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El amor no siempre se percibe igual entre hermanos, y los gestos cotidianos pueden dejar huellas emocionales profundas.

El hijo favorito existe y puede romper el equilibrio familiar

Muchos padres aseguran querer por igual a todos sus hijos, pero los estudios dicen otra cosa. Y esa diferencia puede tener consecuencias emocionales duraderas.

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Por Betty Carranza
Publicado el 01 de enero de 2026

 

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Aunque muchos padres afirman querer a todos sus hijos por igual, estudios revelan que el favoritismo parental es común y puede tener efectos duraderos. Investigaciones lideradas por la Universidad de Purdue muestran que dos de cada tres padres favorecen a un hijo, y esa preferencia puede mantenerse por décadas. Esta dinámica impacta la salud mental, el rendimiento escolar y las relaciones familiares, especialmente en los hijos menos favorecidos. Expertos como Laurie Kramer y la Asociación Americana de Psicología advierten que incluso en la adultez, las heridas del favoritismo persisten. Reconocerlo y actuar con empatía es clave para sanar vínculos.

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En psicología se le conoce como "tratamiento diferencial parental" y, aunque es un concepto poco discutido en la mesa familiar, lo cierto es que diversos estudios lo confirman: la mayoría de los padres favorece a uno de sus hijos por encima de los demás. Esto no solo afecta a quien no es el favorito, también transforma las dinámicas entre hermanos y puede dejar huellas emocionales hasta la adultez.

Una de las investigaciones más importantes sobre el tema fue realizada por la profesora de sociología J. Jill Suitor, de la Universidad de Purdue. Desde 2001, Suitor estudia a más de 500 madres con hijos adultos, preguntando, entre otras cosas, con quién se sienten más cercanas emocionalmente o a quién dedican más recursos. Según sus hallazgos, dos de cada tres padres muestran favoritismo, y ese patrón suele mantenerse durante décadas.

"No había un conjunto de cualidades que garantizaran ser el niño mimado", explicó Suitor al diario The New York Times, pero sí se encontró una tendencia: las hijas y los hijos menores eran más frecuentemente los favoritos.

Favoritismo silencioso, consecuencias reales

En una cultura que promueve la equidad entre hijos, muchos padres niegan tener preferencias. Pero la evidencia contradice esa narrativa. Para sortear el sesgo, los investigadores usan preguntas indirectas como: "¿A qué hijo dedicás más tiempo?", o "¿De quién te sentís más decepcionado?". Las respuestas revelan que, aunque el amor puede ser igual, el trato no lo es.

Kara, una mujer entrevistada por The New York Times, compartió cómo notó que sus hermanos menores recibían más atención, incluso en la adultez. "De repente me di cuenta de que quizá no había justificación. Quizá esos niños siempre iban a ser los favoritos", relató. Esa sensación de exclusión llegó a impactar su bienestar emocional: "No puedo superar el dolor", confesó.

Las consecuencias no son solo emocionales. Según la Asociación Americana de Psicología, los hijos que perciben trato desigual tienen mayor riesgo de desarrollar ansiedad, baja autoestima y relaciones familiares conflictivas. La psicóloga Laurie Kramer, experta en relaciones entre hermanos en la Universidad Northeastern, subraya que "podés hablar con adultos mayores y te contarán lo que les pasó cuando tenían cinco años. Están estancados en eso".

El favoritismo se hereda

Lo más sorprendente es que este patrón no se detiene con una generación. Suitor ha comenzado a observar cómo los abuelos repiten favoritismos con sus nietos, perpetuando las desigualdades dentro de la familia. Las dinámicas se trasladan, dejando fuera no solo a uno de los hijos, sino a toda una línea familiar.

Además, las percepciones de favoritismo pueden pesar más que la realidad objetiva. Un estudio reveló que la creencia de ser el hijo menos favorecido es un factor más determinante para la salud mental de los adultos que su empleo, edad o estado civil. Solo la salud física mostró una correlación más fuerte.

El favoritismo entre hijos no siempre es intencional, pero los niños lo notan y su impacto puede durar toda la vida.
El favoritismo entre hijos no siempre es intencional, pero los niños lo notan y su impacto puede durar toda la vida. / Imagen generada con IA

Cuando los hermanos no lo olvidan

El resentimiento que provoca el favoritismo no suele desaparecer con el tiempo. Al contrario, puede marcar la relación entre hermanos para siempre. Las comparaciones constantes, las expectativas diferentes y la falta de reconocimiento suelen generar distancia y competencia.

La desigualdad también afecta los logros académicos. Investigadores citados por The New York Times encontraron que los hijos menos favorecidos tienen mayor probabilidad de presentar un rendimiento escolar más bajo, influenciado por la percepción de falta de apoyo o confianza de sus padres.

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¿Qué pueden hacer las familias?

Reconocer que las diferencias existen es el primer paso. No se trata de amar a todos por igual —porque cada hijo tiene su carácter, necesidades y momento—, sino de estar conscientes del impacto que tienen nuestras acciones.

Algunos consejos para equilibrar el trato en casa:

  • Observá si tenés más expectativas sobre uno de tus hijos que sobre los demás.
  • Evitá usar comparaciones en público o en privado.
  • Dedicá tiempo individual a cada hijo, adaptado a sus intereses.
  • Fomentá conversaciones abiertas sobre cómo se sienten dentro del núcleo familiar.
  • Si hay conflictos persistentes, considerá la orientación de un terapeuta familiar.

No todo está perdido

Afortunadamente, el favoritismo no es una sentencia definitiva. La clave está en la comunicación y en revisar de forma honesta los vínculos dentro de la familia. Los especialistas coinciden en que, si bien no es posible tratar a todos los hijos exactamente igual, sí es posible ofrecer a cada uno lo que necesita para sentirse querido y valorado.

Como concluye Kramer: "La mayoría de los padres no son conscientes de estas diferencias hasta que alguien las señala. Pero una vez lo hacen, muchos están dispuestos a cambiar".

Aceptar esta realidad, sin culpa pero con responsabilidad, puede abrir las puertas a relaciones familiares más sanas y a una mejor salud emocional para todos.

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