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Detectar y actuar

Septiembre es el Mes de la Prevención del Suicidio, treinta días en que los profesionales debemos revisar nuestras prácticas y los nuevos conocimientos, y compartirlos con todos.

Por José María Sifontes
Médico siquiatra

Llegamos otra vez a septiembre, el mes en que los profesionales de la salud mental de todo el mundo nos unimos para hacer conciencia pública de uno de los mayores problemas de salud pública en todo el planeta: el suicido. El Mes de la Prevención del Suicidio se destaca desde el año 2003 y busca ofrecer elementos que prevengan estas tragedias. En todo el mundo la situación es preocupante y El Salvador no escapa a esta tendencia. Sólo en agosto nos enteramos por los medios de información de al menos seis casos de suicidio. Y los suicidios reportados son sólo la punta del iceberg de lo que pasa. En nuestro medio el subregistro es la regla, lo que no permite conocer con exactitud la dimensión del problema y tomar, en base a datos estadísticos confiables, las medidas apropiadas.

Todo suicidio es una tragedia, que afecta gravemente a las familias, a los profesionales de salud y a la población general. Una de las mayores causas de dolor y frustración es que en su mayor parte estas tragedias pudieron ser evitadas, especialmente mediante la detección oportuna de las personas a riesgo y mediante el tratamiento adecuado. El hecho de que nueve de cada diez personas que intentan suicidarse y no lo consiguen no vuelven a intentarlo mueve a la reflexión y da pie a la necesidad de ser proactivos.

La detección y la intervención son claves. La presencia de factores de riesgo nos obliga a prestar atención y prepararnos para intervenir. Hay factores de riesgo demográficos y clínicos que todos deben conocer. Entre los de tipo demográfico están ser del sexo masculino, la edad avanzada, la inestabilidad social. Los factores clínicos más importantes son la presencia de enfermedad mental, a la cabeza la depresión y el abuso de alcohol o drogas, la enfermedad crónica, los problemas financieros, la falta de soporte social o familiar.

Cada vez se va conociendo más sobre los factores biológicos y genéticos que contribuyen a la conducta suicida. Es posible que dentro de poco se dé con marcadores biológicos que faciliten detectar a los que están más a riesgo.

Una vez detectadas las personas a riesgo el siguiente paso es la intervención. Toda persona con riesgo suicida debe ser referido con un profesional de la salud mental. Eso no quiere decir que sean los únicos que deben tomar acción. La familia y los amigos también pueden jugar un papel importante. Las armas de fuego deben ser proscritas para el potencial suicida y su vivienda debe de estar libre de éstas. Los hombres tienden a cometer suicidio por medios más violentos como con armas de fuego. En las mujeres las formas más comunes son la ingesta de venenos y sobredosis de medicamentos.

En la mayoría de casos las personas que comenten suicidio han manifestado esta intención tanto abierta como sutilmente. Y muchos han estado en contacto con médico en las semanas previas al acto.

Los días inmediatos después del alta de una institución psiquiátrica son los de mayor riesgo. Conductas como regalar bienes con alto valor sentimental o económico deben llevar a mayor vigilancia. Los profesionales deben preguntar abierta y claramente sobre intenciones suicidas y no temer que el preguntar puede sembrar la ideas en las personas.

Septiembre es el Mes de la Prevención del Suicidio, treinta días en que los profesionales debemos revisar nuestras prácticas y los nuevos conocimientos, y compartirlos con todos.

Médico Psiquiatra.

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