Cómo ayudar a tu hijo a recibir con amor a su nuevo hermano
Acompañar al hijo mayor con empatía y claridad puede transformar los celos y la ansiedad en una experiencia de amor, crecimiento y conexión fraterna.
Por
Betty Carranza
Publicado el 08 de enero de 2026
La llegada de un nuevo hermano puede despertar emociones intensas en el hijo mayor, como celos o inseguridad. Prepararlo con anticipación, incluirlo en pequeños detalles y validar sus sentimientos son claves para fortalecer el vínculo familiar. Especialistas como la Dra. Mandi Silverman, del Child Mind Institute, recomiendan hablar con honestidad y mantener rutinas estables. También es importante dedicar tiempo exclusivo al hijo mayor y ajustar el acompañamiento según su edad. Con empatía, amor y herramientas emocionales, esta transición puede transformarse en una oportunidad de crecimiento, conexión y amor fraternal que perdure toda la vida.
La llegada de un nuevo bebé puede despertar emociones intensas en el hijo mayor, desde curiosidad hasta celos o miedo. Prepararlo con amor, honestidad y herramientas emocionales adecuadas es fundamental para fortalecer su seguridad y abrirle paso a un vínculo positivo con su nuevo hermano. Según la doctora Mandi Silverman, psicóloga clínica del Child Mind Institute, "explicar con antelación lo que implica la llegada de un nuevo integrante ayuda a reducir la ansiedad y crea un ambiente de seguridad emocional". Con paciencia y atención, esta transición puede vivirse como una oportunidad para crecer como familia.
Crear espacio para todas las emociones
El hijo mayor podría experimentar celos, tristeza, miedo a ser desplazado o incluso una mezcla confusa entre alegría y enojo. Estos sentimientos son normales y esperables, y es esencial validarlos desde el inicio. "El concepto de hermano puede ser muy abstracto para un niño pequeño. Algunos se lo imaginan como un juguete, otros como una amenaza", explican desde Bienestar Colsanitas en un artículo especializado, que recoge opiniones de expertas como la enfermera pediatra María Clara García, la psicóloga Ana María Vélez y la pedagoga Ana María Wilches.
No se trata de evitar los celos, sino de acompañarlos. La psicóloga infantil Ana Isabel Sánchez asegura que "el acompañamiento emocional debe ser coherente, sin juzgar ni minimizar lo que el niño siente. Validar sus emociones les ayuda a procesarlas sin culpas". Hablar con honestidad, escuchar activamente y permitir que el hijo mayor exprese sus dudas o temores es parte del camino.
Preparar con anticipación
La preparación no comienza con el parto, sino desde el embarazo. Incluir al hijo mayor en conversaciones familiares, mostrarle ecografías, leer cuentos infantiles sobre nuevos hermanos o permitirle que toque la panza y sienta los movimientos del bebé ayuda a que internalice el cambio de manera gradual.
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Desde el Child Mind Institute, la doctora Silverman recomienda no presentar sólo una versión idealizada de la llegada del nuevo bebé, sino explicar también que los recién nacidos lloran, duermen mucho y necesitarán atención constante. Esto evita frustraciones posteriores y genera expectativas realistas.

Involucrar sin imponer
Una de las estrategias más efectivas es ofrecer al hijo mayor un rol activo y adaptado a su edad. Elegir la ropa del bebé, preparar la maleta del hospital o ayudar a decorar la habitación son tareas sencillas que le permiten sentirse parte del proceso.
Expertos de Children's Mercy Hospital destacan que "cuando el hermano mayor participa de manera voluntaria y positiva, no solo fortalece el vínculo con el nuevo bebé, sino que también refuerza su autoestima y sentido de pertenencia". La clave está en no forzar ni sobrecargar con responsabilidades: se trata de acompañar, no de delegar tareas de cuidado.
Rutinas y tiempo exclusivo
Durante los primeros meses tras la llegada del nuevo hermano, la atención de los adultos se divide, y el hijo mayor lo percibe de inmediato. Mantener rutinas claras, como la hora de dormir o los momentos de juego, aporta estabilidad. Además, reservar espacios de tiempo exclusivo, aunque sean breves, es fundamental para reforzar el lazo afectivo.
Gentle Pediatrics recomienda establecer rituales simples como leer juntos cada noche o salir a caminar sólo con el hermano mayor. "Estos momentos de exclusividad lo ayudan a reafirmar su lugar en la familia, a sentirse visto y valorado", indican en su guía para familias en transición.
Guía por edades: cómo acompañar según la etapa
Cada edad requiere una estrategia distinta. Esta guía práctica puede ser un apoyo valioso:
De 2 a 4 años:
- Leer cuentos sobre nuevos hermanos
- Jugar al "hospital" o a cuidar muñecos
- Evitar cambios bruscos en su rutina (como dejar el chupón o mudarse de cuarto justo antes de la llegada del bebé)
De 5 a 7 años:
- Incluirlo en decisiones simples (colores, nombres, juguetes)
- Explicar con más detalle lo que implica el cuidado del bebé
- Reforzar su rol como "niño grande" sin imponerlo
De 8 años en adelante:
- Conversaciones más abiertas sobre los cambios familiares
- Promover actividades de ayuda (dibujar una tarjeta para el nuevo hermano, hacer un regalo)
- Hablar sobre el valor de la fraternidad y el trabajo en equipo
Detectar señales de alerta
Es normal que el hermano mayor tenga conductas regresivas (como querer volver a usar chupón) o reacciones emocionales intensas. Sin embargo, si estas persisten por mucho tiempo o se vuelven muy marcadas, podría ser necesaria la orientación de un profesional.
Desde el Child Mind Institute, la Dra. Kristin Carothers advierte que "la tristeza prolongada, el rechazo extremo al bebé o la agresividad constante podrían ser indicadores de que el niño necesita apoyo emocional adicional". Escuchar, observar con atención y actuar a tiempo es clave.
Acompañar al hijo mayor con empatía y constancia permite que, con el tiempo, los celos se transformen en curiosidad, afecto y finalmente, en una conexión fraterna profunda.
Con preparación, amor y una actitud abierta, la llegada de un nuevo hermano no solo amplía la familia: también fortalece los vínculos, enriquece la infancia y siembra semillas de empatía que durarán toda la vida.
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