Los 4 deslaves más letales que marcaron la historia de El Salvador
Montebello, Las Colinas, Verapaz y Nejapa forman parte de los deslaves más mortales en la historia de El Salvador, con cientos de víctimas y comunidades devastadas.
La historia de El Salvador guarda episodios marcados por deslaves que, en cuestión de minutos, sepultaron viviendas, transformaron comunidades y dejaron cientos de víctimas. Montebello en 1982, Las Colinas en 2001, Verapaz en 2009 y Nejapa en 2020 forman parte de los desastres más letales que ha enfrentado el país por terremotos o lluvias intensas.
Cada tragedia ocurrió bajo circunstancias distintas, pero todas mostraron la vulnerabilidad de poblaciones ubicadas cerca de laderas, volcanes y quebradas. Las imágenes de casas cubiertas por toneladas de tierra, socorristas excavando y familias buscando a sus seres queridos siguen formando parte de la memoria colectiva.
Montebello, una tragedia que bajó desde El Picacho
El 19 de septiembre de 1982, después de varios días de lluvia, un enorme flujo de lodo descendió desde El Picacho, en el volcán de San Salvador, y golpeó comunidades del sector de Montebello, al norte de la capital.

El alud movilizó unos 300,000 metros cúbicos de tierra y recorrió la quebrada El Níspero, destruyendo viviendas a lo largo de aproximadamente 3.5 kilómetros. Los registros históricos sitúan en alrededor de 500 el número de fallecidos y en unas 2,000 las personas damnificadas.
Una imagen quedó vinculada para siempre con aquella tragedia: la llamada “casa rosada”, una vivienda que permaneció en pie mientras las construcciones de su entorno fueron arrasadas. El inmueble terminó convertido en una referencia física de uno de los peores desastres ocurridos en San Salvador.
Las Colinas, la montaña que cayó durante el terremoto de 2001
Casi dos décadas después, El Salvador volvió a presenciar un deslave de enormes proporciones.
El terremoto del 13 de enero de 2001, de magnitud 7.6, provocó el desprendimiento de una parte de la Cordillera del Bálsamo sobre la colonia Las Colinas, en Santa Tecla. El movimiento telúrico duró unos 45 segundos, pero el deslizamiento cambió por completo ese sector de la ciudad.

La tierra descendió sobre la zona residencial y dejó numerosas viviendas bajo una capa que alcanzó alrededor de 12 metros en algunos puntos. Unas 500 personas murieron y cientos quedaron soterradas; registros posteriores señalan que cerca de 200 viviendas fueron destruidas.
Vecinos, voluntarios, socorristas y cuerpos de seguridad trabajaron durante días para localizar víctimas. Fotografías de la época muestran a cientos de personas excavando entre la tierra mientras se intentaba encontrar a desaparecidos.
Las Colinas se convirtió desde entonces en uno de los símbolos más dolorosos de los terremotos de 2001 y en una referencia recurrente cuando se habla de zonas susceptibles a deslizamientos.
Verapaz, una madrugada bajo lodo y enormes rocas
La madrugada del 8 de noviembre de 2009, Verapaz, en San Vicente, fue alcanzado por un flujo de lodo, piedras, árboles y escombros que descendió desde las faldas del volcán Chinchontepec.
Las lluvias asociadas al paso de Ida saturaron el terreno después de varias horas de precipitaciones intensas. El material bajó hacia zonas habitadas y destruyó más de un centenar de viviendas, además de cubrir calles y buena parte del casco urbano.

La magnitud del desastre quedó reflejada en imágenes de enormes rocas dentro de áreas residenciales, vehículos arrastrados por la corriente y familias caminando entre capas de lodo.
Las lluvias de noviembre de 2009 dejaron alrededor de 200 fallecidos en distintos puntos del país, mientras Verapaz estuvo entre las comunidades más golpeadas, con decenas de víctimas mortales.
Nejapa, la tragedia más reciente de este recuento
La noche del 29 de octubre de 2020, intensas lluvias saturaron el suelo en las laderas del volcán de San Salvador. Cerca de las 11:40 p. m., un flujo de lodo, piedras y árboles comenzó a descender por la quebrada El Conacaste hasta alcanzar las comunidades Los Angelitos I y II, en Nejapa.
El alud recorrió aproximadamente cuatro kilómetros y arrasó viviendas a su paso. Solo entre las 9:00 p. m. y la medianoche se habían acumulado 135.6 milímetros de lluvia en la zona, según los registros citados en reportes de aquella emergencia.

Inicialmente se reportaron nueve fallecidos. Días después, la muerte de un joven que permanecía hospitalizado elevó a diez el número de víctimas mortales. El deslave también afectó decenas de viviendas y obligó a prolongar durante varios días las labores de búsqueda y remoción de escombros.
Montebello, Las Colinas, Verapaz y Nejapa ocurrieron en décadas diferentes, pero dejaron una misma lección: los deslaves pueden adquirir una fuerza devastadora cuando coinciden pendientes pronunciadas, suelos saturados, lluvias intensas o movimientos sísmicos.
También permanecen como parte de la memoria de miles de salvadoreños que sobrevivieron, perdieron familiares o vieron desaparecer sus comunidades en pocos minutos.
Con información de El Diario de Hoy.
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