eso importa. Las carnes y pescados crudos van en la repisa más fría, usualmente la que va más cerca del congelador, y siempre en envases herméticos para que sus jugos no contaminen otros alimentos. En las repisas del medio, colocá lo que necesita frío estable: leche, huevos, bebidas y salsas abiertas.

Donde la temperatura es más templada, podés guardar sobras, postres, yogures y quesos. Todos estos productos deben estar tapados y etiquetados con fecha para asegurar su consumo seguro. Como señala FoodSafety.gov, "mantener los alimentos bien cubiertos ayuda a prevenir contaminación y a conservar su calidad por más tiempo".
En los cajones de abajo van las frutas y verduras. Pero no todas juntas: las verduras se conservan mejor en un cajón con menos humedad, y las frutas necesitan un poco más. Y un consejo que vale oro: lavalas justo antes de comer, no al guardarlas, salvo que puedan secarse muy bien.
La puerta no es para todo (aunque parezca)
El error más común: poner la leche o los huevos en la puerta. Es lo primero que abrimos, y por eso también la zona con más cambios de temperatura. El Huffington Post recomienda usar ese espacio solo para lo que tolera esas variaciones: aderezos, mermeladas y bebidas.
Para que todo esto funcione, la temperatura del refrigerador debería mantenerse en 4 °C o menos, y la del congelador a -18 °C. Podés usar un termómetro interno para estar seguro. Evitá sobrecargarlo y asegurate de que el aire circule bien entre los estantes.
Las sobras: aliadas o enemigas, según cómo las cuidés
La comida ya cocinada puede ser una salvación entre semana, pero también puede echarse a perder rápido si no se almacena bien. Extension de la Universidad de Minnesota aconseja guardarlas frías, en envases herméticos y dentro de las primeras dos horas después de cocinar. Su duración en refrigeración es de 3 a 4 días.
Hablamos de guisos, sopas, arroz, pollo, fideos, verduras salteadas… todos esos platos que te resuelven una cena. Pero ojo: recalentá solo una vez, y si cambia el olor o la textura, mejor no arriesgarte. Como indica FoodSafety.gov, "los alimentos cocinados deben desecharse si presentan cambios inusuales en olor, textura o color".
Cuánto dura cada cosa (y dónde ponerla)
En el refrigerador:
- Pollo o pescado crudo: 1 a 2 días
- Carne roja cruda: 3 a 5 días
- Sobras cocidas: 3 a 4 días
- Verduras frescas: 5 a 7 días
- Frutas frescas: 7 a 10 días
- Huevos: 3 a 5 semanas (en el centro, no en la puerta)
- Lácteos abiertos: 3 a 7 días
En el congelador:
- Pollo o carne cruda: 6 a 12 meses
- Pescado: 2 a 3 meses
- Verduras blanqueadas: 8 a 12 meses
- Frutas: 6 a 12 meses
- Comidas preparadas: 2 a 3 meses
Tip extra: congelá en porciones individuales y con etiqueta. Vas a ahorrar tiempo, espacio y te evitás el clásico "no sé qué es esto".
Organizá, ganá y respirá mejor en la cocina
Tener el refrigerador ordenado te ayuda a cocinar más rápido, tirar menos comida y cuidar la salud de tu familia. Es un cambio pequeño, pero con impacto enorme. Según el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), si se va la energía, los alimentos pueden durar seguros hasta 4 horas sin abrir la puerta. Después de eso, hay que revisar bien y descartar si hay duda.
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Para cerrar, algunos hábitos que hacen la diferencia:
- No guardés comida caliente
- Usá la regla FIFO: lo primero que entra, es lo primero que sale
- Limpiá las repisas y las gomas de la puerta regularmente
- Verificá la temperatura interna al menos una vez por semana
- Armá tu menú semanal en base a lo que ya tenés
Tu refri puede pasar de ser un cajón de sorpresas a un aliado diario. Solo necesitás unos minutos, algo de orden y muchas ganas de comer mejor.
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