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El Día del Casiano reúne a vecinos de Citalá cada 1 de noviembre para compartir ayote en miel y conservar una tradición de identidad fronteriza.

¿Conocés al Casiano? El muñeco que sale a pedir ayote con miel en Citalá

Conocé el Día del Casiano en Citalá, la tradición del 1 de noviembre en la que un muñeco acompaña a los jóvenes que piden ayote en miel.

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Resumen del artículo:

Cada primero de noviembre, Citalá, Chalatenango, celebra el Día del Casiano, una tradición que también se conserva en Ocotepeque, Honduras. Los jóvenes elaboran un muñeco, lo cargan sobre sus hombros y recorren las casas para pedir ayote en miel entre cantos y convivencia. Esta costumbre está vinculada con las celebraciones dedicadas a recordar a los difuntos y comparte elementos con la Calabiuza de Tonacatepeque y los Canchules de Nahuizalco. Mientras unos participan en el recorrido, otros comparten alimentos desde sus hogares. El Casiano representa una expresión de identidad comunitaria que une a generaciones y pueblos a ambos lados de la frontera.

Cada 1 de noviembre, un muñeco encabeza la pedida de ayote en Citalá, una tradición que también se celebra en Ocotepeque, Honduras.

En Citalá, Chalatenango, la víspera del Día de los Difuntos tiene un protagonista peculiar. Se llama Casiano, es un muñeco que los jóvenes cargan sobre sus hombros y acompaña un recorrido de casa en casa para pedir ayote en miel.

La escena forma parte del Día del Casiano, una costumbre que reúne cantos, comida y convivencia entre vecinos durante la noche del 1 de noviembre. Su presencia también está documentada en Ocotepeque, Honduras, donde los participantes salen a las calles con la misma petición, “ayote pa’ Casiano”, según recoge la revista cultural Bucentauro.

Si nunca habías escuchado de esta celebración, su particularidad está en ese personaje elaborado por los propios participantes. El muñeco acompaña a quienes recorren el pueblo y convierte la pedida del dulce en una actividad colectiva.

Para este 2026, el portal oficial El Salvador Travel incluye el Día del Casiano en su agenda del domingo 1 de noviembre, con el parque central de Citalá como lugar de referencia.

Un canto para pedir y compartir

“Ángeles somos, del cielo venimos, ayote pedimos para nuestro camino” es el canto que acompaña la pedida del Casiano, de acuerdo con la descripción publicada por Bucentauro. La frase vincula el recorrido con las creencias y prácticas dedicadas a recordar a los difuntos.

El ayote en miel ocupa un lugar central en la celebración. En el relato popular que acompaña estas costumbres, las ánimas regresan a visitar a sus familias y reciben este dulce como alimento. Se trata de una explicación transmitida por la tradición oral.

El ayote en miel llena de aroma los hogares salvadoreños y protagonizan la mesa del Festival de la Calabiuza en Tonacatepeque.
El ayote en miel llena de aroma los hogares salvadoreños y protagonizan la mesa del Festival de la Calabiuza en Tonacatepeque. / Foto archivo

La participación de los vecinos resulta esencial. Mientras unos salen a pedir, otros comparten lo preparado en sus hogares. Un trabajo alojado en el repositorio de la Universidad de El Salvador describe que, en Citalá, los jóvenes recorren el pueblo bailando, cantando y recolectando alimentos como ayote, tamales y ticucos, que después comparten.

Una costumbre con parientes en otros pueblos

El Casiano forma parte de un conjunto de celebraciones que relacionan la memoria de los fallecidos con la entrega de alimentos. Bucentauro recoge antecedentes de las procesiones de “angelones” en Honduras, cuyos participantes pedían limosnas para las ánimas del purgatorio y entonaban versos frente a las viviendas.

En El Salvador, la pedida de ayote también está vinculada con la Calabiuza de Tonacatepeque. Con el tiempo, esta celebración incorporó desfiles y representaciones de personajes de las leyendas salvadoreñas, según una reseña histórica.

En Nahuizalco, los Canchules tienen como punto de encuentro los altares familiares. El Ministerio de Cultura explica que las familias colocan fotografías, imágenes religiosas y los platillos favoritos de sus seres queridos. Niños y adultos visitan las casas, recitan una oración y reciben alimentos después de rezar por los fallecidos.

Cada comunidad conserva sus propios elementos, pero todas encuentran en la comida una forma de recordar y compartir. En Citalá, esa relación adquiere el rostro del Casiano, el muñeco que cada noviembre vuelve a salir acompañado por las voces de quienes mantienen viva la pedida de ayote.

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